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Tercera época - Nº 327. ISSN: 2530-7169. Lugar de edición: España. Entidad responsable. conCiencia Cultural

Un estudio de más de 20 años llevado a cabo por el Museo Nacional de Ciencias Naturales y la Universidad Complutense de Madrid indica que los tendidos eléctricos tienen un alto impacto negativo en la migración de especies como la avutarda (Otis tarda).

Una investigación publicada en la revista Science por un equipo dirigido por Chris Darimont, profesor de Geografía en la Universidad de Victoria (Canadá), presenta una nueva visión detrás de las extinciones de fauna generalizadas.

En un rincón de Siberia, los científicos están tratando de reconstruir un ecosistema que se había perdido muchos miles de años atrás mediante la introducción de bisontes, bueyes almizcleros, alces, caballos y renos, un lugar que llaman Parque del Pleistoceno. Estos esfuerzos para ‘asilvestrar’ el paisaje son cada vez más populares en diversas partes del mundo.

La orugueta del almendro (Aglaope infausta), como saben los agricultores, es una plaga del follaje y de los frutos jóvenes. Puede decirse, por tanto, que estamos ante una de esas criaturas cuya presencia no suele ser bien recibida. Sin embargo, lo que hoy me interesa destacar sobre este lepidóptero no es tanto su voracidad como su inesperada relación con el cambio climático.

Al repasar la biografía de Mao, se queda uno estupefacto ante la magnitud de sus crímenes. Sin duda, el régimen maoísta es culpable de escribir páginas sangrientas con la disculpa de implementar un paraíso en la tierra. Uno de esos episodios, menos divulgado que las purgas, las torturas o los campos de internamiento que padecieron miles de compatriotas, tiene que ver con el odio de Mao hacia un ave, el gorrión, contra la que declaró una guerra cuyas consecuencias aún pesan en la actualidad.

Para evitar susceptibilidades y malentendidos, haré una advertencia previa. A lo largo de las siguientes líneas, les hablaré de un grave problema que tiene un clara solución. Obviamente, el pádel es un deporte saludable, contra el que no cabe crítica alguna, y por eso mismo, creo que los aficionados a él son los que deben concienciarse en primer término del peligro que ahora explicaré.

Para quien no lo sepa, vivimos en el Período Cuaternario o Neozoico, que ha comprendido dos épocas: primero, el Pleistoceno, y después, el Holoceno. Desde hace unos años, hay científicos que afirman que el Holoceno es cosa del pasado y que hemos entrado en una época nueva: el Antropoceno, que se caracterizaría por el impacto del ser humano en la biosfera, análogo al de cualquier fuerza geológica que haya podido conocer la Tierra en sus 4.500 millones de años de existencia.

A comienzos de 2015, cual Anno Salutis Humanae, los humanos terrícolas suspendieron la búsqueda de petróleo en las Islas Canarias. No fue porque la presión popular se incrementase en virtud de principios superiores al ‒como dicen en lengua vulgar‒ ándeme yo caliente, o porque algún tipo de bendición ultraterrena dibujase auras filoecológicas en plan Francisco de Asís entre los líderes comunales y profesionales de la cosa. Sencillamente, y de acuerdo con las formas de pensar a las que a esta especie de humanos suele limitar su poco trajinado sistema nervioso, no encontraron negocio.

Tomábamos una copa en una terraza después de la paella y la sobremesa. Estamos hablando del barrio de Hortaleza. Y de repente ahí, a la mesa, a la caza de las migajas de las patatas fritas acudieron los gorriones. Los gorriones, esos pajaritos tan tímidos; al menos si se les compara con otros como las palomas, bien calificadas como «ratas con alas». Y es que los pobres gorriones están pasando mucha hambre en algunas zonas de Madrid. La culpa la tiene una especie de aves importadas: las cotorras argentinas.

Por muchas razones, las reservas de la biosfera merecen una atención especial. Son uno de los dos sistemas (el otro sería los sitios del patrimonio de la humanidad) que se basan en una red internacional de áreas protegidas, red coordinada por la UNESCO, pero en la que intervienen programas regionales, como en el caso de CYTED para Iberoamérica.