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Tercera época - Nº 327. ISSN: 2530-7169. Lugar de edición: Madrid, España. Entidad responsable. conCiencia Cultural

No fue tanto un prodigio de la naturaleza como un agente de su venganza. En 1820, en el apogeo de la industria ballenera, un cachalote pálido se presentó ante sus cazadores como un leviatán que liberase la ira de su estirpe. Aquel fue un monstruo marino que pronto se transformó en mito literario.

"Many are the men, small and great, old and new, landsmen and seamen, who have at large or in little, written of the whale" (Herman Melville)

Lectura en un barco ballenero

Abro un viejo ejemplar de Moby Dick que leí hace mucho. Las palabras que vivían en la superficie de las páginas se han hundido en el papel, que ha adquirido una consistencia mineral, de grava a la intemperie.

Cada año el cachalote (Physeter macrocephalus), un mamífero marino que puede medir hasta más de 20 metros de longitud, visita las aguas españolas aunque permanece en sus profundidades. Su gran tamaño –es el animal con el mayor cerebro- y sus dientes le otorgaron en siglos pasados una mala fama de la que no es merecedor. Cazado y perseguido por el ser humano hasta los años ’70, sus poblaciones son ahora vulnerables y claman su conservación.

Bartleby, el escribiente es una de las narraciones más extrañas de la historia de la literatura, y su protagonista uno de los más excéntricos especímenes de la raza humana, cuyo lúcido e implacable nihilismo recuerda las teorías chinas acerca de la conducta ideal del emperador y del hombre santo.

Bartleby, el escribiente es una de las narraciones más extrañas de la historia de la literatura, y su protagonista uno de los más excéntricos especímenes de la raza humana, cuyo lúcido e implacable nihilismo recuerda las teorías chinas acerca de la conducta ideal del emperador y del hombre santo.

"Las encantadas", de Herman Melville

Herman Melville (1819-1891) no había cumplido aún los veinte años cuando su espíritu aventurero lo llevó a embarcarse rumbo a las islas del Pacífico Sur.

¡Las Marquesas! ¡Qué extrañas visiones de cosas exóticas evoca este mismo nombre!