Aunque el talento estético y narrativo de ese gran director llamado Ridley Scott se adapte a todo tipo de tramas, es evidente que le gusta la ciencia-ficción. Ya demostró ese interés en 1979, filmando a un carismático depredador extraterrestre a través de un carguero espacial. Lo hizo en la formidable Alien: el octavo pasajero, y muchos aún no nos hemos repuesto de la impresión.

Aunque su ambientación postapocalíptica sugiera lo contrario, 1997: Rescate en Nueva York (Escape from New York, 1981), de John Carpenter, es una cinta repleta de referencias clásicas.