graciasportadadefesq

Gustav Meyrink, hermético

Pues resulta que el viernes se me ocurrió mirar lo que tenía en una bolsa que, arrumbada detrás de una puerta, me traje, hace años, de casa de Carlos Gilly. Cuando Carlos vivía en Mora, Mora de Toledo, acostumbrábamos a pasar no pocos domingos en su compañía. Salíamos pronto de Madrid y llegábamos para desayunar, en aquella cocina maravillosa, con vistas al pequeño jardín interior.

"El Golem", de Gustav Meyrink

Desde su publicación en 1915 no ha habido una generación de lectores que no se haya visto cautivada por esta enigmática obra literaria.