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A los seguidores de Agatha Christie no siempre les importa la calidad literaria. Esto es así, aunque sorprenda a algunos. Más de un admirador de la vieja dama del crimen usa los relatos de Christie como un ejercicio intuitivo. Como una partida de ajedrez, si lo prefieren. No es tanto cuestión de asombrarse ante el retrato de personajes y el ritmo narrativo ‒dos virtudes de doña Agatha‒ como de disfrutar ante un engranaje diseñado con primor.



Inicialmente publicada en 2001, la autobiografía de Toby Young, Nueva York para principiantes, muestra el traslado de Young de Londres a Nueva York para convertirse en editor colaborador en la muy prestigiosa Vanity Fair.