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Los recuerdos de Chesterton

Pocos hombres son capaces, como Chesterton, de ensalzar la infancia como la única época verdaderamente verdadera y felizmente feliz de su vida, hasta el punto de ponerla como ejemplo de la conducta humana.

Hacer algo o nada

Una cita de Samuel Johnson, al que se consideraba hace no mucho el autor más citado del mundo (quizá solo por detrás de Shakespeare):  “El que aguarda para hacer mucho de una sola vez, nunca hará nada”.

Marina Pino me preguntó si soy aficionado a los grandes ingleses paradójicos como Chesterton. En mi respuesta me hice un pequeño lío con los nombres de Celso y Orígenes, que se solucionó gracias a la ayuda de Marcos Méndez Filesi. Lo aclaro aquí: Celso escribió hacia el siglo II un ataque a los cristianos, el Discurso verdadero. Uno de los Padres Griegos de la Iglesia, Orígenes, quiso refutarlo en Contra Celso. Lo citó tanto, que garantizó a la posteridad la supervivencia del libro de Celso en el interior del suyo.

Chesterton contra Einstein

Cuando Einstein, que era ateo, o al menos agnóstico, conoció ciertas conclusiones de la física cuántica, dijo que él no podía creer que Dios jugase a los dados. No podía aceptar un universo azaroso.

He aprendido de Jesucristo que hay que intentar acercarse a los demás y dejar que los demás se acerquen: “Quien no está contra mí está conmigo”, en vez de apartarlos y crearse enemigos, como dice el propio Jesucristo al invertir la frase: “Quien no está conmigo está contra mí”.

Mentiras y verdades peligrosas

Un aforismo de Lichtenberg que me recuerda uno de mis favoritos de Chesterton:

Uno de los entretenimientos narrativos de más éxito en el siglo 21 son los Juegos de Realidad Alternativa.

La editorial Espuela de Plata, sabiamente regida por Abelardo Linares, publica un volumen de enorme interés para los seguidores de Chesterton, en el que se reúnen dos textos del escritor inglés, La superstición del divorcio (1920) y Divorcio vs. Democracia (1916).

Fuerza y debilidad de Chesterton

En los ensayos incluidos en Herejes, Chesterton va de una imagen a otra, de una paradoja a la siguiente como el sabio Nagasena de Las preguntas de Milinda va de una comparación a otra, o como Ramón Gómez de la Serna va de una idea ingeniosa a la siguiente. Pero, al contrario que Ramón, Chesterton no se pierde entre tantas luces y no se emborracha entre tantas copas de vino delicioso. Y esto lo logra en gran parte porque siempre sabe a dónde se dirige.

En soberbia traducción de Abelardo Linares, sale de imprenta este libro de Chesterton, el último que el viejo león llegó a corregir antes de abandonar este ruidoso mundo. Los ensayos y artículos que en él se reúnen llevan la divisa del escritor inglés: reflexiones cargadas de una energía casi subversiva, anécdotas inesperadas, análisis que parece imposible escribir con mayor propiedad, y a modo de colofón, la denuncia de tópicos y simplezas que debieran ser definitivamente erradicados.