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"El arte del asesinato", de G.K. Chesterton

Basil Grant, Horne Fisher, Gabriel Gale, Mr. Pond, el padre Brown... una verdadera galería de personajes excéntricos, diversamente locos, pero alumbrados por la llama del genio, todos ellos dados al sutil arte de resolver asesinatos o misterios aparentemente sin solución.

Robert Louis Stevenson (1850–1894), el gran escritor escocés, es conocido universalmente por sus obras de ficción, y sin embargo cultivó con igual acierto la poesía, el ensayo y la narración de viajes.

"El hombre que era Jueves", de G.K. Chesterton

Maestro de la paradoja y de la argumentación, dotado de un finísimo sentido del humor, G. K. Chesterton (1874-1936) cultivó los más diversos géneros y renovó el relato policiaco con la creación del personaje del Padre Brown, el sacerdote convertido en detective que resuelve con ingenio e imaginación los más difíciles enigmas.

La literatura es una abstracción del universo y de los hechos que en éste alcanzamos a intuir. Por ello, la lectura se gradúa como un oficio y también como un proceso metamórfico, pues el lector debe descifrar lo escrito por otro, admitir su equilibrio y, una vez aceptado que la literatura tiene esa consistencia de lo real, darle altura y alcance –esto es, impulso ilusorio– a lo leído.

En 1904, H.G. Wells era ya un escritor muy conocido, pero su obra era más apreciada por el lector ordinario que por sus intelectuales colegas. Y las críticas que recibía no tenían solamente que ver con su estilo un tanto desnudo y frío, desprovisto de cualquier pretensión estética, sino por el anti–humanismo que aquéllos percibían en su defensa del Mecanicismo.

Uno de los asuntos que más ha interesado a los holmesianos y que ha dado origen a interminables polémicas, es el de la relación entre Sherlock Holmes y el mundo paranormal. A partir de una interesante pregunta de Lola Larumbe, hablamos de este tema Carlos García Gual, Pedro Angosto y yo mismo en la librería Rafael Alberti, durante la presentación de No tan elemental.

"Impresiones de Irlanda", de G.K. Chesterton

Ejercicio de agudeza lectora. Adivine cuál de estas dos virtudes corresponde a Impresiones de Irlanda: la corpulencia literaria e intelectual o ese ingenio que se expresa mediante chispeantes paradojas.

Los recuerdos de Chesterton

Pocos hombres son capaces, como Chesterton, de ensalzar la infancia como la única época verdaderamente verdadera y felizmente feliz de su vida, hasta el punto de ponerla como ejemplo de la conducta humana.

Hacer algo o nada

Una cita de Samuel Johnson, al que se consideraba hace no mucho el autor más citado del mundo (quizá solo por detrás de Shakespeare):  “El que aguarda para hacer mucho de una sola vez, nunca hará nada”.

Marina Pino me preguntó si soy aficionado a los grandes ingleses paradójicos como Chesterton. En mi respuesta me hice un pequeño lío con los nombres de Celso y Orígenes, que se solucionó gracias a la ayuda de Marcos Méndez Filesi. Lo aclaro aquí: Celso escribió hacia el siglo II un ataque a los cristianos, el Discurso verdadero. Uno de los Padres Griegos de la Iglesia, Orígenes, quiso refutarlo en Contra Celso. Lo citó tanto, que garantizó a la posteridad la supervivencia del libro de Celso en el interior del suyo.