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En 1920, tras algunos de sus mayores éxitos, Franz Lehár decidió aceptar un libreto de Leo Stein y Béla Jenbach. El asunto era polaco y, al mismo tiempo, Lehár estaba componiendo La levita amarilla, de tema chinesco, que no obtuvo especial repercusión y que, años más tarde, como El país de las sonrisas (1929), Richard Tauber llevaría al triunfo.