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Bellos y malditos

Un gusto especial propone la lectura de Pietro Citati: el arte de pensar, el pensamiento como arte, la calidad esencial del ensayista. La ha revalidado en la reciente traducción hecha por Teresa Clavel del libro sobre Zelda y Scott Fitzgerald La muerte de la mariposa (Gatopardo, Barcelona, 2017).

El último magnate es el canto del cisne de Francis Scott Fitzgerald. Comenzó a escribirlo en septiembre de 1939 y lo hizo como una manera de sentirse vivo después de una serie de desgracias familiares, personales y económicas que lo habían estado zarandeando durante los últimos tiempos. No hubo suerte, sin embargo.

La mayoría de tumores presentan inestabilidad genómica debida a ganancias y pérdidas de genes, rotura de cromosomas, mutaciones, etc. A pesar de que estas alteraciones son necesariamente letales para las células normales, no lo son para las cancerosas, que olvidan las propiedades del tejido del que se originaron. Como el personaje creado por Scott Fitzgerald, que en lugar de envejecer, rejuvenece a costa de perder la memoria.

Con esta nueva película, Baz Luhrmann vuelve a confirmar que la suya es una de esas personalidades ancladas en un estilo del que nadie logrará sacarlas. Convirtiendo la obra maestra de Francis Scott Fitzgerald en estímulo creativo, el realizador australiano traduce el original literario en un caleidoscopio visual que más bien parece una mezcla de anuncios de Chanel, Martini y Moët Chandon, con efusiones que no desentonarían en un reportaje de Vogue o en un videoclip de Beyoncé o Christina Aguilera.

El relato titulado La extraña historia de Benjamin Button (The Curious Case of Benjamin Button) es la recompensa que obtiene el aficionado a la buena literatura tras incorporarse a la cofradía de admiradores que tiene su autor, Francis Scott Fitzgerald.