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El músico, ese perseguidor

¿Es la música un lenguaje? Si lo es, la relación con la escritura está servida. Mejor dicho: cantada. Los especialistas ya han desbrozado el tema. La música, como el lenguaje verbal, posee sintaxis, gramática y, de aquella manera, también semántica. Si admitimos que el discurso musical, muy esquematizado, tiene un elemento horizontal o melódico y un elemento vertical o armónico, podemos adjudicar al primero una índole sintáctica y al segundo, otra gramatical.

Casas ocupadas

En una ciudad tan activa como la Ciudad de México, cada manzana ostenta cuando menos una propiedad en venta. Las agencias de bienes raíces han proliferado, y sus anuncios, aunque diversos en diseño, comparten casi todos una torpeza lingüística: "Se vende previa cita".

El caso Felisberto

El 13 de enero de 1964 murió Felisberto Hernández, escritor y músico uruguayo nacido en 1902. Puede corregirse la serie y decir: músico y escritor. En efecto, lo que Felisberto hizo con mayor frecuencia fue tocar el piano, primero en las salas de cine mudo, luego en conciertos de teatros y estudios de radio. Además, dejó una noveleta sobre su maestro Clemente Colling y una serie de esbozos de cuentos, textos inconclusos y apuntes que se han publicado bajo diversos títulos. Los más reconocibles son Nadie encendía las lámparas y Las hortensias.



En el rico depósito de la memoria descubre Felisberto los materiales de un nuevo relato, El caballo perdido (1943), donde engrana sucesos de su infancia con intuiciones propias de un narrador sutil, que a la hora de entrever el pasado decide bajar a las regiones más profundas de la psique.

Si bien es cierto que, amparado por Jules Supervielle, nuestro escritor tenía forzosamente que cultivar amistades de importancia —citemos a Roger Caillois y a Susana Soca—, esta etapa no sólo debe identificarse con los múltiples homenajes o con el romance que inició junto a la española María Luisa Las Heras. Es, además, un periodo de creación frucífera, durante el cual engendró una de sus obras más famosas, Las hortensias, cuya primera publicidad debemos a la revista uruguaya Escritura (1949).

Con todo, antes de ilustrar con algún otro detalle esa valoración tan apresurada, conviene que nos atengamos a nuestro aserto inicial y revisemos alguna que otra ficha en la biblioteca hernandiana. El fin de la pesquisa no es otro que comprobar la errátil y generosa circulación de uno de los cuentos más representativos del creador uruguayo.

El 23 de junio de 1944 pudieron los lectores disfrutar de algunos de sus fragmentos en las páginas de El Plata. Tres meses después, hicieron lo propio quienes compraron los Papeles de Buenos Aires, y ya en diciembre, una parte del mismo relato ocupó las planchas de Contrapunto. Quienes deseaban gozar de la pieza en su totalidad debieron esperar dos décadas, pues Tierras de la memoria fue editada póstumamente, en la primera tirada de las Obras Completas de Felisberto Hernández, que Arca comercializó en 1965. En México, la colectánea de su producción salió a la venta en 1983, con el sello de Siglo XXI. Bajo el epígrafe de Tierras de la memoria, dicha edición incluía el relato homónimo más «El cocodrilo», «Lucrecia» y «La casa nueva».

La hemerografía del ciclo revela que sus escritos principales ocuparon la página 3 de los números 64 (27 de abril de 1929), 66 (3 de mayo de 1929) y 67 (7 de mayo del mismo año). Al recurrir a tan humilde fórmula editorial, este Libro sin tapas pertenece a una colección de folletos que apareció en tipografías de caja, y de la cual forman parte Fulano de tal (1925), La cara de Ana (1930) y La envenenada (1931).

Respaldando esa decisión, Rama participó en una mesa redonda sobre esta pieza hernandiana, y lo hizo en compañía de José Pedro Díaz, Lucien Mercier y G. Castillo.



El uruguayo Felisberto Hernández «fue uno de los más importantes escritores de su país», escribe Juan Carlos Onetti en un artículo que, leído en su fecha, resultó muy revelador. Cosa curiosa, al elogio de Onetti se añadía una constatación, esta vez relativa al general desconocimiento que de la obra y la biografía de Felisberto Hernández mostraban los lectores españoles del momento.