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“Mientras permanecimos en esta región superior no comimos otra cosa que carne de tortuga; el asado con su caparazón, como la carne con cuero de los gauchos, resultaba un bocado sabrosísimo, y las tortugas jóvenes nos servían para hacer una excelente sopa. Sin embargo, debo decir que no me cuento entre los grandes aficionados a este manjar.”

En un futuro postapocalíptico, ¿qué pasaría con la vida si los humanos desapareciéramos? Al fin y al cabo, es probable que la especie humana se extinga mucho antes de que el sol se convierta en una gigantesca bola roja y acabe con todos los seres vivos sobre la faz de la Tierra.

Sin duda usted ha oído hablar de la vaquita marina. Es uno de los mamíferos marinos más carismáticos, al menos para los mexicanos, pues es endémico de nuestro país (es decir, no se halla en ningún otro sitio en el mundo).

El siete de septiembre de 1936 se truncó una rama del árbol de la vida que ahora sólo puede verse en los museos. El tilacino (Thylacinus cynocephalus) era el último superviviente de una familia antigua y muy diversa de mamíferos marsupiales y un excelente ejemplo de evolución convergente. El Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) exhibe un bello ejemplar procedente de una tienda británica que forma parte de la historia de la taxidermia.

En marzo de 2018 murió Sudán, el último rinoceronte blanco del norte macho. Es una de las cinco especies de rinocerontes que hay en el mundo, y con la muerte del último macho, podemos darla oficialmente por extinta. Quedan con vida aun dos hembras, una hija y una nieta de Sudán, y se espera que utilizando técnicas de fecundación in vitro haya una posibilidad, aunque sea pequeña, de recuperar algún día la especie.

El rinoceronte de Sumatra (Dicerorhinus sumatrensis) es un animal en peligro crítico de extinción, cuya población se ha reducido de forma drástica hasta habitar tan solo cuatro áreas en Indonesia.

El esqueleto de megaterio que hoy podemos admirar en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid es, sin ninguna duda, uno de sus tesoros más valiosos. Descubierto en 1787 en la por entonces América española, este gigante iba a tener un papel protagonista en la aventura de comprender la historia de la vida sobre el planeta.

Hay certezas que se publican con una intención pero que acaban consiguiendo el objetivo contrario. Pensemos en el evidente declive de la biodiversidad y en el impacto que sobre ella tiene la irresponsabilidad humana. Lo razonable sería aunar esfuerzos ‒sin fisura alguna‒ para evitar ese naufragio global. Y sin embargo..., bueno, creo que ya adivinan a qué me refiero.

Para sorpresa de todos los amantes de las aves, el hallazgo fue revelado en 2016 por el ornitólogo Rafael Bessa durante el Festival Brasileño de Birdwatching, e implicó la creación de un plan de conservación tanto para la especie como para su hábitat: el Cerrado brasileño. Los investigadores cuentan con la existencia de una población mínima de una docena de ejemplares.

En una cueva de Barcelona descansaban los restos más antiguos de un ejemplar de lince ibérico que habitó hace 1,6 millones de años. El hallazgo no solo permite arrojar luz sobre los orígenes de uno de los felinos más amenazados del mundo, sino que adelanta en medio millón de años la aparición de esta especie en la península ibérica.