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Cómic fundamental en la ciencia-ficción festiva europea, Valérian y Laureline, obra del dibujante Jean-Claude Mézières y el guionista Pierre Christin, comenzó a publicarse a finales de los 60 e influyó en buena medida en la space-opera posterior, incluyendo La guerra de la galaxias (George Lucas, 1977) y El quinto elemento (1997).

Qué tiempos estos, en los que parece que el remake es un invento de hace dos días. En realidad, no es que se rueden más remakes, ni mucho menos. Simplemente, somos conscientes de ello gracias a la disponibilidad de todo el cine anterior y de la perspectiva inagotable que nos brinda internet.

El boom de Amenábar me tocó en plena juventud, cuando estudiaba Comunicación Audiovisual con sueños absurdos de cineasta, como tantos otros. Justo en aquellos momentos, surgió de la nada este joven talento, que además triunfaba con películas de género. Vamos, el sueño de cualquier chaval aficionado al celuloide (por entonces, existía el celuloide). Con esto quiero decir que sufrí en primera persona ese fenómeno de los 90 que se podría denominar La Tabarra con Amenábar.

El problema de escribir sobre una película de bajo presupuesto es que la humildad de la producción suele acentuar nuestra simpatía. Mis titubeos a la hora de valorar The Purge. La Noche de las Bestias imagino que obedecen a esa tensión entre lo poco que me agrada la película y el cariño que me inspira cualquier producto de serie B.



James DeMonaco, un admirador de John Carpenter, nos dice: “Desde niño me gustan las películas que transcurren en un solo sitio. Me encantan las películas de asedio. Fue la segunda película que alquilé en vídeo y me gustó mucho. Tenía 13 años, acabábamos de comprar nuestro primer vídeo. Me fui al videoclub y alquilé Fort Apache, The Bronx y Asalto a la comisaría del distrito 13”.