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Un elevado tanto por ciento de esa perfección que atribuimos a los paisajes naturales se expresa por medio del arte, y lo mismo ocurre en sentido contrario: cuando un artista evoca la naturaleza, parte de su éxito se debe al prestigio milenario que ésta tiene en la imaginación humana.

La homogeneización de los árboles que se plantan provoca que los ecosistemas forestales no desarrollen todas sus funciones. Un equipo de científicos del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid trabajó en 206 fragmentos de diferentes bosques en 16 ecosistemas europeos para demostrar la importancia de conservar el paisaje y la biodiversidad de los bosques.

En España, donde todas las culturas ibéricas han crecido a orillas de algún río, es urgente salvar lo poco que queda de bueno en las cuencas, castigadas durante décadas por la contaminación, las especies invasoras y las alteraciones hidrográficas. Nuevas figuras como las reservas naturales fluviales surgen para luchar por la preservación de los escasos ríos vírgenes que aún resisten.

Un estudio de 2016 propone el uso de nuevos índices ecológicos para solucionar uno de los mayores retos a los que se enfrenta la sociedad: analizar cómo las actividades humanas afectan a la salud de la naturaleza y de qué manera la degradación de los ecosistemas podría modificar la cantidad de recursos y servicios que recibimos. Los investigadores proponen incorporar indicadores basados en el funcionamiento del ecosistema para evaluar la salud de los ríos y mejorar así su conservación.

Perros, halcones o cormoranes son algunos de los animales que los seres humanos entrenan para prestar algún servicio. Pero no son los únicos que lo hacen incluso sin adiestramiento y en estado salvaje. Un equipo de científicos confirmó un excepcional caso de mutualismo y reveló que en los bosques de Mozambique un pequeño pájaro responde a las llamadas de los habitantes de la tribu Yao y los guía en busca de miel y cera de abeja en beneficio de ambas especies.

Es una de las zonas más secas del planeta, con una precipitación pluvial de apenas 18 mm al año. Sin embargo, no por ello está exenta de vida.

Había una vez un bosque... Un bosque antiguo y magnífico que ha acompañado a la Ciudad de México como parte fundamental de su memoria. Un bosque del que casi todos guardamos algún recuerdo, y donde muchos han vivido una aventura. Este augusto espacio, que funciona también como gran pulmón en mitad de la metrópoli, fue abandonado a su suerte durante muchos años, hasta que un grupo de personas se propuso devolverle la grandeza que le corresponde.

¿Os habéis planteado alguna vez la importancia de las áreas protegidas para nuestra salud? Todos sabemos que el principal objetivo de las áreas protegidas es la conservación de la naturaleza. Todos estaremos de acuerdo en que son herramientas fundamentales para conservar especies, ecosistemas y procesos naturales frente a las amenazas derivadas de la transformación del territorio para otros usos también de interés humano (carreteras, aeropuertos, ciudades, embalses, etcétera).

No hay nada en el mundo como un bosque primario, el que no ha sido nunca talado o deforestado industrialmente por los humanos. Las características comunes de estos bosques comprenden árboles antiguos, importante cantidad de madera muerta, alta biodiversidad —incluidas muchas especies que no se encuentran en otros lugares— y poco sotobosque debido a la sombra del dosel.

Los “bosques primarios”, aquellos que se han desarrollado sin perturbaciones antropogénicas, y que cubrieron un 80% de la superficie de Europa al final de la última glaciación, son hoy extremadamente escasos.