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Viajes a la ausencia

El periodista francés Rolin decidió, en 1999, ocuparse de cinco escritores nacidos cien años antes y que, por decisión de la Historia o el azar él consideraba definitorios del siglo XX: Ernest Hemingway, Vladimir Nabokov, Jorge Luis Borges, Henri Michaux y Yasunari Kawabata.

Todo el talento de la Warner se puso en acción, en ese año de 1944, para orquestar una sinfonía con todos sus aditamentos y la mejor melodía. Que no falte de nada, pensaron los sesudos warnerianos (no confundir con alemanes melómanos).

"Cerca de la cumbre occidental se encuentra el cuerpo seco y congelado de leopardo. Nadie ha podido explicar lo que buscaba el leopardo a esa altitud" (Ernest Hemingway)

El fantasma de Ernest Hemingway se aparece al autor de esta novela para contarle su vida y, sobre todo, para confesar, en un ejercicio inconmensurable de sinceridad, la razón de algunas acciones de máximo heroísmo y de las que nunca se ha sentido orgulloso.

John Hemingway es hijo de Gregory y nieto de Ernest Hemingway. La relación entre padre e hijo nunca fue sencilla ya que Greg era un maníaco-depresivo al que le encantaba transvertirse llegando, incluso, a operarse para cambiar de sexo. John le culparía del suicidio de su abuelo, sin tener en cuenta su alcoholismo, sus problemas de salud o su propio trauma familiar. Junto a la esquizofrenia de su madre, el caos familiar afectó a aquel niño que ahora, ya adulto, analiza detalladamente qué llevó a su entorno a esos derroteros de genio, locura y drama.

La opinión más corriente en el mundo literario es la de que Hemingway, pese a contar en su bibliografía con excelentes cuentos y reportajes novelescos, nunca fue un literato.