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Tercera época - Nº 327. ISSN: 2530-7169. Lugar de edición: España. Entidad responsable. conCiencia Cultural

Genio es una palabra bastante rotunda. Los lectores con experiencia procuran usarla con mesura, y siempre tras el proceso científico que lleva a confirmar la calidad de este o aquel autor con una atenta relectura de su obra. ¿Un ejemplo? Pongamos que usted necesita reafirmarse en la idea de que Jardiel Poncela es un escritor genial en el teatro, en la novela y en la narrativa breve. O sea, en casi todo.

El humor no puede ser un mero ejercicio literario. Ha de prosperar desde un ingenio natural que, dependiendo de quien sostenga la pluma, siempre está llegando o no acaba de llegar nunca. En el caso de Jardiel Poncela, esa gracia innata fue, además, la puerta de entrada de su genialidad.

La arquitectura desde la cama

Xavier de Maistre nos habla, en su Viaje alrededor de mi habitación (1794), de los placeres de viajar sin moverse del sillón. Si el sillón no satisface plenamente nuestra holgazanería, siempre podemos recurrir a la cama. Desde la suya viaja incesante e imaginariamente en tren Edgardo, uno de los personajes de Eloísa está debajo de un almendro, de Enrique Jardiel Poncela. Es, también, lo que hace el pequeño Nemo a través de sus sueños.

Ya no quedan. Los genios cada vez escasean más. Y Antonio Mingote, que acaba de írsenos, era uno de ellos. Un genio con mayúscula, de un arte e inteligencia que resumen lo que fue la otra Generación del 27: la de Edgar Neville, Jardiel, Mihura, Tono y otros autores admirables.

Fantasmas, una judería subterránea, jorobados siniestros, control mental basado en la hipnosis, falsificación de moneda, una hermosa mujer amenazada... son algunos de los ingredientes presentes en esta obra dirigida por Edgar Neville (1899-1967) –un gato de pura cepa, a pesar de su nombre extranjero– y ambientada en un Madrid de finales del siglo XIX que destila genuino encanto kitsch. Un filme a redescubrir que brilla con potencia inusitada dentro del alicaído panorama del cine español de la posguerra.


Ahora que el cine español, por motivos sobradamente conocidos, no pasa por sus mejores momentos, es un buen momento para recordar las obras maestras que produjo nuestra cinematografía durante las décadas de los cuarenta y los cincuenta. Entre esas maravillosas películas, destaca La torre de los siete jorobados, dirigida por Edgar Neville, con guión de José Santugini, basada en la novela homónima del escritor bohemio Emilio Carrere.

El subtítulo de este libro, Un humorista español en Hollywood, resume lo mucho que el lector puede encontrar en él: un panorama de la Meca del Cine y de otras capitales norteamericanas, enriquecido con anécdotas, sofisticadas ocurrencias y aforismos de lo más atrevido.

Ya lo dijo en 1928 el propio Jardiel en el prólogo a esta antinovela que tienen en las manos: Hay que reírse de las novelas «de amor» al uso. Riámonos. Lancemos una carcajada de cuatrocientas cuartillas.

Las chicas Picó

José Picó (1904-1991) fue uno de los dibujantes más populares de España, tanto en los años previos a la guerra civil como en los posteriores.

Sin llegar a establecer conclusiones más propias de la teoría literaria, vamos a subrayar en estas líneas uno de los efectos más sutiles de la obra de Jardiel Poncela: el reflejo autobiográfico.