Aunque siempre existieron, nunca se ha hablado tanto como ahora de los remakes de aquellos títulos que tuvieron éxito en su día.

El boom de Amenábar me tocó en plena juventud, cuando estudiaba Comunicación Audiovisual con sueños absurdos de cineasta, como tantos otros. Justo en aquellos momentos, surgió de la nada este joven talento, que además triunfaba con películas de género. Vamos, el sueño de cualquier chaval aficionado al celuloide (por entonces, existía el celuloide). Con esto quiero decir que sufrí en primera persona ese fenómeno de los 90 que se podría denominar La Tabarra con Amenábar.

La aspiración de quien produce una película bíblica es provocar una adhesión a gran escala con el mundo de los creyentes. Si ellos aprecian el film y acuden a los cines, el resultado en taquilla puede resultar óptimo, y de hecho, así era en los lejanos tiempos en los que el peplum religioso era un subgénero en auge.

Además de las pruebas de equipo, hay un partido real entre Gryffindor y Slytherin. “Fue estupendo trabajar en las escenas del Quidditch, que es algo que no conseguí hacer en la última película”, dice el director de la película, David Yates.

Cuando el nuevo curso empieza en Hogwarts, Dumbledore presenta a los estudiantes reunidos en el Gran Comedor al profesor de pociones Horace Slughorn, que vuelve al colegio.

Harry Potter y el misterio del príncipe no sólo representa un nuevo capítulo en la vida de Harry y de sus amigos y enemigos, sino que combina humor y desengaño, amor y redención, y el pasado y el presente como nunca antes. Y tras el regreso de Lord Voldemort, la elección entre el bien y el mal nunca ha tenido repercusiones más serias.

El realizador de la película, David Heyman, comenta que el tránsito de Harry de compañero de clase a profesor representa un momento crítico para el personaje.

El rodaje de Harry Potter y la Orden del Fénix comenzó el 6 de febrero de 2006, poco después del estreno de Harry Potter y el cáliz de fuego. La filmación se prolongó hasta octubre de ese mismo año.

Mike Newel, el realizador de la película, dice: “Queríamos realizar grandes cambios en el Gran Comedor para el Baile de Navidad, para que los personajes y los espectadores tuvieran la sensación de que nunca antes habían visto ese lugar”.

Entrelazados entre el misterio y el suspense de Harry Potter y el cáliz de fuego se sitúan el humor y la angustia de la adolescencia.