Todos los que tratamos con la Naturaleza como tema del conocimiento, de la comunicación o de la pedagogía, solemos aceptarnos como portadores de un cierto valor incombustible.

A pesar de su formación literario-humanística, es mas frecuente reconocerle como embajador de la Naturaleza, de la cultura ecológica y defensor de la cultura rural.

Por supuesto, ¿cómo podría ser de otro modo? En un principio, cuando decidimos aproximarnos por distintas vías a la vida silvestre, lo hicimos cargados de sentimientos que ahora asociamos con los pioneros del naturalismo, tanto en nuestro país como en la América de habla hispana (1).

Decir George Orwell es pensar en 1984 y Rebelión en la granja. Pero este autor no dejó de escribir obras largas y piezas cortas con una gran dosis de anticipación y, en cualquier caso, muy gratas de leer hoy en día.

Por todas partes encontramos ejemplos de la proliferación de un color, el verde, que nos recuerda a todas horas la presencia de materia viva en nuestro entorno. El verde, como ya saben, es mucho más que una distinción de las plantas. Podemos comprender su grandeza e importancia sin necesidad de estudiar botánica, y sin embargo, de todas las maneras de observarlo, la más saludable es la que más nos acerca a la naturaleza.

Ubicada en Castilla la Mancha, en la finca experimental La Higueruela llevan más de cuarenta años analizando el funcionamiento del sistema agrario. Estas cuatro décadas han permitido a los responsables analizar con ejemplos prácticos cómo mejorar la agricultura evitando la pérdida de calidad del suelo y mejorando la producción de alimentos en zonas semiáridas. En estas líneas Carlos Lacasta, actual responsable de la finca, nos resume algunas de las conclusiones más destacadas.

Vivir en la ciudad no tiene por qué significar vivir de espaldas a la naturaleza. Las ciudades son el hogar de una sorprendente variedad de vida silvestre, no necesariamente cosmopolita. Si algo caracteriza a las ciudades es el cambio y allí donde haya oportunidades habrá especies que las aprovechen. El entorno urbano está lleno de posibilidades; si no que se lo digan a la pareja de halcones peregrinos, Falco peregrinus, que ha criado este año en la catedral de Salamanca.

Los jardines botánicos son lugares que tienen muchas funciones, no sólo estéticas, sino también para la conservación de la biodiversidad. El primer jardín botánico considerado moderno fue establecido en Italia en el siglo XVI. De allí siguió la apertura de varios de ellos en el resto de Europa durante el XVII y el XVIII, los cuales recibían plántulas y semillas de sitios distantes con el fin de propagar especies que podían ser útiles. Todavía hoy, algunos lo siguen haciendo, pero con otros fines.

"La ciencia y la tecnología no pueden realizar transformaciones milagrosas, del mismo modo que no pueden hacerlo las leyes del mercado. Las únicas leyes verdaderamente férreas con las cuales nuestra cultura finalmente tendrá que ajustar cuentas, son las leyes de la naturaleza" (Enzo Tiezzi)

La relación del ser humano con el medio físico y biológico se remonta al origen del hombre mismo, pudiendo señalarse que en las diferentes culturas dicha relación, manifestada a través de las de las expresiones materiales y espirituales, ha presentado diversos grados de complejidad de acuerdo a la naturaleza y nivel de desarrollo de cada pueblo. Sin duda, este desarrollo ha ido repercutiendo en los niveles de convivencia establecidos con el entorno, ya que ésta se ha visto severamente deteriorada al convertirse el hombre en ciudadano.