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Si Almodóvar enseñó a los españoles que el cine contemporáneo patrio puede ser exportable, Álex de la Iglesia fue quien abrió el camino a géneros y estéticas que parecían casi prohibidas en España, sin por ello tener que imitar modelos extranjeros ni perder nuestra identidad cultural, signifique eso lo que signifique.

Lejos quedan ya los tiempos en los que cada película de Arnold Schwarzenegger era un evento cinematográfico ineludible. Y no sólo ha sido por sus años de retiro del cine –la era “Governator”–, sino porque sus películas posteriores a la brillante Mentiras arriesgadas (1994) fueron inesperadamente mediocres.