Había una vez un bosque... Un bosque antiguo y magnífico que ha acompañado a la Ciudad de México como parte fundamental de su memoria. Un bosque del que casi todos guardamos algún recuerdo, y donde muchos han vivido una aventura. Este augusto espacio, que funciona también como gran pulmón en mitad de la metrópoli, fue abandonado a su suerte durante muchos años, hasta que un grupo de personas se propuso devolverle la grandeza que le corresponde.

El hecho de que sea conocida no disminuye el ingenio de la respuesta que J. B. S. Haldane dio a un miembro de la Iglesia de Inglaterra, cuando éste le preguntó: “Según usted, ¿qué característica destacaría del Hacedor de la Naturaleza?” “Una gran debilidad por los escarabajos”, contestó Haldane, haciendo referencia a que es el grupo mas diverso de la tierra.

No hay nada en el mundo como un bosque primario, el que no ha sido nunca talado o deforestado industrialmente por los humanos. Las características comunes de estos bosques comprenden árboles antiguos, importante cantidad de madera muerta, alta biodiversidad —incluidas muchas especies que no se encuentran en otros lugares— y poco sotobosque debido a la sombra del dosel.

Los “bosques primarios”, aquellos que se han desarrollado sin perturbaciones antropogénicas, y que cubrieron un 80% de la superficie de Europa al final de la última glaciación, son hoy extremadamente escasos.

En el verano de 2007 saltó a los medios el hallazgo en Doñana de la raza de caballo más antigua de España. En el número 37 de la revista científica Animal Genetics, en 2006, aparecía un artículo titulado Saving feral horse population: does it really matter? A case study of wild horses from Doñana Nacional Park in southern Spain (¿Merece realmente la pena salvar una población de caballos asilvestrados? Estudio de los caballos salvajes del Parque Nacional de Doñana).

Los paseantes del otoño conocemos bien esta estampa: un tronco caído, como una carcasa de tonos grises y ocres, confundiéndose entre la joven vegetación que va apropiándose de su espacio. ¿Un resto inservible y superfluo? Que no nos engañen las apariencias. En realidad, ese tronco muerto es un pequeño hábitat en el que prosperan formas de vida fascinantes.

"¿No es irrisorio que el azar dicte la muerte de alguien y que las circunstancias de esa muerte no estén sujetas al azar?" (J. L. Borges, "La lotería en Babilionia").

Un equipo de investigadores internacionales liderado por científicos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) identificó en 2014 diversos mecanismos por los cuales las interacciones entre distintas especies pueden conferir estabilidad a los ecosistemas. Este hallazgo, que fue recogido en la revista Biological Reviews, tiene una importancia añadida dado el actual contexto de cambio global que amenaza al planeta.