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Por alguna razón que se escapa, en los últimos tiempos se ha puesto muy de moda la figura del célebre narcotraficante colombiano Pablo Escobar. Series de televisión, películas y documentales han brotado como setas. ¿Por qué? Ni idea, pero al menos hay que reconocer que don Pablo fue un personaje mucho más interesante que Steve Jobs (lo de los mil biopics y documentales sobre ese vendedor de ordenadores sí resulta inexplicable).



La película está inspirada en una historia real acontecida durante la Gran Guerra, el día de Nochebuena de 1914, en varias zonas del frente.



«Veo a Beethoven ahí de pie», dijo el guionista y productor Christopher Wilkinson el primer día de rodaje, «pero, ¿qué habéis hecho con Ed Harris?»



Los buenos guiones de thriller se reconocen porque todo –desde el misterio inicial hasta ese MacGuffin que nos despista– queda bien justificado en el desenlace. Cualquier cinéfilo de veteranía media descubrirá más de una costura abierta en Sin identidad, y sin embargo, su realizador, Jaume Collet-Serra, consigue, a fuerza de tesón y talento, restar importancia a esos detalles deshilvanados.



La pasión es el centro de todos los trascendentales hechos en torno a los que gira Troya, una crónica épica de los triunfos y la tragedia de la legendaria Guerra de Troya.



A todo el mundo le gusta que reconozcan el trabajo duro y bien hecho. Y el público del mundo entero ha enviado un mensaje muy claro a este respecto al productor Jerry Bruckheimer y al director Jon Turteltaub, ya que “National Treasure” (La Búsqueda) recaudó más de 347 millones de dólares en todo el mundo tras su estreno en el año 2004.



Detrás de las aventuras y de los misterios electrizantes de National Treasure (La Búsqueda) se esconde la inspiración de las leyendas de la verdadera historia de los Estados Unidos.