Trestesauros500

Sevilla 1961. Luis Caballero Polo (1919-2010) trabajaba en el Hotel Alfonso XIII. Su elegante figura, su señorío natural, su cultura autodidacta, eran el complemento adecuado a su talento, el que le había servido en los tiempos de la prisión y los trabajos forzados: cantar flamenco.

El espacio dorado de la playa, el sol poniente, la sombrilla, la falda airosa, la blusa que se mueve con el viento. Los ojos llorosos que se llenan de un deseo insatisfecho. Un juego prohibido que termina mal. Unas manos que ansían la caricia que no es posible obtener sin perderlo todo. Una traición, quizá. Una búsqueda. Un sentimiento que no cabe en el corazón, que va más allá. El miedo, ese compañero molesto e invisible. El deber. La lucha. La conquista. Todo.

Quizá sea injusto resumir en pocas líneas la obra de un hombre genial como Gil Parrondo. No dejo de sorprenderme con esa trayectoria que lo llevó, primero, a ser ayudante de decoración con Sigfrido Burmann, y luego a internacionalizar su carrera hasta el punto de ganar dos Oscar por Patton (1969) y Nicolás y Alejandra (1971).

 
Durante la Segunda Guerra Mundial, un grupo de prisioneros británicos son obligados por sus guardianes japoneses a construir un puente. Los oficiales, capitaneados por su coronel, se opondrán a toda imposición que viole las convenciones sobre las condiciones de los prisioneros de guerra.

 
Una joven independiente rechaza la propuesta de matrimonio de Steven, un hombre de origen humilde, y se casa con un rico banquero del que no está enamorada. Años después, vuleve a encontrarse con Steven.

 
El hijo de un humilde herrero es enviado a educarse a Londres gracias al dinero de un benefactor cuya identidad desconoce.