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Fue en junio de 2006 cuando Denis Podalydès, en su primera puesta en escena para la Comédie-Française, eligió una de las obras más conocidas y apasionantes del teatro francés. Su Cyrano, ya consagrado por la crítica y por el público, quedó inmortalizado en un registro audiovisual que no ha perdido ni un ápice de magia y romanticismo.

En sólo una generación desde Godwin, el viaje interplanetario evolucionó hacia posturas más críticas, ejemplificadas por los trabajos de Cyrano de Bergerac, en los que satirizó los prejuicios, la intolerancia y las creencias de su época. Su obra maestra, las novelas de L'autre Monde (publicadas años después de su muerte), fueron una protesta secular con base copernicana contra la visión antropocéntrica que, en buena medida, aún pervive entre nosotros.

Sherlock contra Cyrano

El primer misterio relacionado con la figura de Sherlock Holmes es el de su propia existencia.

El caso de Sherlock Holmes, como ya hemos visto (Sherlock contra Cyrano), es contrario al de Cyrano de Bergerac: no se trata de una persona real que se convierte en personaje de ficción, sino de un personaje de ficción que casi deviene en persona real: «existe la creencia, mantenida durante años por miles de personas, de que se trata de un ser humano real», dice el psicólogo Haycraft.

De nasis y el género nasal

El nasal es un género literario menor, que quizá no puede compararse con otros de más éxito, como la ciencia ficción, la novela policiaca, el terror o las vidas de santos (perdón, las autobiografías), pero en el que han probado su ingenio no pocos autores.

Cyrano et D'Artagnan supuso la despedida del cine de ese maestro que es Abel Gance. Como su título indica, nos hallamos ante una aventura de capa y espada protagonizada por dos iconos de la cultura literaria francesa.