Mostrando artículos por etiqueta: Cristóbal Colón http://thecult.es Wed, 24 May 2017 09:53:00 +0000 Joomla! - Open Source Content Management es-es El nuevo sepelio de Colón http://thecult.es/gabinete-de-curiosidades/el-nuevo-sepelio-de-colon.html http://thecult.es/gabinete-de-curiosidades/el-nuevo-sepelio-de-colon.html El nuevo sepelio de Colón

La España de finales del XIX se dividía en krausistas y neo-católicos. Estos últimos, los neos, como eran denominados de forma despectiva por sus contrarios ideológicos, tenían como cabeza visible a Marcelino Menéndez Pelayo. Neo, sí, pero no por ello menos erudito. De hecho, estamos ante uno de los grandes eruditos de nuestra cultura.

Entre la nutrida red de corresponsales que don Marcelino tenía por toda España, destaca Francisco Rodríguez Marín, sevillano de Osuna, que estudió Leyes en la Universidad de Sevilla y llegó a ser director de la Biblioteca Nacional (1912-1930). Rodríguez Marín era liberal, germanófilo durante la I Guerra Mundial y partidario del bando sublevado en la Guerra Civil. También fue folclorista, cervantista y colaborador asiduo de prensa escrita.

Repasar la correspondencia entre ambos eruditos es todo un ejercicio de historia. Sirva, como ejemplo, esta carta de comienzos de 1899, escrita por el osunense:

"Sevilla, jueves, 19 de enero de 1899

Muy querido y respetable amigo mío: recibí su carta de Santander, y esta tarde, la del 16, escrita a su regreso de V. a la corte.

Fui a Osuna por las Pascuas, y tal catarro cogí y crié registrando los papeles administrativos de la casa ducal, que me he pasado en la cama unos cuántos días, cociéndolo y soltándolo. Ya estoy mejor, a Dios gracias, y hoy he podido concurrir al nuevo sepelio de los restos de Colón.

A ver si otro día tenemos que mandarlos a Covadonga, para empezar desde allí la nueva reconquista, porque esto anda del todo perdido. El progreso nos lleva tan aprisa, que más parece querer despeñarnos que conducirnos (...)"

Se está refiriendo, Rodríguez Marín, al traslado de los restos de Colón desde La Habana hasta Sevilla. Un traslado que se decidió una vez perdida Cuba, en 1898. Finalizaba, así, el largo periplo de unas cenizas que habían pasado por Valladolid, Sevilla, Santo Domingo y La Habana.

Aquel jueves 19 de enero, Rodríguez Marín escribía a su amigo recién llegado de las honras fúnebres que acababa de presenciar. Porque fue un 19 de enero, jueves, cuando atracó el buque Giralda en el muelle del Guadalquivir, escalinata de San Telmo. Un buque al que subieron el alcalde de Sevilla, el duque de Veragua (descendiente directo del Almirante de la Mar Océana) y el notario que levantó acta. El comandante de la nave entregó la caja al duque quien, a su vez, la entregó al alcalde para que la custodiara.

Luego, en comitiva solemne, se dirigieron hacia la Catedral, donde el alcalde entregó la urna al arzobispo y, una vez allí, según había ordenado la reina regente María Cristina en un Real Decreto firmado una semana antes, se le rindieron honores de Capitán General del ejército que muere en plaza con mando en jefe.

La caja estuvo de manera provisional en un túmulo erigido en la cripta del Sagrario, hasta que se levantó el Mausoleo que, hoy en día, preside, majestuoso, la Puerta de los Príncipes de la catedral sevillana. Un féretro sostenido por cuatro heraldos que representan los cuatro reinos españoles: Castilla, León, Aragón y Navarra. Los cuatro reinos cristianos nacidos tras la reconquista que, palmo a palmo, había acabado con califatos, reinos de taifas y último reducto nazarí. Cuatro reinos cristianos que siempre tuvieron como referente la mítica Covadonga, esa a la que se recurre cada vez que, en nuestro solar patrio, soplan vientos pesimistas.

Leyendo a Rodríguez Marín parece que no ha pasado el tiempo. Y es que, como siempre me gusta decir, cambian los escenarios, cambian las modas y costumbres, pero hay algo que siempre permanece inalterable: la condición humana.

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correo@thecult.es (Mar Rey Bueno) Gabinete de Curiosidades Sat, 08 Apr 2017 21:14:43 +0000
Historias antiguas http://thecult.es/gabinete-de-curiosidades/historias-antiguas.html http://thecult.es/gabinete-de-curiosidades/historias-antiguas.html Historias antiguas

Hace diez años escribía, por primera vez, la pasión que siento por Sevilla. Una pasión que, hasta entonces, llevaba sólo para mí, no compartía con nadie. Y lo escribí en el único de mis libros que nunca ha visto la luz, el único que permanece inédito. Un estudio dedicado a Cristóbal Colón. Un libro cuyo epílogo, escrito en pleno barrio de Santa Cruz, decía, entre otras cosas:

"Sevilla, julio de 2006. Apenas son las nueve de la mañana pero el calor ya empieza a ser sofocante. Entro en la todavía silenciosa y oscura catedral, encaminando mis pasos hacia el brazo sur del crucero, en el lateral del Altar de la Piedad, donde se encuentra ubicado el cenotafio que, ahora si, alberga los restos del Primer Almirante de las Indias. Hoy termino mi historia particular sobre su historia y quiero hacérselo saber. Alzo la mirada y me encuentro de frente con el impresionante mural de San Cristóbal, el gigante portador de Cristo. El gigante San Cristóbal presidiendo el catafalco de Cristóbal Colón. El portador de Cristo presidiendo los restos de aquel que portó a Cristo a un nuevo mundo. (...)

Atravieso la catedral y me dirijo hacia el Patio de Naranjos. Hoy sólo quiero atisbar, a través de sus ventanas, la sala donde se conservan los restos de la biblioteca hernandina, mudos testigos de un conocimiento ya perdido. De haberse conservado tal y como dejó escrito su propietario es casi seguro que muchos de los secretos colombinos no lo serían tanto. Duro oficio el del pesquisidor de historias antiguas, obligado a moverse en terrenos resbaladizos y no siempre transitables.

Salgo a la luz matinal y no me resisto a rodear el Archivo de Indias. En esta visita sevillana no lo he frecuentado como en otras ocasiones, cuando pasaba mañanas enteras en su sala de consulta, viendo desfilar documentos sobre personajes extraordinarios, valientes y anónimos, que ayudaron, con sus existencias, a configurar el paisaje surgido a raíz de la aventura colombina.

Vuelvo sobre mis pasos y me sitúo en la Plaza del Triunfo. Me siento como el pirata de Espronceda

La luna en el mar riela

En la lona gime el viento

Y alza en blando movimiento

Olas de plata y azul;

Y va el capitán pirata

Cantando alegre en la popa,

Asia a un lado, al otro Europa,

Y allá a su frente Istambul...

Los Alcázares a un lado, al otro la Catedral, y allá, a mi frente, el Archivo de Indias. Ciudad mágica la sevillana, que vio atracar en sus muelles las riquezas exóticas de las nuevas tierras, transformándose para siempre en la Puerta de Indias. ¿Puede haber mayor maravilla que quedarse anclado a sus calles, perderse en su laberíntica estructura? Con sólo cerrar los ojos, podemos regresar a aquella época gloriosa, en historias y aventuras, cuando la ciudad bética era la capital del mundo."

Sevilla. Ay, mi Sevilla onírica y secreta. Pensaba, entonces, que podría olvidarte, que te irías alejando, como tantos otros sitios, en la memoria de mi recuerdo. Pero me equivocaba, pensando así.

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correo@thecult.es (Mar Rey Bueno) Gabinete de Curiosidades Wed, 14 Dec 2016 13:18:42 +0000
Sevilla, onírica y eterna http://thecult.es/gabinete-de-curiosidades/sevilla-onirica-y-eterna.html http://thecult.es/gabinete-de-curiosidades/sevilla-onirica-y-eterna.html Sevilla, onírica y eterna

Cuando uno nace siendo hijo de Cristóbal Colón hay que decir que tiene medio camino hecho. Si tu casa es un trasiego de marinos, cosmógrafos y navegantes, hablando todo el día de derroteros y cartularios, lo más normal es que se te ocurra la respuesta al mayor enigma de la navegación moderna con casi tres siglos de antelación.

Y, ocurre que, si has nacido con un astrolabio en la mano, si tus juguetes de infancia eran los libros profusamente anotados con los que tu padre convenció a la católica Isabel de su descabellado plan, no te queda otra que transformarte en el más destacado bibliófilo de la Sevilla del XVI. Circunstancia esta que no es fácil, porque la Sevilla babilónica del Quinientos reunió al mayor número de eruditos por metro cuadrado de aquella Europa recién abierta al mundo. Una Europa que Hernando, el cordobés Hernando Colón, recorrió durante tres décadas, atesorando una fastuosa biblioteca de más de quince mil volúmenes. Una biblioteca que, con los años, pasó a custodiarse en la mayor catedral gótica de la Cristiandad, la catedral de Sevilla. En uno de sus muchos tentáculos, a la sombra de la Giralda y con vistas al Patio de Naranjos. Un tesoro dentro de otro tesoro, al que se accede por la calle Alemanes, dejando atrás la bulliciosa ciudad para adentrarse en un remanso de silencio y paz...

... y pienso, ahora mismo, cómo debe estar cayendo el sol, inclemente, en esa Sevilla... ay, mi Sevilla... Y, pese a mi odio congénito hacia el verano y el calor, daría gustosa un año de vida por pasar una temporada encerrada en esos muros catedralicios. Recuperando viejas investigaciones que esperan salir a la luz. Viejos manuscritos descubiertos hace década y media que nadie imagina allí. Madrugar, como siempre, y enfilar la calle Zaragoza. Plaza Nueva, Constitución y Alemanes. Recordar los desayunos maravillosos de Manolo en Rayuela, que sigue allí pero ya no es la Rayuela de mis recuerdos. Soñar con los buñuelos de bacalao y las papas aliñás de Las Columnas. Pasear, a la caída de la tarde, por el Muelle de la Sal, imaginando aquel río preñado de barcos y carabelas repletas de riquezas...

Sevilla, onírica y eterna. Algún día, estoy segura, terminaré lo que, hace tanto tiempo ya, comencé. Y escribiré todas esas historias que he ido atesorando con mimo. Sabiendo que aún no ha llegado su momento. Pero que está próximo a llegar.

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correo@thecult.es (Mar Rey Bueno) Gabinete de Curiosidades Sat, 09 Jul 2016 08:51:41 +0000
La epopeya americana http://thecult.es/gabinete-de-curiosidades/la-epopeya-americana.html http://thecult.es/gabinete-de-curiosidades/la-epopeya-americana.html La epopeya americana

El 12 de octubre de 1492 Cristóbal Colón no descubrió América: se topó de bruces con ella. En realidad, lo que Colón iba buscando era una ruta alternativa hacia las míticas islas de las especias, donde se producía el clavo, la pimienta, la nuez moscada, el jengibre, la canela o el anís estrellado.

Unas especias que, procedentes del Lejano Oriente, volvían locos a los europeos desde los tiempos del Imperio Romano. Especias que llegaban a Europa a través de una larga ruta marítima por todo el Océano Índico y el Mar Rojo. Una ruta controlada por mercaderes musulmanes hasta arribar a las costas de Constantinopla o de Egipto, donde comenzaba el control de los mercaderes cristianos, que cubrían la última parte del trayecto hasta Venecia, donde la todopoderosa Serenissima Repubblica se encargaba de la venta y distribución por las principales plazas europeas.

Así fue hasta que, a finales del siglo XV, dos reinos cristianos hermanos, Castilla y Portugal, deciden emprender, a la par, una epopeya sin igual: acceder directamente al centro productor, llegar a las islas de las especias, librarse de intermediarios musulmanes. Dos reinos hermanos curtidos, durante siglos, en la lucha por liberar su territorio de la invasión musulmana. Dos reinos cristianos que financian las aventuras de los más locos marinos de la Historia y se reparten el mundo en dos mitades: la navegación por las costas africanas y asiáticas para Portugal, el desconocido Mare Tenebrosum para Castilla.

Y fue así como un loco Colón convenció a una critianísima reina para atravesar ese océano desconocido, seguro como estaba de que ésa era la ruta más corta para llegar a la Especiería. No contaba con encontrarse, a mitad de camino, con una inmensa masa continental, que bloqueba el acceso a su verdadero objetivo.

(Que no te cuenten historias... descúbrelas tú)

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correo@thecult.es (Mar Rey Bueno) Gabinete de Curiosidades Fri, 03 Jun 2016 12:29:55 +0000
Fuerte Navidad http://thecult.es/gabinete-de-curiosidades/fuerte-navidad.html http://thecult.es/gabinete-de-curiosidades/fuerte-navidad.html Fuerte Navidad

Habían pasado casi tres meses. Casi noventa noches desde aquella madrugada en la que Rodrigo, al que decían de Triana, gritó "¡Tierra!" desde lo más alto de La Pinta, la más ligera de las tres carabelas que iban a cambiar, para siempre, el curso de la Historia.

Casi noventa días navegando de una isla a otra, en aquel mar infestado de ellas, en busca de los indicios necesarios para afirmar que si, que se había llegado al destino soñado. Pero la evidencia se resistía a hacerse carne y habitar entre aquellos hombres nacidos para trascender. Aquel puñado de valientes que se habían aventurado, sin temor, por las aguas del Mar Tenebroso, seguros de las palabras que decía, completamente convencido, aquel visionario con ínsulas de profeta.

Nadie sabía quién era aquel que decía llamarse Cristóbal Colón. Nadie sabía de dónde venía o qué era lo que se proponía, pero todos habían sentido ese magnetismo propio de quién está poseído de una idea, dominado por un mensaje. Porque Colón, ante todo, fue un hombre de fe que se consideraba instrumento de Dios, predestinado y elegido para arribar por Occidente a las Indias, a la famosa Cipango de Marco Polo, de la que se contaban cosas maravillosas.

Aquel 24 de diciembre navegaron, sin descanso, hasta la costa norte de La Hispaniola, la mayor de las islas que habían encontrado en su navegar errante. Los nativos les habían guiado hasta allí, el lugar en el que habitaba un poderoso cacique, que decía tener información sobre Cibao. Cibao. El profeta navegante quiso entender Cipango. Y hasta allí se fue.

Llegó de noche y decidió descansar. Dejó la nao capitana, la Santa María, a cargo de un inexperto grumete, que no reparó en las corrientes que guiaban la nave hasta un banco de arena. No reparó hasta que fue demasiado tarde y la nave encalló. Todos pudieron salvarse, pero la nave quedó inservible.

El 26 de diciembre de 1492, en la costa noroeste de La Hispaniola, conocida entre sus habitantes originales como Quisqueya y Bohío, actuales Haití y República Dominicana, Colón mandó construir, con los restos de la Santa María, el primer asentamiento castellano en el Nuevo Mundo. Durante nueve días se limpió el terreno, se deforestó, se abrió un foso y, dentro de su perímetro, se construyeron las cabañas y la torre defensiva de la primera población de europeos en aquellas islas que aún no se sabían caribes, aún no se reconocían como novomundanas.

Y, puesto que el naufragio se había producido una Nochebuena y el salvamento se había celebrado en un día de Navidad, el enigmático Colón, el hombre de fe nacido para la eternidad, decidió bautizar aquel primer asentamiento cristiano como Fuerte Navidad.

Y fue así cómo una nao construida en atarazanas andaluzas, entregada a Colón por los concejos y justicias de la costa de la mar de Andalucía, según real provisión de Isabel y Fernando, firmada y sellada en Granada, la nazarí Granada recién ganada para la cristiandad, se transformó en materia prima de las primeras construcciones europeas en el Nuevo Mundo. Tal cúmulo de circunstancias, en tan breve lapso de tiempo, sólo podían entenderse como designio divino. Dios estaba con Isabel. Dios estaba con aquel enigmático almirante. Dios estaba con Castilla.

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correo@thecult.es (Mar Rey Bueno) Gabinete de Curiosidades Fri, 03 Jun 2016 11:31:32 +0000
El destino de Cristóbal Colón http://thecult.es/gabinete-de-curiosidades/el-destino-de-cristobal-colon.html http://thecult.es/gabinete-de-curiosidades/el-destino-de-cristobal-colon.html El destino de Cristóbal Colón

El 20 de mayo de 1506, moría Cristóbal Colón. Dicen quienes le conocieron que era alto y delgado. De nariz aguileña y ojos garzos, sus cabellos habían encanecido prematuramente. Cuentan que era afable con los extraños y suave con los conocidos. De hablar sobrio y discreta conversación, todos coinciden en afirmar que era dueño de un secreto que ni a sus patrocinadores podía revelar.

Durante toda su vida se esforzó por borrar las pistas que condujeran a sus verdaderos orígenes y auténtica personalidad. Sus primeros biógrafos le hacen genovés, hijo de un tejedor que hacía las veces de guardián en la Torre y Puerta dell'Olivella y que terminó regentando una taberna en la villa de Savona.

El hombre que abrió nuevos horizontes a la vieja Europa, que puso ante ella un mundo nuevo, no quería acabar sus días cardando lana o vendiendo frascas de vino. Así pues, decidió tomar las riendas de su vida y, apenas despuntada la adolescencia, se inició en las artes de la marinería, oficio para el que pronto mostró maña y talento.

Navegó por el Mediterráneo, unos dicen que como corsario, otros que como agente comercial de la Señoría de Génova. Un feroz combate, frente al Cabo de San Vicente, dio con sus huesos en una playa lusitana. Fue así, de una manera providencial, como llegó al país que en aquel entonces era vanguardia de los Descubrimientos náuticos en todo el litoral africano.

Su pasión por el mar no le dejó mucho tiempo varado en tierra firme. Conocido ya el Mediterráneo, se decidió a explorar las costas atlánticas. Primero Inglaterra y la lejana Thule. Luego el cabo Bojador y los tórridos litorales guineanos. Años de navegación que le curtieron como experto marino y consumado conocedor de los mares más frecuentados por los europeos de su tiempo.

Fue entonces cuando decidió poner en marcha su plan, ese que había estado elaborando durante años, mientras surcaba las azules aguas de su Mediterráneo natal. Tenía los conocimientos precisos, la experiencia apropiada. Sólo necesitaba un mecenas que financiase su proyecto. Seis años tardó en conseguirlo, apenas dos meses en demostrar y demostrarse que todo era cierto: Cristóbal Colón había nacido para la Historia.

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Imagen superior: Isabel la Católica en tanto en cuanto "patrona" de Cristóbal Colón... Los ingleses todavía están tirándose de los pelos de las barbas por no haber aceptado el ofrecimiento de Bartolomé Colón. Ambos hermanos se ofrecieron a todos los reyes de la Cristiandad... ¡sólo una mujer aceptó el reto!

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correo@thecult.es (Mar Rey Bueno) Gabinete de Curiosidades Fri, 03 Jun 2016 10:19:05 +0000
La leyenda del piloto desconocido http://thecult.es/gabinete-de-curiosidades/la-leyenda-del-piloto-desconocido.html http://thecult.es/gabinete-de-curiosidades/la-leyenda-del-piloto-desconocido.html La leyenda del piloto desconocido

Una historia corría de boca en boca por las calles de La Española desde los primeros años de su fundación. Y esta historia era la siguiente: una carabela que navegaba por las costas africanas fue desviada de su trayectoria original merced a una fuerte tempestad. Después de muchos días de avatares y peligros, los navegantes llegaron a una isla lejana y exótica, llena de riquezas y metales preciosos.

Tras disfrutar de las maravillas encontradas en la nueva tierra, los marineros desplazados decidieron emprender el camino de regreso a su patria, pero la suerte no estaba de su lado. La navegación fue tan penosa e interminable, por culpa de los vientos contrarios, que pereció la mayor parte de la tripulación.

Unos pocos supervivientes consiguieron llegar en lamentables condiciones a la isla de Porto Santo, en el archipiélago de Madeira, donde acabaron muriendo a pesar de las atenciones que les prestó un marinero genovés, apellidado Colón, recientemente instalado en la isla. El último de los náufragos, viendo cómo se acercaba su final, descubrió a su anfitrión todo lo que le había acontecido así como el lugar exacto donde se encontraba la isla por ellos descubierta.

Si hacemos caso de esta historia, Cristóbal Colón no habría sido el descubridor del Nuevo Mundo sino que habría seguido las huellas de otro.

Por extraño que parezca, la teoría es casi tan antigua como el propio Descubrimiento y ya aparece recogida por los primeros historiadores de Indias. La primera versión puede leerse en la Historia General y Natural de las Indias (Sevilla, 1535), obra del madrileño Gonzalo Fernández de Oviedo (1478-1557), uno de los primeros cronistas de Indias. Habitual en la corte de los Reyes Católicos, fue testigo de importantes acontecimientos históricos, entre otros, el regreso de Colón de su primer viaje.

Fascinado, como casi todos los europeos de su tiempo, por las nuevas tierras recién descubiertas al otro lado del Atlántico, no dudó en someterse a los peligros que toda travesía transoceánica suponía con tal de ver, con sus propios ojos, ese continente apenas imaginado. Fruto de su experiencia americana nació la Historia General y Natural de las Indias donde aparece por vez primera, en letras de molde, la llamada historia del piloto anónimo.

Como el propio Oviedo pudo comprobar, se trataba de un hecho perfectamente conocido en la isla de La Española, de ahí el título del capítulo donde aparece escrita por vez primera: “Del origen e persona del almirante primero de las Indias, llamado Cristóbal Colón, e por qué vía o manera se movió al Descubrimiento de ellas, según la opinión del vulgo” (capítulo II del libro II).

Aunque Oviedo no se muestra ni a favor ni en contra de esta historia, lo cierto es que al reflejarla en su crónica contribuyó a divulgarla entre sus lectores, tanto españoles como del resto de Europa.
El dato ofrecido por Oviedo viene a ser ratificado, diecisiete años después, por Francisco López de Gómara (1511-1562) en su Historia General de las Indias (Zaragoza, 1552). Aunque nunca estuvo en el recién descubierto continente, López de Gómara bien pudo haber oído la historia de labios de Hernán Cortés, el flamante conquistador de México, de quien era capellán.

Sabido es que Cortés marchó a las Indias en fecha muy temprana y que residió en la isla de Cuba antes de iniciar su aventura mexicana. Debió ser en esta isla caribeña donde oyó la historia que contaban sus indígenas, quienes tenían reciente memoria de que a La Española habían llegado, con anterioridad a Colón, otros hombres blancos y barbudos.

Frente a la posición dubitativa de Oviedo, de cuyo testimonio difiere en algunos aspectos, Gómara cree a pies juntillas la historia del piloto, quizás porque quien se lo había relatado disponía de informantes solventes al respecto.
Pero, quizás, el testimonio definitivo sea el de fray Bartolomé de Las Casas, testigo directo de muchos de los acontecimientos claves de los primeros momentos del Descubrimiento. No había cumplido aún los diez años cuando Las Casas, primer obispo de Chiapas y gran defensor de los indígenas americanos, tuvo el privilegio de presenciar la llegada triunfal de un Cristóbal Colón recién desembarcado de su primer viaje a las tierras de Poniente. Era el 31 de marzo de 1493, día que seguro quedó marcado en el recuerdo del futuro dominico, hasta el punto de cambiar el destino de su vida y encaminarlo hacia las tierras recién descubiertas.

Destacado cronista de Indias, su idea de escribir una historia del Nuevo Mundo apareció en época muy temprana. De hecho, el acopio de materiales fidedignos se remonta a los años inmediatos de su arribo a tierras americanas, en 1502, formando parte de la expedición del comendador mayor de Lares, fray Nicolás de Ovando.

Un cuarto de siglo después (1527) comenzará su redacción, según él mismo nos dice, en el monasterio de Puerto de Plata, en La Española, si bien debe paralizar el proyecto durante más de veinte años, debido a sus muchas ocupaciones.

Tras su regreso a España, en 1547, y hasta su muerte, diecinueve años después, se consagrará de lleno a la consecución de su magno proyecto. Las Casas gozó de muy buenas relaciones con los Colón: tuvo bastante trato con los dos hijos del Almirante, Diego y Hernando, y con sus dos hermanos, Diego y Bartolomé, por lo que pudo escribir sobre él con un conocimiento de causa y una autoridad sin par.

Gran admirador y defensor de don Cristóbal, a quien consideró siempre un hombre providencial, tuvo acceso directo al archivo y los libros de la familia, de ahí la importancia de su testimonio. Cuando en su Historia de las Indias le llega el turno de relatar la hazaña del protonauta, no sólo no la ignora sino que la reproduce en la misma forma que habían hecho Oviedo y Gómara, sin necesidad alguna de mencionarlos pues él mismo había sido testigo directo de los rumores y habladurías que, al respecto, corrían entre los primeros pobladores de La Española. Y nos lo cuenta así:

"Resta concluir esta materia de los motivos que Cristóbal Colón tuvo para ofrecerse a descubrir estas Indias, con referir una vulgar opinión que hobo en los tiempos pasados, que tenía o sonaba ser la causa más eficaz de su final determinación, la que se dirá en el presente capítulo, la cual yo no afirmo, porque en la verdad fueron tantas y tales razones y ejemplos que para ello Dios le ofreció, como ha parecido, que pocas dellas, cuanto más todas juntas, le pudieron bastar y sobrar para con eficacia a ello inducirlo; con todo eso, quiero escribir aquí lo que comúnmente en aquellos tiempos se decía y creía y lo que yo entonces alcancé, como estuviere presente en estas tierras, de aquellos principios harto propincuo. Era muy común a todos los que entonces en esta isla Española vivíamos, no solamente los que el primer viaje con el Almirante mismo y a don Cristóbal Colón a poblar en ella vinieron, entre los cuales hobo algunos de los que se la ayudaron a descubrir, pero también a los que desde a pocos días a ella venimos, platicarse y decirse que la causa por la cual el dicho Almirante se movió a querer venir a descubrir estas Indias se le originó por esta vía.

Díjose que una carabela o navío que había salido de un puerto de España (no me acuerdo de haber oído señalar el que fuese, aunque creo que del reino de Portugal se decía), y que iba cargada de mercaderías para Flandes o Inglaterra, o para los tractos que por aquellos tiempos se tenían, la cual, corriendo terrible tormenta y arrebatada de la violencia e ímpetu de ella, vino diz que a parar a estas islas y que aquesta fue la primera que las descubrió. Que esto acaesciese así, algunos argumentos para mostrarlo hay: el uno es, que a los que de aquellos tiempos somos venidos a los principios, era común, como dije, tratarlo y platicarlo como por cosa cierta, lo cual creo que se derivaría de alguno o de algunos que lo supiesen, o por ventura quien de la boca del mismo Almirante o en todo o en parte e por alguna palabra se lo oyese. El segundo es, que entre otras cosas antiguas de que tuvimos relación los que fuimos al primer Descubrimiento de la tierra y población de la isla de Cuba (como cuando della, si Dios quisiere, hablaremos, se dirá) fue una ésta: que los indios vecinos de aquella isla tenían reciente memoria de haber llegado a esta isla Española otros hombres blancos y barbados como nosotros, antes que nosotros no muchos años; esto pudieron saber los indios vecinos de Cuba, porque como nos diste más de diez y ocho leguas la una de la otra de punta a punta, cada día se comunicaban con sus barquillos o canoas, mayormente que Cuba sabemos, sin duda, que se pobló y poblaba desta Española.

Que el dicho navío pudiese con tormenta deshecha (como la llaman los marineros y las suelen hacer por estos mares) llegar a esta isla sin tardar mucho tiempo y sin faltarles las viandas y sin otra dificultad, fuera del peligro que llevaban de poderse finalmente perder, nadie se maraville, porque un navío con grande tormenta corre cien leguas, por pocas y bajas velas que lleve, entre día y noche, y a árbol seco, como dicen los marineros, que es sin velas, con sólo el viento que cogen las jarcias y masteles y el cuerpo de la nao, acaece andar en veinte y cuatro horas treinta y cuarenta y cincuenta leguas, mayormente habiendo grandes corrientes, como las hay por estas partes; y el mismo Almirante dice que en el viaje que descubrió a la tierra firme hacia Paria, anduvo con poco viento, desde hora de misa hasta completas, sesenta y cinco leguas, por las grandes corrientes que lo llevaban; así que no fuese maravilla que, en diez o quince días y quizá en más, aquellos corriesen mil leguas, mayormente si el ímpetu del viento Boreal o Norte les tomó cerca o en paraje de Bretaña o de Inglaterra o de Flandes. Tampoco es de maravillar que así arrebatasen los vientos impetuosos aquel navío y lo llevasen por fuerza tantas leguas, por lo que cuenta Herodoto en su lib. IV, que como Grino, rey de la isla de Thera, una de las Cíclades y del Archipiélago, recibiese un oráculo que fuese a poblar una ciudad en África, y África entonces no era conocida ni sabían dónde se era, los asianos y gentes de Levante orientales, enviando a la isla de Creta, que ahora se nombra Candía, mensajeros que buscasen algunas personas que supiesen decir dónde caía la tierra de África, hallaron un hombre que había por nombre Carobio, el cual dijo que con fuerza de viento había sido arrebatado y llevado a África y a una isla por nombre Platea, que estaba junto a ella: Is, inquit, aiebat se ventis arreptum in Africam applicuisse, etc. Haec Herodotus. Cornelio Nepos cuenta, que en el tiempo que Quinto Metello era procónsul en Francia, que ciertos mercaderes que salieron de la India, con grandes tempestades, fueron a parar a Germania; lo mismo significa Aristóteles de los que hayaron la isla que arriba dijimos ser a lo que creemos la tierra firme hacia el Cabo de San Agustín, arriba, en el cap. IX; y los otros navíos que salieron de Cáliz y arrebatados de la tormenta anduvieron tanto forzados por el mar Océano hasta que vieron las hierbas de que abajo se hará, placiendo a Dios, larga mención; desta misma manera se descubrió la isla de Puerto Santo, como abajo diremos.

Así que, habiendo aquéllos descubierto por esta vía estas tierras, si así fue, tornándose para España vinieron a parar destrozados; sacados los que, por los grandes trabajos y hambres y enfermedades, murieron en el camino, los que restaron, que fueron pocos y enfermos, diz que vinieron a la isla de la Madera, donde también fenecieron todos. El piloto del dicho navío, o por amistad que antes tuviese con Cristóbal Colón, o porque como andaba solícito y curioso sobre este negocio, quiso inquirir dél la causa y el lugar de donde venía, porque algo se le debía de traslucir por secreto que quisieren los que venían tenerlo, mayormente viniendo todos tan maltratados, o porque por piedad de verlo tan necesitado el Colón recoger y abrigarlo quisiese, hobo, finalmente, de venir a ser curado y abrigado en su casa, donde al cabo diz que murió; el cual, en recognoscimiento de la amistad vieja o de aquellas buenas y caritativas obras, viendo que se quería morir, descubrió a Cristóbal Colón todo lo que les había acontecido y dióle los rumbos y caminos que habían llevado y traído, por la carta del marear y por las alturas, y el paraje donde esta isla dejaba o había hallado, lo cual todo traía por escripto.

Esto es lo que se dijo y tuvo por opinión y lo que entre nosotros, los de aquel tiempo y en aquellos días comúnmente, como ya dije, se platicaba y tenía por cierto, y lo que diz eficazmente movió como a cosa no dudosa a Cristóbal Colón. Pero en la verdad, como tantos y tales argumentos y testimonios y razones naturales hobiese, como a cosa no dudosa a Cristóbal Colón. Pero en la verdad, como tantos y tales argumentos y testimonios y razones naturales hobiese, como arriba hemos referido, que le pudieron con eficacia mover, y muchos menos de los dichos fuesen bastantes, bien podemos pasar por esto y creerlo o dejarlo de creer, puesto que pudo ser que nuestro Señor lo uno y lo otro le trujese a las manos, como para efectuar obra tan soberana que, por medio dél, con la rectísima y eficacísima voluntad de su beneplácito determinaba hacer. Esto, al menos, me parece que sin alguna duda podemos creer: que, o por esta ocasión, o por las otras, o por parte dellas, o por todas juntas, cuando él se determinó, tan cierto iba de descubrir lo que descubrió y hallar lo que halló, como si dentro de una cámara, con su propia llave, lo tuviera"

La descripción lascasiana de la aventura del piloto desconocido sorprende por su mayor extensión y el notable número de datos ofrecidos, llegando incluso a admitir que se pueda creer en ella y exponiendo las razones que fundamentarían tal convicción. La insistencia con que expresa Las Casas que obtuvo su información de primeras fuentes, de personas que estaban en condiciones de conocerla a la perfección y que tal vez se la habían oído contar al propio Colón; su aserción de que los tenía por ciertos; y la insistencia que pone en demostrar que no son inverosímiles deja claramente ver que si no garantizó la exactitud de la aventura por él relatada es porque, no habiendo sido testigo ocular de la misma, no podía hacerlo, si bien no existía ningún motivo que, desde su punto de vista, fuera suficiente como para rechazarla.

Olvidada durante siglos, la leyenda del piloto desconocido fue recuperada, en la segunda mitad del siglo XX, por el eminente colombinista Juan Manzano en su Colón y su secreto (Madrid, 1974), donde planteó la teoría del predescubrimiento de América y las dos versiones que, desde su punto de vista, existen al respecto: una oficial, presente en los documentos regios, y otra particular, procedente de las historias escritas por los primeros cronistas de Indias.

De estas dos versiones, Manzano se empeñó en demostrar que la real, la que verdaderamente reflejaba lo sucedido, era la segunda sabiendo de antemano que se jugaba su prestigio como historiador pues, según sus propias palabras

“en la actualidad ningún historiador solvente admite como verídico este relato de los antiguos cronistas indianos sobre la aventura del piloto desconocido; cosa, por otra parte, muy lógica y comprensible, pues, a pesar de los centenares de años transcurridos, la historia del piloto anónimo se encuentra estancada, inmóvil, sin que nadie, entre propios y extraños, se haya preocupado de aportar las pruebas (documentales y de indicios) absolutamente necesarias para tratar de revitalizar esta vieja tradición”

Descubrí el libro de Manzano mientras me documentaba para mi propio libro sobre Colón, el único de todos los que he escrito y que nunca ha sido publicado, debido a una serie de desencuentros con el editor que me hizo el encargo. He de reconocer mi fascinación por los estudios de Manzano. Desde la perspectiva de los sesudos estudiosos académicos (estirpe a la que él mismo pertenecía) podrá ser todo lo heterodoxo que se quiera, pero no se le puede negar la solvencia de sus fuentes y lo profundo de sus investigaciones. En esta dicotomía de buenos y malos, a la que tan aficionados somos los seres humanos, me gustaría que triunfara el malo, a saber, Manzano, promotor de una hipótesis histórica absolutamente despreciada por el mundo académico en general pero que, como en tantos otros casos, puede transformarse en la única versión oficial a nada que aparezca un documentillo perdido en algún archivo del mundo que venga a confirmarla. Cosas más raras se han visto.

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correo@thecult.es (Mar Rey Bueno) Gabinete de Curiosidades Wed, 13 Apr 2016 20:55:07 +0000
La Leyenda Negra en América http://thecult.es/gabinete-de-curiosidades/la-leyenda-negra-en-america.html http://thecult.es/gabinete-de-curiosidades/la-leyenda-negra-en-america.html La Leyenda Negra en América

Ya que tengo el día peruano... Ya que me he puesto al tema... Voy a decir cuatro cositas sobre leyendas negras, jesuitas devenidos en Sumos Pontífices y eso tan bonito de decir una cosa cuando, quizás, se esté pensando otra... Al lío...

Resulta que, cuando uno aterriza en un aeropuerto como el Jorge Chávez, el aeropuerto internacional de Lima, y es una españolita criada en eso de la conquista, Colón, la plata americana, el expolio y el indigenismo lascasiano... resulta que se le empiezan a caer todos los palos del sombrajo. Porque, mirando a su alrededor, piensa... ¿aquí llegaron realmente los españoles? Porque, si es que sí, o muy poderosa es la genética indígena o allí cuesta encontrar rastro de sangre española...

Sensación que se acrecienta cuando visitas Cuzco, de la mano de un guía local, que te va glosando la destrucción de la ciudad inca a manos del conquistador castellano, que tiró abajo todos los templos originarios para levantar, sobre ellos, una catedral y no pocos conventos y monasterios, en un city tour que acaba con un "Mira, todos los que te hemos escuchado atentamente somos españoles así que, si lo crees necesario, puedes lanzarnos risco abajo, en plan expiación última de pecados" mío, a la par que pienso "si aquí hubieran pasado otros diferentes a los malnacidos españoles, quizás ni tú hubieras llegado a ver la luz del sol, quizás esto fuera un erial, quizás todo hubiera sido trasplantado, piedra a piedra, a bonitos museos de magníficas metrópolis europeas"...

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Imagen superior: ruinas de la misión jesuítica de San Ignacio Miní, Santiago, Argentina.

Y entonces, viene este Papa tan molón que tenemos ahora, un Papa que se ha bajado de los zapatos rojos propios del sucesor de Pedro (con lo divino que resulta calzar unos zapatos rojos, hombre...), que vive en un cuartucho de una inmensa residencia vaticana, y se va a Bolivia y pide perdón por "los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América"... e imagino que, cuando llegue a Paraguay, última etapa de su viaje, pedirá perdón por la labor llevada a cabo, durante siglos, por los miembros de su orden, esos muchos jesuitas que regularon el comercio de la yerba mate, "esa yerba que consumen los indios pero ningún europeo de bien", enriqueciéndose con los beneficios generados de su venta, igual que hacían con el buyo en Filipinas o la coca en el altiplano andino. Porque, eso sí, a comerciantes no había quien ganase a los jesuitas, es cierto...

Y una, que ya no sabe si viene o si va, escuchando cosas tan maravillosas, pensando que deberíamos arder en el fuego ritual por tal cúmulo de atrocidades cometidas, observa, impávida, el furor causado por estas y otras declaraciones de semejante jaez, jaleadas sistemáticamente en redes sociales, por legiones de ignorantes que desconocen todo de la historia, que nada saben de la vida, me atrevería a decir, porque... en realidad, han conseguido atrofiarnos de tal manera, que ya sólo somos capaces de repetir como loros ese discurso bienpensante que ha eliminado aquello de vencedores y vencidos; que nos hace creer en un mundo ideal, en el que sólo basta con gritar, desde una tribuna, lo malos malotes que fuímos, para ser aplaudidos hasta el éxtasis; que ha hecho de nosotros, en definitiva, el producto final de un universo de color de rosa, de cuento de hadas, en el que vivimos felices, ajenos a la realidad, al conocimiento, a la única verdad...

Una verdad , querámoslo o no, que pasa por el triunfo del que vence sobre el que es vencido, como ha ocurrido toda la vida de dios, desde que el mundo es mundo; una verdad que nada tiene de políticamente correcta, porque de nada sirve fustigarnos por cosas que ni tan siquiera cometimos, ni tan siquiera sabemos; una verdad que deberíamos conocer, aunque sólo fuera por el placer inequívoco que está en el aprendizaje propio, lejos de discursos preparados que, eso sí, tienen mucho de adoctrinamiento...

Será que, quizás, resulte infinitamente más fácil entregar la cuchara, dejar que sea otro el que piense por nosotros, el que elabore la retórica, lista para ser consumida y reproducida en cientos de miles de millones de memes absurdos...

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correo@thecult.es (Mar Rey Bueno) Gabinete de Curiosidades Tue, 31 May 2016 17:54:17 +0000
Miguel de la Quadra-Salcedo, el último gran explorador http://thecult.es/gabinete-de-curiosidades/miguel-de-la-quadra-salcedo-el-ultimo-gran-explorador.html http://thecult.es/gabinete-de-curiosidades/miguel-de-la-quadra-salcedo-el-ultimo-gran-explorador.html Miguel de la Quadra-Salcedo, el último gran explorador

Resulta, cuando menos, curioso que Miguel De la Quadra-Salcedo decidiera entregar su alma el mismo día que Cristóbal Colón. El último gran explorador de ese maravilloso continente americano y el primero (con permiso de tantos otros desconocidos que, de seguro, fueron antes que él), unidos para siempre jamás en ese 20 de mayo.

Decía De la Quadra, hablando de uno de sus proyectos vitales más queridos, la mítica Ruta Quetzal, "La Ruta se inspira en un programa socrático que se resume rápido: descúbrete a ti mismo y luego proyéctate (...) Del viaje vuelven (los chavales elegidos) huérfanos, pero enriquecidos por la experiencia de haber conocido otras civilizaciones y, sobre todo, de haber aprendido a respetarlas. Me siento como el flautista de Hamelin, llevando a los jóvenes tras mis pasos".

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Imagen superior: entre 1961 y 1963, el Gobierno de Colombia amparó su labor como etnobotánico. Esas habilidades como explorador, unidas a su extraordinaria cultura y su maestría narrativa, quedaron de manifiesto cuando emprendió su carrera como reportero en Televisión Española (TVE). En aquellos años, demostró su valor en la República Democrática del Congo, en la guerra de Vietnam y durante el golpe de Estado en Chile © RTVE.

Uno de mis sueños incumplidos, quizá uno de los más ansiados, fue haber participado en alguna de las ediciones de esa mítica Ruta. Cuando, por fin, pude hacer mi ruta personal, hace ahora veinte años, descubrí en carnes propias el significado de descubrirte y proyectarte, de abrir los ojos al mundo, de compartir vivencias con culturas tan cercanas y, a la vez, tan lejanas. Y mi vida cambió, para siempre.

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Imagen superior: la trayectoria televisiva de Miguel de la Quadra-Salcedo incluye programas informativos y documentales tan inolvidables como "A toda plana" (1965-1967), "Aventura" (1969), "El mundo en acción" (1973-1978), "Los reporteros" (1974-1976) y "Españoles en el Pacífico" (1980) © RTVE.

Honra y gloria a esos dos exploradores, Colón y De la Quadra, el primero y el último de una estirpe legendaria. Una estirpe que, lamentablemente, parece haber tocado a su fin, en estos tiempos de navegaciones virtuales, que poco o nada tienen que ver con la realidad pues, como decía Miguel, en una de sus últimas entrevistas, "No se puede dejar de mirar a los ojos de las personas, de oler la tierra húmeda después de la lluvia o de sentir el aire limpio de una cordillera. La tecnología nunca logrará transmitir esas sensaciones, ningún tuiter ni ningún youtube puede sustituir eso...". Y así es...

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correo@thecult.es (Mar Rey Bueno) Gabinete de Curiosidades Fri, 20 May 2016 20:12:34 +0000
Huesos de santos http://thecult.es/el-fondo-de-la-maleta/huesos-de-santos.html http://thecult.es/el-fondo-de-la-maleta/huesos-de-santos.html Huesos de santos

Uno de los tal vez mayores agentes de la vida humana sea, por paradoja, el intento de matar la muerte. Explorar el pasado, obtener una historia, honrar a los ancestros queridos o queribles (muchos de ellos, desconocidos o inexistentes) son variables maniobras para inmortalizar a la especie, ya que no a los individuos.

Un recurso insistente consiste, al respecto, en convertir al muerto en alimento y devorarlo. Literalmente, lo han hecho remotas culturas hasta que se sustituyó la ingestión directa del finado –se supone que con todas sus virtudes entripadas– por una ceremonia: el banquete totémico. Algo de eso hay en la comunión cristiana y en los simpáticos y sabrosos huesos de santos que ilustran algunas de nuestras fiestas más o menos religiosas.

La ventaja de estas dulzuras de tahona es que desaparecen al ser masticadas. Con los huesos de los santos de verdad pueden llevarse chascos tan memorables como sus hazañas y milagros. Por algo la Iglesia los encofra en sus relicarios, para que se escapen. Se los venera de lejos y bien guardados en alhajeros que acaban pareciendo uno de esos tesoros domésticos que yacen al fondo de los armarios, cubiertos de toallas y jerseys.

En efecto, por ejemplo, los huesos de Cristóbal Colón y uno de sus hijos se mezclaron para repartirse entre Sevilla y Santo Domingo. Al inhumarse a Vasco Da Gama aparecieron en su ataúd dos cráneos. Uno de ellos, evidentemente, no le pertenecía, como tampoco uno de los dos sepulcros de Cristo que se veneran en Jerusalén. ¿Son decididamente de Cervantes los huesos que yacen en las Trinitarias?

Qué más da. Es lo que ha decidido, con buen tino, la familia de García Lorca al anunciarse la enésima excavación para ubicar sus huesos. La insistencia de los especialistas y el periodismo orillan la obscenidad. Unos y otros ignoran que lo que sobrevive de Federico no son sus huesos sino sus libros. Es cierto que se intenta una reparación social de su asesinato, que es como poder celebrar, de algún modo, su velatorio. Pero es también ignorar que un poeta tiene obra aunque no tenga biografía y que un santo hace milagros aunque no tenga huesos.

Copyright del artículo © Blas Matamoro. Reservados todos los derechos.

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correo@thecult.es (Blas Matamoro) El fondo de la maleta Tue, 10 Nov 2015 12:10:27 +0000