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A mediados del siglo XVIII, Antonio de Ulloa poseía ya un más que sobresaliente bagaje científico: había formado parte junto con Jorge Juan de la expedición geodésica franco–española (1735– 1746) que, dirigida por La Condamine, tenía como objetivo efectuar la medición de un grado del meridiano terrestre en el ecuador y determinar así la forma de la Tierra.

Carlos III y la ciencia

En la transición del siglo XVII al XVIII hubo en España un movimiento de renovación cultural que introdujo en nuestro país aspectos fundamentales del pensamiento filosófico y científico que se había ido extendiendo por los principales países de Europa. Sus protagonistas fueron llamados “novatores” de forma despectiva por quienes seguían apegados al tradicionalismo más rancio.

Yo tenía 22 años, una licenciatura en Farmacia recién estrenada y todo el tiempo del mundo. Había estudiado Farmacia a falta de una maldita décima. La maldita décima que me apartó de estudiar Medicina, la carrera que había elegido como primera opción. Pero, en realidad, lo que a mí me gustaba era la Historia. Y, en aquel lejano verano de 1992, recién licenciada en Farmacia, tomé la decisión que iba a marcar el rumbo del resto de mi vida: hacer una tesis doctoral en Historia de la Ciencia.