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Documentos existentes en archivos de Madrid y Nápoles han permitido conocer que a lo largo de su vida Carlos III tuvo cuatro elefantes, a los que visitaba con regularidad por encontrarlos particularmente inteligentes. Este artículo sintetiza la historia de los elefantes reales y su impacto en las cortes napolitana y española del siglo XVIII.

En el Archivo del Museo Nacional de Ciencias Naturales, denominado Real Gabinete de Historia Natural al ser fundado por Carlos III, se custodian más de trescientos documentos relativos a la correspondencia entre el Conde de Floridablanca y los directores del mismo, Pedro Franco Dávila y José Clavijo Fajardo, durante los quince años en que el Conde fue Secretario de Estado del Rey Carlos III.

Hacia el año 800, el califa de Bagdad, Harem al-Raschid, envió un elefante a Carlomagno. Los enviados del califa cruzaron con él el Mediterráneo y pasaron el invierno al sur del lago Mayor. Fundida la nieve, cruzaron los Alpes y llegaron a Aquisgrán, la ciudad mas occidental de Alemania, en julio del 802.

Carlos III (1716-1788), que inauguró el 4 de noviembre de 1776 el Real Gabinete de Ciencias Naturales, origen del actual Museo de Ciencias Naturales, mostró a lo largo de su vida gran interés por los animales domésticos y exóticos. Su afición le llevó a tener en las residencias reales, entre otros animales, dromedarios, avestruces, llamas, renos y elefantes. Concretamente de estos últimos tuvo cuatro a lo largo de su vida.

La larga historia del Museo Nacional de Ciencias Naturales hace que estas líneas se dediquen a la reflexión sobre su papel actual y las posibilidades futuras como institución museística y su clasificación como Museo Nacional. Conviene, pues, hacer un breve recordatorio de la definición de Museo, de las funciones que la legislación española le otorga, para ahondar en ese concepto de Nacional, que lo diferencia y destaca en el panorama de los Museos Estatales.

A mediados del siglo XVIII, Antonio de Ulloa poseía ya un más que sobresaliente bagaje científico: había formado parte junto con Jorge Juan de la expedición geodésica franco–española (1735– 1746) que, dirigida por La Condamine, tenía como objetivo efectuar la medición de un grado del meridiano terrestre en el ecuador y determinar así la forma de la Tierra.

Carlos III y la ciencia

En la transición del siglo XVII al XVIII hubo en España un movimiento de renovación cultural que introdujo en nuestro país aspectos fundamentales del pensamiento filosófico y científico que se había ido extendiendo por los principales países de Europa. Sus protagonistas fueron llamados “novatores” de forma despectiva por quienes seguían apegados al tradicionalismo más rancio.

Yo tenía 22 años, una licenciatura en Farmacia recién estrenada y todo el tiempo del mundo. Había estudiado Farmacia a falta de una maldita décima. La maldita décima que me apartó de estudiar Medicina, la carrera que había elegido como primera opción. Pero, en realidad, lo que a mí me gustaba era la Historia. Y, en aquel lejano verano de 1992, recién licenciada en Farmacia, tomé la decisión que iba a marcar el rumbo del resto de mi vida: hacer una tesis doctoral en Historia de la Ciencia.