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Tercera época - Nº 327. ISSN: 2530-7169. Lugar de edición: Madrid, España. Entidad responsable. conCiencia Cultural

"Micah Clarke", de Arthur Conan Doyle

Para aquellos lectores que sólo conocen a Conan Doyle por las novelas y relatos de Sherlock Holmes ‒lo cual, dicho sea de paso, no es poca cosa‒, el libro que hoy nos ocupa  sirve como apunte indicativo, como punta del iceberg de la inmensa obra ‒en calidad y número de páginas‒ que el escritor ambientó en diversos periodos de la historia de Inglaterra.

Aunque, tras resucitar a Sherlock Holmes, Arthur Conan Doyle ya no pudo librarse de su detective, al menos sí fue espaciando la publicación de sus aventuras, lo que le permitió  desarrollar en paralelo su faceta de escritor de novela histórica.

Los expertos no sólo discuten acerca de la verdadera identidad del autor de las aventuras de Sherlock Holmes, sino que también intentan resolver los enigmas relacionados con la vida del detective. Lo hacen con verdadero rigor científico, sin dudar ni por un instante de su existencia, como aquellos turistas que acuden a visitar la casa de Holmes en Londres y preguntan dónde se alojaba la señora Hudson.

Los enigmas de Sherlock

El libro de William S. Baring-Gould Sherlock Holmes de Baker Street, pero también otras investigaciones prodigiosas, como la edición de las aventuras del detective atribuidas a Conan Doyle, cuidadosamente anotadas por el propio Baring Gould, o más recientemente por Leslie Klinger, son imprescindibles para cualquiera que desee resolver los misterios planteados por las peripecias de Holmes.

Respuestas sin preguntas

Existe alrededor de Sherlock Holmes un terreno para la investigación tan complejo y caótico que resulta difícil presentarlo de manera coherente. Se trata de todas las novelas y relatos en los que aparece Sherlock Holmes pero que no se atribuyen a Arthur Conan Doyle.

Arthur Conan Doyle, impostor

Una vez descartado que Arthur Conan Doyle escribiera las aventuras de Sherlock Holmes, se han elaborado muchas teorías acerca del verdadero autor de las aventuras del detective.

El equívoco entre un narrador llamado John Watson y un autor público llamado Arthur Conan Doyle hizo creer a algunos lectores de la época en la que se publicaron las aventuras de Sherlock Holmes que, en efecto, el detective era un personaje más o menos real, cuya verdadera identidad se mantenía en secreto, y que Arthur Conan Doyle era tan sólo el agente literario de Watson.

Cuando los lectores se enteraron de la muerte de Holmes al caer junto a Moriarty por las cataratas de Reichenbach, tal como se contaba en El problema final, se negaron a aceptarlo.

Arthur Conan Doyle, obligado a pasar gran parte de su tiempo escribiendo aventuras de Holmes y harto de que su personaje fuera más célebre que él, anunció un día a su madre que albergaba las peores intenciones respecto al detective: «Estoy pensando en matarlo de una vez por todas. Me quita tiempo para dedicarme a cosas mejores».

No es posible continuar aquí el examen del fascinante episodio en la vida de Arthur Conan Doyle que lo enfrentó a su antiguo amigo Harry Houdini, pero lo anécdota contada en El truco más difícil de Houdini puede servir como ejemplo de los intereses y métodos tan diferentes de Conan Doyle no sólo con Houdini sino con su propia criatura, Sherlock Holmes.