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Filosofemos

La palabra filosofía está siendo tan usada que corre el peligro de significarlo todo, cualquier cosa y nada. Un modisto muestra su nueva línea de ropa y explica la filosofía de sus diseños y sus costuras. El director técnico de un equipo de fútbol describe sus tácticas y estrategias y las llama su filosofía. El consejero delegado de una entidad bancaria desarrolla su filosofía crediticia y sus planes de ahorro social, igualmente filosóficos.

Claridad, resplandor, luminosidad, destello… Múltiples nombres para un fenómeno físico a la vez que poético que se conmemoró en el Año Internacional de la Luz.

La causa de todas las causas

Cuando Aristóteles examina a los filósofos que le han precedido, casi siempre tiene críticas que hacer, muchas de ellas dirigidas a su propio maestro, Platón, pero hay un filósofo al que admira y al que parece considerar su precursor, Demócrito de Abdera:

Aristóteles no estuvo en Toledo, que yo sepa, quizá porque no era tan viajero como su maestro Platón y porque, según tengo entendido, el viaje más largo que hizo fue a Macedonia para educar a Alejandro Magno, o tal vez porque, aunque hubiese llegado a la Península Ibérica, la ciudad de Toledo o Toletum todavía no existía. Pero, aunque no haya estado en Toledo, yo sí he estado con él en Toledo, con su Poética, que he vuelto a leer en el autobús que me llevaba de Madrid a Toledo esta mañana.

¿Qué es el deus ex machina?

Deus ex machina, o apò mekhanês theós, quiere decir «Dios a través de la máquina». Se refiere a un mecanismo de poleas que en los teatros griegos permitía que un personaje apareciese en el escenario como si descendiese desde las alturas.

No podía ingenio tan vasto y sintético como el de Aristóteles dejar fuera del cuadro de su inmensa enciclopedia la doctrina de las leyes y fundamentos de lo bello. La cultivaba, no sólo como filósofo, sino como crítico, como poeta y como historiador. Le dictó la austera musa filosófica el himno a Hermías, tan lleno de pureza y elevación moral, sobria y virilmente expresada; y aquel otro canto imperecedero en loor de la Fortuna de brillantes alas, que corona de gloria a los mortales y hace resplandecer la luz en medio de las tinieblas.