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La franquicia de videojuegos Tomb Raider pasó por un lavado de cara en 2013. Fue aquel año cuando salió a la venta un reboot (reinicio), en el que sufrían cambios tanto el tono del juego como el aspecto de Lara Croft, la protagonista. En aquella ocasión, asistíamos a la primera aventura de la arqueóloga, que se nos mostraba como una joven con recursos, pero vulnerable. Por su parte, su voluptuoso y caricaturesco físico daba paso a una anatomía realista, en la que ya no se hacía explotación de su sex appeal.

Cualquier película con Matthias Schoenaerts dentro me gusta más. Aunque, como en este caso, tenga un papel episódico pero nada banal desde luego. Un papel que cierra el triángulo perfecto, aunque al final el triángulo era un cuadrado.