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Tercera época - Nº 327. ISSN: 2530-7169. Lugar de edición: Madrid, España. Entidad responsable. conCiencia Cultural

Cuidado con los vecinos

Cualquiera que haya acudido a una reunión de vecinos sabe que la convivencia no siempre es fácil; los deseos e intereses del individuo chocan con los estándares impuestos por la mayoría. A través de la figura del vecino, el cine ha hurgado en las rugosidades de la relación entre individualismo y colectividad, entre el Yo y el Otro, entre la imagen que proyectamos de cara a la galería y la oscuridad que acecha desde nuestro interior.

Prácticamente, casi todos los asesinos "famosos" han tenido su correspondiente libro o película. John Wayne GacyTed BundyAlbert DeSalvoManuel Blanco Romasanta o Andrei Chikatilo, entre otros nombres de una siniestra galería, han servido de inspiración a filmes de todo tipo, desde grandes clásicos u obras de culto hasta olvidables biopics realizados para la televisión o lanzados directamente al mercado doméstico.

Peligros del tiempo real

Alguna vez Andy Warhol puso un equipo de video sobre una pared de Nueva York para que filmara largamente –si no recuerdo mal ocho horas– lo que fuera capaz de captar desde aquel estático punto de vista sobre la lejana vida de la ciudad. Lo conseguido es un mamotreto amorfo, una de las tantas tonterías que hicieron a la celebridad de Warhol para facilitar su ingreso en la historia del arte. Una filmación impersonal, anónima y sin historia, una objetividad indiscutible y sin forma.

El rodaje como experiencia vital

Alfred Hitchcock decía que una vez escrito el guión y dibujado un completo story board, la película ya estaba hecha, y que él sólo las rodaba porque era la única manera de que la gente pudiera verlas en el cine.

Un momento cinematográfico

El cine, y también la novela, seleccionan ciertos hechos de la vida real porque le resultan especialmente interesantes o vistosos. La novela lleva haciéndolo desde hace siglos y el cine desde hace más de cien años. Muchos de estos momentos de la vida se han repetido tantas veces en el cine que acaban recordando no a la vida, sino a otra película.

Vértigo Redux y el hipertexto

En El guión del siglo 21 hablé de Cinema Redux en relación con los hipervínculos y las lexias de George Landow. Después de hablar de las unidades narrativas o de significado que componen un hipertexto, establecí una comparación que, creo, es interesante.

La personalidad de Hitchcock era tan potente, tan cuidadosamente agresiva, que sus propias opiniones acerca de las películas que dirigió son capaces de influir al público de una forma muy decisiva. Si lees en cualquier libro o página dedicada al cine las opiniones sobre esta película, encontrarás que muchas de ellas se dejan llevar por la propia inquina que el director inglés le tenía.

El rojo sienta bien a las rubias

Una de las primeras escenas de Crimen perfecto, la hitchcokiana película de 1954, nos presenta a su protagonista, Grace Kelly (que no era todavía, como es obvio, Gracia Patricia de Mónaco) con este vestido rojo tan especial, insinuante y que le sienta tan bien. Se trata de un vestido forrado de encaje, con escote corazón, cintura ajustada, falda amplia, que llega hasta media pierna y que se complementa con un bolero que, apenas cubre las mangas y la espalda de la actriz.

A la hora exacta

Hay besos y besos. Un beso casi fraternal, de buenos días, con un Ray Milland algo tenso y una Grace Kelly muy puesta en su sitio. Un beso apasionado, con Robert Cummings soñoliento, quizá producto del jet lag, y ella vestida de rojo, alfombrada de rojo se diría, con un vestido de gasa palabra de honor, de escote corazón y ese bolero de encaje con las mangas al codo…

En 1956 Alfred Hitchcock decide hacer un remake de una película suya de 1934. Ambas llevan el mismo título original, The Man Who Knew Too Much.