Mi amigo el muerto

De los múltiples géneros y tópicos del periodismo, uno muy especial es el de la necrológica. Es un tipo de nota en que un vivo intenta señalar que sigue vivo frente a un congénere que ya no lo es. Es decir que el protagonista de la prosa es el superviviente y no, como sería del caso, el occiso.



Las letras y la amistad. Correspondencia (1920–1958), Alfonso Reyes, Guillermo de Torre, edición de Carlos García, Pre-Textos, Valencia, 2005, 285 pp.

“La experiencia literaria y otros ensayos”, de Alfonso Reyes (Monterrey 1889–México DF 1959), recoge cartas, ensayos, artículos y apuntes de uno de los grandes narradores, críticos y ensayistas iberoamericanos del siglo XX.

Alfonso Reyes en Madrid



También Madrid, y cómo no, se asoció a las celebraciones del centenario de Alfonso Reyes. Al fin y al cabo, el maestro de Monterrey pasó aquí los mejores diez años de su vida y contribuyó a descubrir un Madrid digno de la viñeta literaria, a recuperar a Góngora, a presentar a Chesterton, a releer al Cid y al Arcipreste, lejos de las contiendas europeas y mexicanas, en una España que prolongaba su bella época sin pensar en males mayores.

Ensayos de Alfonso Reyes



La sospechosa verdad
En la primera mitad de la década de 1940, hacia el centro de su carrera de escritor, Alfonso Reyes insiste en temas de teoría de la literatura y de la crítica. Me refiero a La experiencia literaria (1942), El deslinde. Prolegómenos a la teoría literaria (1944) y Tres puntos de exégesis literaria (1945). En cercana línea agrego dos trabajos de historia: La crítica en la edad ateniense (1941) y La antigua retórica (1942).