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First Publishing fue una de las primeras editoriales independientes (esto es, ninguna de las dos grandes: Marvel o DC) que a comienzos de los ochenta transformaron el panorama del comic-book. Y lo hicieron no sólo cambiando el modelo de negocio, sino con apuestas creativas que trataban de distanciarse de los patrones y esquemas ya establecidos en el formato superheróico.

Marvel Héroes. Capitán Britania

Estamos ante una obra fundamental del cómic británico. Un cómic tan aventurero como ideológico, que debería ser de lectura obligada para todos aquellos que deseen comprender lo que supuso el tebeo inglés en la década de los ochenta.

Los superhéroes dominan la industria del cómic norteamericano, pero rara vez encontramos ejemplos de este género creados en otros países, siendo las diferentes ediciones autóctonas del material estadounidense las que están a disposición de los aficionados de todo el mundo.

Comprendo perfectamente el hechizo que despierta el recuerdo de Watchmen (1986). Y también comprendo que Alan Moore decidiera no involucrarse en las precuelas de su obra maestra. ¡Vaya sí lo comprendo!

Hombre, si uno puede apasionarse con una precuela bien hecha, es que una franquicia funciona. Aunque no lo parezca, secuela, precuela o reboot ‒en nuestro idioma: reinicio‒ son palabras mayores. Ya saben cuánto nos deben importar el respeto a un legado, la continuidad de un proyecto creativo o el homenaje a una obra con mayúsculas.

El monstruo

Imagínense lo que supone este descubrimiento para quienes no somos británicos. Una vieja revista inglesa, Scream!, publicada en 1984. Una revista que, además, seguía la moda de aquellas fechas, con episodios de terror y misterios góticos equiparables a los que había editado Warren al otro lado del Atlántico.

Antes de Watchmen: Rorschach

Si quieren una discusión densa y prolongada, planteen a un admirador de Alan Moore la necesidad de publicar un cómic como Antes de Watchmen. Créanme: a veces, nuestra admiración por los grandes artistas está tan llena de supersticiones como una tienda de amuletos. De ahí que convertir una novela gráfica como Watchmen en un tótem intocable me parezca inoportuno, sobre todo cuando uno descubre un spin-off de tanta calidad como el que hoy nos ocupa.

Miracleman: El sueño de volar

Con la publicación por parte de Panini Cómics de Miracleman: el sueño de volar en nuestro país, se pone fin a un hiato de más de veinte años, desde que en 1991 Fórum publicase en el número once de la colección homónima la última aparición del personaje.

Si un año atrás, alguien me hubiese dicho que veríamos publicadas sendas obras de Alan Moore: Miracleman y The League of Extraordinary Gentlemen: Dossier Negro, le hubiese recomendado que dejase la bebida. Afortunadamente, me congratulo de que mis dotes de vidente sean nulas.

Alan Moore es un tipo audaz. Siempre lo ha sido. De hecho, al aproximarse a un territorio narrativo que empezaba a ser un espacio tranquilizador y domesticado –me refiero al cómic de superhéroes de los primeros ochenta–, Moore decidió que era la hora de –metafóricamente– sacar el cuchillo y ser implacable. A esa valentía del guionista debemos alguna que otra obra maestra. Por ejemplo, ésta que hoy les traemos.