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Tercera época - Nº 327. ISSN: 2530-7169. Lugar de edición: Madrid, España. Entidad responsable. conCiencia Cultural

Sir David Attenborough, el gran comunicador y naturalista británico, estudió Ciencias Naturales en la Universidad de Cambridge. Ha producido y presentado programas de historia natural para la BBC desde la década de los cincuenta, cuando rodó su primera serie, Zoo Quest (1956-1959).

"Anónimo fue una mujer", que decía la Woolf.

El árbol genealógico que enlaza y ordena a los grandes o pequeños cineastas ha ido ramificándose desde 1895, generando una industria poderosa y un culto que se ha convertido en mitología para todos aquellos que citan la cinefilia como parte de su personalidad.

Esa epopeya científica que es ‒y será‒ la exploración del cerebro debería convertirse en una obsesión pública e institucional. Lo merece por sus prometedoras consecuencias en ámbitos como la salud y la educación, y también por el modo en que sus conclusiones irán influyendo en terrenos que van más allá de la ciencia y que atañen a las humanidades y a las ciencias sociales.

La idolatría contemporánea por el presentismo, por ese momento fugaz al que llamamos actualidad y que en tantas ocasiones sólo es un engaño pasajero, nos impide comprender el verdadero sentido y significado del ser humano en el flujo del tiempo, inserto en ese circuito de doble vía que forman la naturaleza y la cultura.

El lobo tibetano (Canis lupus chanco) aún recorre las estepas y áreas montañosas de Asia Central en busca de sus principales presas, la gacela de Mongolia, el caballo Przewalski y el ciervo. Sin duda, es un depredador poderoso y de imponente aspecto. ¿Pero qué tiene esta criatura para fascinar al cineasta Jean-Jacques Annaud?

Ghost in the Shell se consolidó dentro de la mitología pop casi desde su lanzamiento por parte de la editorial Kodansha ‒luego replicado por Dark Horse en Estados Unidos‒ durante el mes de mayo de 1989, en las páginas de "Young Magazine".

Quizá el lector lo haya comprobado con otras obras. Cada vez es menos anecdótico encontrarse con científicos que superan esa asfixiante ley del embudo que nos condena a una sola especialidad. Se trata de investigadores que, además de mostrar su talento en el laboratorio, acreditan que son unos escritores magníficos.