"A la intemperie", de Rosamond Lehmann

En Invitación al baile Rosamond Lehmann se detiene en la historia de Olivia cuando esta tiene diecisiete años y va a asistir a su primer baile. Cualquiera que haya tenido diecisiete años y haya tenido que lidiar con los preparativos, el desarrollo y las consecuencias de algo así sabe lo que se siente y lo que se anticipa. Los deseos que no se cumplen y las esperanzas que se terminan la misma noche en la que nacen. Pero también las extrañezas y el nacimiento de emociones que no esperabas y que existían agazapadas dentro de ti.

Nos llega Resident Evil: El capítulo final catorce años después de que Alice (Milla Jovovich) se topara con la primera horda zombi en la película inaugural de esta saga, inspirada en el videojuego homónimo.

Uno de los comienzos más citados de la historia de la literatura es éste:

Pues sí señora. Decía la Woolf, en uno de sus escritos más célebres, que una mujer nacida con un gran talento en el siglo XVI se hubiera enloquecido, se hubiera metido un tiro o hubiera acabado sus días en una choza solitaria, fuera de la aldea, medio bruja, medio hechicera, burlada y temida.

Alguien podría decir que la miseria es afrodisíaca, y por eso la gente que vive en las peores condiciones no deja de procrear. Por supuesto, ese alguien sería una persona desinformada e indudablemente cruel, pero habría que darle la razón en un solo detalle: en los lugares más carentes de recursos, suele haber niños por doquier.

A veces abrigo la sospecha de que algunos de los problemas del cine moderno se deben a una infeliz necesidad de complicarlo todo, como si un largometraje fuese un retablo barroco lleno de golpes de efecto, temblores de cámara y alardes digitales. Frente a esa impresión, M. Night Shyamalan parece sentirse feliz con dos virtudes del cine de antaño: el clasicismo narrativo y el ingenio de la puesta en escena.

Ben Affleck, tal vez lo sepan ya, es un formidable guionista y realizador. El núcleo de sus películas encierra siempre una verdad emocional y, cuando el argumento lo permite, una disección del alma irlandesa de Boston, su ciudad de origen.

Virgil Finlay (1914-1971)

Ya hemos comentado en entradas anteriores la importancia que tuvieron los ilustradores de las revistas pulp en la formación de los iconos de la ciencia-ficción.

El universo Marvel de Grant Morrison

Hay tres cosas que me gusta encontrar en los cómics de Grant Morrison: sentido de la maravilla (o del delirio), un subtexto literario y esa manera que tiene de analizar (en diagonal) los márgenes más turbios de nuestra sociedad. Añadan a esa mezcla una pizca de humor y entenderán por qué esta antología que hoy nos ocupa es tan recomendable.

En el siglo XX ha habido enseñanzas de la historia que han cambiado el rumbo del mundo, no sólo en un aspecto material o geoestratégico, sino desde una perspectiva ética y moral. La caída del muro fue una de esas lecciones, precedida por un largo, sinuoso y doliente trayecto que comenzó en 1917.