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Se ha dicho y con fundamento que el fútbol es una de las religiones sustitutivas más eficaces que han paliado la crisis de las religiones tradicionales. Parece probarlo su difusión universal, esa suerte de música de los cuerpos y guerra simbólica que no necesita lenguaje verbal ni, por ello, traducciones. Tiene, como todo lo sacro, sus ritos, sus leyes al margen de la ley de la Ciudad –léase: barras bravas– y hasta ese día de juego que coincide con el día santo de los cristianos.

Aunque pasar por un proceso de ruptura amorosa es algo que ocurre a la inmensa mayoría de las personas a lo largo de su vida, no hay un manual de actuación y lo que suele hacerse es más por intuición, por necesidad o por simple desesperación. De la forma en que se encare una ruptura dependerá en gran medida la manera en que la persona afectada continúe afrontando el reto de la existencia. Y en muchas ocasiones un mal afrontamiento determinará secuelas que pueden perdurar más allá de lo necesario y de lo deseable.

No conozco otra época reciente en que aparezcan más grupos civiles, asambleas, plataformas y foros, tal y como está ocurriendo en la actualidad. La sociedad española ha estado dominada por la política de los partidos y han sido ellos los que han cosido cada una de las estructuras desde la Transición hasta estos últimos tiempos. Quizá, en cierta medida, también los sindicatos han sido elementos de cohesión de las ideas y de expresión de las inquietudes, pero hace mucho que se convirtieron en entes sin alma, sin verdadera conexión con lo que la sociedad piensa y desea.

«El fin no puede justificar los medios, por la simple y obvia razón de que los medios empleados determinan la naturaleza de los fines producidos.» (Aldous Huxley)

La información periodística está perdiendo su valor de cambio. Es decir, se está configurando como una mercancía por la que los consumidores están, cada vez, menos dispuestos a pagar, especialmente en el entorno digital.

Ayer leí una frase del escritor francés Gérard de Villiers, fallecido hace unos días a los 83 años de edad, que decía: "Me considero un cuentacuentos, alguien que escribe para distraer a la gente, porque la mayoría de la gente tiene una vida de mierda”.



Cuerpos en bandeja. Frutas y erotismo en Cuba, Orlando González Esteva, ilustraciones de Ramón Alejandro, Artes de México, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, México, D.F, 1998, 128 pp.



El exilio filosófico en América. Los transterrados de 1939, José Luis Abellán, Fondo de Cultura Económica, Madrid, 1998, 461 pp.

Desde que Clifford Geertz publicó en 1973 su monografía La interpretación de las culturas, tan justamente célebre, este antropólogo ha sido capaz de variar el curso del debate etnográfico para introducir el ritmo contagioso de la postmodemidad, perceptible en el manejo de saberes, ciencias y doctrinas que muy pocos se habían atrevido a interpenetrar hasta entonces.

A lo largo de su extensa vida como periodista, Eduardo Haro Tecglen (1924-2005) fue redactor, crítico literario y teatral, corresponsal y columnista.

Ramón Llull: vida, pensamiento y obra literaria. Lola Badía y Anthony Bonner. Sirmio, Barcelona, 1993, 241 páginas

El problema filosófico de la historia de las religiones. Xavier Zubiri. Presentación de Antonio González, Alianza, Madrid, 1993, 404 páginas

Metáforas del poder, José M. González García, Alianza, Madrid, 1998, 250 pp.


La bibliografía de Certeau en español es escasa; la que conozco viene de México, de la Universidad Iberoamericana: La escritura de la historia, La fábula mística. Siglos XVI–XVII, Historia y psicoanálisis.


Hugo Biagini, Filosofía americana e identidad. Eudeba, Buenos Aires, 1989, 342 páginas

Curioso destino el del filósofo alemán Karl Christian Krause. Borrado, en su tiempo y su patria, por las poderosas sombras de los grandes pensadores románticos (incluido Hegel), logró escapar a la crueldad de tales vecindades por el predicamento que sus libros fueron obteniendo en Bélgica, España y América Latina.



 
Para exponerlo y discutirlo en un seminario, me tocó hace poco volver sobre el tema de Don Juan.


Polemizaron alguna vez Antonio Muñoz Molina y Javier Marías sobre arte y moral. Apostillo: el arte, como cualquier acto humano, es moral «por naturaleza».

Ignacio Sánchez Cámara es catedrático de Filosofía del Derecho además de un conocido columnista. Entre sus libros, figuran La teoría de la minoría selecta en el pensamiento de Ortega y Gasset (1986), Derecho y lenguaje: La filosofía de Wittgenstein y la teoría jurídica de Hart (1996) y De la rebelión a la degradación de las masas (2003). Secretario de redacción de Revista de Occidente (2001–2002) y director del Centro de Estudios Orteguianos (2002), Sánchez Cámara es el interlocutor idóneo para hablar de Ortega y Gasset y la revista por él creada.

En cuanto a ética histórica (política, por mejor decir) Sartre tiene razón: la historia es ejercicio del poder y práctica de la guerra, de modo que juzgarla moralmente está fuera de lugar.

La filóloga Nuria Claver es coordinadora editorial de Claves de Razón Práctica, una de las revistas de cultura y pensamiento más prestigiosas de nuestro entorno. Gracias a ella, conoceremos más de cerca esta imprescindible publicación.

«Cada cual es según hace», ha escrito para siempre Cervantes. Tal vez formuló con exactitud poética un principio que el pensamiento occidental viene replanteando desde antiguo: Verum factum est, algo así como que la verdad es aquello que se hace, que no es algo dado ni basta con decirla.

Dijo Heráclito hace algunos siglos que «todo sucede según discordia». Demos por bueno que lo dijo con estas palabras castellanas.


Dejó dicho Prosper Mérimée: «Hay un fantasma ante el cual huyo: soy yo mismo».

Ante las ruinas de Europa, tras la guerra de 1914-1918, Paul Valéry reconoció, lastimero, la mortalidad de las civilizaciones.

Hombre docto y paciente, don Ángel María (1869-1930) eligió para conducir su vida dos saberes en los que las dos cualidades antes citadas le eran de suma utilidad: la filosofía y la teología.

Todo un ejército de estatuas conmemora el pasado de Santiago de Compostela. Y sin embargo, las hay que no homenajean como es debido a su personaje.

La globalización tiene sus virtudes y sus vicios, como toda empresa humana. Gracias a ella tenemos comunicaciones simultáneas con toda la extensión del planeta y podemos empezar a prescindir de tribalismos y demás delirios étnicos.