Hace poco menos de quince días, le contaba a un amigo que uno de mis planes para el próximo puente de la Inmaculada era encadenar dos conciertos de dos de mis grupos favoritos, ya que, para variar, no puedo permitirme salir de la ciudad.

Pete Doherty, antes de conseguir éxito y fama con The Libertines, dejó por escrito el objetivo que él y Carl Barât compartían en el mundo de la música:  "To gain a measure of immortality in the plastic bubble of popular culture. A tricky task—unless one happens to be equipped with the belief, the talent, and the fervour." (Conseguir un pedazo de inmortalidad en la burbuja de plástico de la cultura popular. Una tarea complicada, a menos que uno cuente con la convicción, el talento y el fervor para ello).

Imagen superior: Xoel López en una foto promocional de "Paramales" © Lola García Garrido 

Imagen superior: Major Lazer & DJ Snake y MØ, "Lean On" © Crispy Crust Records

Imagen superior: Florence Welch fotografiada por Norman Jean Roy para el artículo "The Vogue 120: The Stylish Singers, Designers, Actors, Models, and More (Under 45)" (Vogue, edición americana, septiembre de 2012)

Foxygen, el dúo que formaron Jonathan Rado y Sam France hace más de 10 años en California, no deja indiferente a nadie. Levantan pasiones en ambos sentidos: o te encantan o no los soportas. Mi caso es el primero, y más después de poder asistir al concierto que dieron el pasado sábado 30 de mayo, dentro del festival Primavera Sound de Barcelona. Ahora bien, muchas otras personas se fueron decepcionadas, y tenían sus razones.

El 24 de junio de 1935 moría Carlos Gardel. Este cantor de tangos argentino, como suele ocurrir en Argentina, tal vez fuera uruguayo o francés. Los eruditos se han enzarzado en sutiles disputas documentales acerca de fechas y lugares de nacimiento y las conclusiones siguen inciertas y sugestivamente misteriosas. ¿Toulouse o Tacuarembó? ¿ 1883, 1887 o 1890?

Image superior © Brian Appio
Da gusto ver a Janet Weiss tocar la batería de nuevo como miembro de Sleater-Kinney. Ella misma, durante las entrevistas promocionales para presentar No Cities To Love, define el sonido de la banda como visceral. Y el adjetivo resulta acertado, tanto para sus primeros trabajos, publicados a finales de los noventa (Call the Doctor, en 1996, y Dig me Out, en 1997), como para el álbum que publican ahora, diez años después del que fuera su anterior trabajo, The Woods (2005).

Cuando un músico de rock lleva cierto tiempo en el negocio y alcanza cierta edad tiene que hacerse un Lou Reed. O, dicho de otro modo, tiene que asumir que ya no tiene edad para el lado salvaje, dejarse de subterráneos aterciopelados, de vicios y de satélites de amor.

Si están un poco al tanto de las últimas tendencias se habrán dado cuenta de que en las redes sociales, en televisión y en los clubs del país se ha impuesto un odio a lo hipster. Es decir, por las cuentas de Instagram de todo el país corren chistes sobre barbudos con camisas de cuadros a los que confunden con leñadores, e incluso han sacado unos adornos de Navidad adecuados para colgar en las abundantes barbas del individuo identificado como hipster.

Este tiempo que anuncia la llegada del invierno invita a quedarse en el sofá, tapado con una manta hasta la barbilla, y con una taza de té humeante al alcance de la mano. Mientras los días no dejan de menguar, esta época incita también al recogimiento. Y gentes de todo tipo y condición empieza a desempolvar los adornos navideños, el Belén, a pensar en veladas familiares, todo ello mientras se invoca la posibilidad de que este año toque la Lotería y de que el año que viene las cosas mejorarán.

Con más de 3 millones de copias vendidas a sus espaldas (1 millón y medio de ellas fuera de Francia), ZAZ, la artista francesa más internacional publica su tercer álbum, producido por Quincy Jones.

 
Seguro que la mayoría de ustedes se habrán encontrado en la situación, casi mágica y que desafía la lógica más fría, en la que te reencuentras con un amigo al que no ves desde hace años, y tras diez minutos de conversación, sientes que el tiempo alejados desaparece, y puedes hablar con esa persona como si la hubieras visto el día anterior. Sé que se da en contadas ocasiones. Diría que es más fácil ver un eclipse solar, y no digamos lunar. Pero en ocasiones ocurre. Y como son tan raras, son ocasiones que atesoramos.

Aunque cuando he escrito sobre música he hablado poco de pop, y me he centrado en artistas de ritmos más rock o folk, o en música más “adulta” como la de John Grant o Eels, creo que ha llegado el momento de reivindicar el pop. Todo ha venido porque un amigo me ha recordado la canción de Fangoria que dice aquello de “hagamos algo superficial y vulgar”.

Si un hijo suyo les dice que quiere ser poeta, es posible que a más de uno le dé un disgusto, porque habrá quien piense, con razón, que lo va a tener difícil en la vida para comer caliente todos los días.

A Hawk & A Hacksaw es un dúo compuesto por la violinista Heather Trost y el percusionista Jeremy Barnes (miembro original de los míticos Neutral Milk Hotel). Bajo un impronunciable nombre inspirado en el Don Quijote de Cervantes y en el patrón rítmico balcánico Aksak, el dúo firma composiciones imbuidas de las vibrantes músicas de Europa Central con una actitud más aperturista que dogmática. Y así, lejos de limitarse a un acercamiento superficial van al tuétano de la tradición.

La música gitana de los países balcánicos, es junto a otras músicas gitanas bien conocidas, una de las joyas del patrimonio musical de los pueblos gitanos y por extensión de nuestra cultura europea. Este peculiar acerbo cultural se dio a conocer, y se popularizó, gracias a las películas de Emir Kusturica o Tony Gatlif, y por los cada vez más asiduos conciertos de la llamada “gypsy world music”.

Joséphine Baker nació en 1906 en Saint Louis (Missouri). Como tantas otras personas de raza negra de su generación fue víctima del segregacionismo y pasó su infancia trabajando como empleada doméstica y niñera para colaborar en la humilde economía de su familia.

La ecléctica y singular Loreena McKennitt actuó el día 26 de abril de 2011 en Castellón, en el Auditori i Palau de Congressos. La cantante canadiense de ascendencia irlandesa y escocesa finalizó en nuestra ciudad la gira “Celtic Footprints” que, iniciada en Zúrich, le había llevado por otros 10 países además de las ciudades españolas de Murcia, Zaragoza, Barcelona y San Sebastián.

Tuvimos la oportunidad de conversar con Maribel, la mujer que cuando canta se convierte en Martirio. La cantante onubense vino al Edificio Hucha de la Fundación Caja Castellón para hablar del maravilloso momento que está viviendo la copla y compartir con nosotros la visión de la que es considerada por todos una de las grandes revolucionarias del género.

Algunos aficionados al folk a menudo justifican su pasión por esta música con argumentos de base racial y patriótica, y apelan a adjetivos como puro o genuino para calificar lo que, en esencia, no es más que la representación de la comunión entre la tierra y sus gentes. Estos lazos emocionales se fundamentan en la utilización de elementos –en este caso, instrumentos y melodías– fácilmente identificables con tal o cual lugar o con tal o cual época.

Si entendemos que arte es lo que queda cuando olvidamos cómo era la obra en sí, podría decir que para mí arte es la banda sonora de A Single Man. Aunque hace más de un mes que fui a ver la película de Tom Ford y solo recuerdo ya de ella su exquisita perfección formal, su cuidadísima estética y la sensibilidad que ha demostrado el director para narrar la historia, la cuestión es que es su música la que me persigue a todas horas y ha pasado a formar parte de mi banda sonora particular.

Traces of you se descubre como el álbum que ha inspirado las composiciones más profundas de Anoushka Shankar.

 La música de Eels se mantiene siempre pegada a la tierra, igual que el mago que se esconde tras la cortina de toda esta magia, Mark Oliver Everett, cronista de vicisitudes grandes, pequeñas, alegres y tristes de su vida, que podría ser la de cualquier otro.

Nica Rothschild y Thelonious Monk en el club Five Spot (Nueva York, 1964).

 En la cultura popular estadounidense Al Yancovic es bien conocido. Tanto, que ha logrado aquello que corona a una personalidad: aparecer en un capítulo de Los Simpson y doblarse a sí mismo.

Ahora que estás tan de moda las historias postapocalípticas y las distopías, permítanme plantear un escenario hipotético: si me dijeran que dentro de una semana habrá un holocausto nuclear o, aún peor, desaparecerán las últimas abejas del planeta, y que solo puedo salvar 32 Gigas de música (lo que cabe en mi Mp3), puedo asegurarles sin ningún pudor que 31 de los 32 Gigas serían de música británica.

A pesar de que el nombre de su banda, White Zombie, estuviese sacado de una vieja película de Bela Lugosi (en España, La legión de los hombres sin alma), e incluso de que las letras de sus canciones fueran un cúmulo de referencias al cine y los cómics de terror, lo cierto es que ninguno de los jovenzuelos que agitábamos nuestras ya extintas melenas al ritmo de los temas de la banda nos habríamos imaginado que su líder Rob Zombie se convertiría en un interesantísimo cineasta.