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Para quienes siguen disfrutando con los placeres de la vieja escuela (es decir, largas conversaciones en persona, un libro, una película...), este magnífico ensayo de Adam Alter será una confirmación de esa sospecha que algunos compartimos en voz baja: los ordenadores, capaces de facilitar incomporablemente la transmisión de conocimientos o la filantropía, son también el foco de una adicción muy típica de nuestro tiempo.

En estos tiempos en los que la mayor parte de nosotros vive dentro de las ciudades o a las afueras de éstas, la vida salvaje adquiere un matiz exótico, a veces casi legendario. Y sin embargo, la gran maquinaria de la naturaleza sigue funcionando, con ciclos y cambios sutiles que parecen el fruto de un milagro biológico.

Como en otros libros anteriores, Javier Cacho refleja aquí a los pioneros de la exploración polar como héroes de epopeya, pero sin esconder sus flaquezas y emociones. En este caso, el protagonista es un personaje muy significativo de la gran aventura helada: Fridtjof Nansen (1861-1930), humanista y a la vez amante del riesgo, un auténtico atleta y un científico con amplios conocimientos de zoología y oceanografía, y asimismo con una habilidad más que notable para el dibujo.

No teman aquellos lectores a quienes impacientan los autores checos poco divulgados. No nos encontramos ante un escritor de vanguardia, ni ante un raro cabalista. En realidad, Egon Erwin Kisch fue una gloria del periodismo, y sus crónicas, amenas y profundas, no han perdido ni un ápice (o casi) de su vigencia.

Para los lectores que se toman su afición como si fuera un oficio, acostumbrados a que los días sean demasiado cortos y los descubrimientos demasiado pasajeros, Clarice Lsipector (1920-1977) es una figura legendaria. Y no sólo por la densidad de su literatura, sino también por su imagen personal. Al fin y a al cabo, aquella gran dama de Río de Janeiro parecía eternamente poseída por un glamour ‒un hechizo‒ que ni siquiera se apagó con su muerte, ocurrida en 1977.

Es una pregunta digna de Hamlet. ¿Clonar humanos?  La idea no sólo zumba en los oídos de los investigadores, sino en los de cualquier ciudadano que se interese por un porvenir cada vez más vertiginoso e impredecible.

No por azar ni en vano se dice que nuestra edad está fechada en el cerebro. Y no hablo tanto de la edad mental ‒me refiero al poso de juventud que nos queda en la madurez‒ como de la edad física. Al fin y al cabo, un cerebro sano es, muchas veces, el indicador de una vida saludable y plena.

Vuelve a las librerías Andy Weir con una novela, Artemisa, que luce las mismas virtudes que su predecesora, El marciano, un libro con el que Weir se consagró en el panorama de la ciencia-ficción con una mezcla muy atractiva de aventura espacial y verosimilitud científica.

Al llegar a la última página de este trayecto que nos propone Luis Pancorbo, el lector puede mostrarse agradecido por muchas cosas, pero especialmente por la intensidad con que el autor le recuerda qué es el viaje ilustrado. Un viaje culto, libre, precedido por muchas lecturas. Un viaje, en fin, que no admite las medias tintas ‒para eso ya está el turismo‒ y en el que la curiosidad nunca se extingue.

Mary vive en una ciudad del este de Texas cuya mayor riqueza es el petróleo. La industria petrolífera define el modo de vida, influye en sus personajes y en el aire entero del lugar. Su padre bebe, tiene una hermana ciertamente atrevida, su madre pasa de un matrimonio a otro...

La literatura gótica vuelve. Y no solamente en las reminiscencias que podemos observar en la literatura juvenil: esas sagas llenas de seres extraños, paisajes tenebrosos, héroes formidables y muchachas en peligro. También vuelve en la literatura de adultos y este libro es una muestra de ello.

La cuestión está en que no puedo contaros demasiado de este libro porque, casi todo lo que cuente puede convertirse en spoiler. Y, creedme, aquí el spoiler es el fin de la historia.

Aunque creo que ya no hay mucha gente que dude hoy de la importancia literaria de Philip K. Dick, esta es una buena ocasión para reivindicar su versatilidad. No me parece mala idea, dado que, hace no demasiado tiempo, Dick aún era víctima de los tópicos.

Durante siglos, la humanidad creyó que la inteligencia es la que es, y no otra. Sin duda, la inteligencia venía a ser uno de los dones propios, y casi exclusivos, del homo sapiens. Con sus gradaciones sucesivas dentro del reino animal, esa virtud biológica se situó como el motor del conocimiento humano y como la razón de su adaptabilidad como especie.

El impacto que las series de televisión están teniendo en la conformación del pensamiento e incluso del modo de vida actual es evidente. En el mundo occidental, el que disfruta de canales de televisión por cable, fibra óptica y de pago, las series han sustituido cualquier otro tipo de entretenimiento.

¿Qué es la botánica? El saber científico nos detalla al respecto las mil facetas del universo vegetal, pero a mí me gusta más la idea de trabar amistad con esos seres que, gracias a la alquimia de la fotosíntesis, permiten la vida en la Tierra. En todo caso, los botánicos no son los únicos que se preocupan por el reino de las plantas. También lo hacen los agricultores, los jardineros e incluso los cocineros. O como nos recuerda Amy Stewart en este maravilloso libro, los creadores de bebidas alcohólicas.

Cuando leemos un libro como Damas oscuras, lo que sucede con nuestra imaginación es de lo más curioso. Tenemos, por un lado, la certeza de que ha sido una experiencia placentera, de la que no salimos defraudados en ningún tramo de la lectura. Y por otro, acabamos con la impresión de haber asistido, hipnotizados y crédulos, al desvelamiento de un mundo fantasmal, tan evidente como sumergido en la tiniebla.

En las tardes de invierno, húmedas y frías; en las largas sobremesas nocturnas del verano; en las vacaciones de Navidad; en el tiempo de los desayunos compartidos; en las reuniones, en los encuentros, la familia discutía de política, sacaba a la luz los acontecimientos relevantes y todos expresaban su opinión sin cortapisas.

Miles de personas desfilan diariamente por el perfil que Ángel Sanchidrián abrió en Facebook. Y lo hacen igual que si fuera una consulta cotidiana con su humorista de cabecera. O igual que ese encuentro con el compañero ocurrente que anima la tertulia en el café, tras la consabida sesión de cine.

Vamos conservando, en libros y en películas, o en la caja de los recuerdos, imágenes que a menudo no son fidedignas, pero que nos sirven para imaginar a los personajes históricos. Quizá por esta razón, algunas de esas figuras han sido mitificadas de tal forma que ya resulta imposible separar la realidad de la leyenda.

No es fácil convencer al lector moderno de que la idealización del pasado tiene vacuna. Por ejemplo, lo que le da fuerza a la versión popular del mundo grecolatino es, de forma justificada, esa imagen solemne, grandilocuente y legendaria que nos brindan el cine y cierta novela histórica. Frente a esa simplificación, es muy saludable leer un libro tan ameno e informativo como el de Jerry Toner, un verdadero modelo de divulgación y repleto de datos que contarrestan los viejos clichés sobre el mundo antiguo.

No siempre podemos decir qué es lo que nos asusta, lo que detestamos con secreta admiración, lo que nos invita a sentir cómo la sangre empieza a bombear... Por eso necesitamos un arquetipo, un símbolo, alguien que detente ese poder supremo, y bajo cuya pisada prosperen las malas hierbas y el olor de la muerte.

Cuando leemos al filósofo francés Luc Ferry, el asombro ante los avances tecnológicos va tiñéndose de una inquietud que, llegado el caso, él mismo se encarga de excitar. Y es que, a su modo de ver, el transhumanismo ‒ese avance evolutivo que no es biológico, sino digital y mecánico‒ y la economía colaborativa ‒que también tiene un trasfondo digital‒ vienen a prolongar la esencia del humanismo democrático, pero a un precio que no siempre deberíamos pagar.

La historia, si se analiza desde cierto ángulo, está poblada de lecciones acerca de casi todo. A la manera de fábulas o mitos, esas lecciones se encarnan en determinadas figuras cuya biografía plantea modelos, metáforas, advertencias en el camino y detalles ejemplificantes.

El Cosmere... Con sólo hacer mención a este territorio imaginario, miles de lectores reaccionarán con esa fidelidad que Brandon Sanderson (Nebraska, 1975) ha logrado entre sus seguidores. Un mérito plenamente justificado, puesto que hablamos de uno de los escritores de fantasía mejor valorados de estos últimos años.

Asiste uno fascinado, como le sucederá a casi cualquier lector, al repertorio que nos ofrece Nuccio Ordine. Un breviario de textos clásicos, comentados por alguien que ha leído mucho y que agradece las lecciones recibidas con una perspicacia y una claridad asombrosas.

Si fuese verdad la mitad de las predicciones que difunden los comentaristas de la red, veríamos por la calle los signos del apocalipsis, como ocurre en esas obras de ciencia-ficción cuya lógica narrativa es la del desastre absoluto de la civilización humana.

Va pasando la vida, y uno parece advertir que los cambios resultan cada vez más difíciles, y que lo que podríamos llegar a ser no es fácil sin una dosis suplementaria de sufrimiento. Y cuando nos ofrecen un remedio para esa melancolía, solemos dejarlo archivado para leerlo más tarde.