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La historia es ese lugar tumultuoso y fascinante al que hay que viajar con sentido común ‒o al menos, con prudencia‒. Es lo que requiere siempre la exploración de un territorio complejo. En este sentido, las ideas preconcebidas tienen un efecto tranquilizador para quien las frecuenta, pero conducen a graves equívocos siempre que desentrañamos el pasado.

En estos días en los que celebramos los cuarenta años de la Constitución española, conviene lanzar una mirada a la historia de nuestro país para recordar de dónde venimos, cómo hemos llegado hasta aquí (tanto en lo bueno como en lo malo) y, sobre todo, qué podemos esperar del futuro. Esta es la ambiciosa tarea a la que se dedica Stanley G. Payne (1934- ) en este brillante y oportuno libro.

Aunque jamás se haya estado en el Hollywood de los años dorados, todos los lectores imaginan lo que eso implica. En este sentido, no creo que exista un escenario humano tan fácil de identificar, ni más adecuado para detallar lo que quiere narrarnos Jessica Brockmole en su inteligente y emotiva novela.

Escrita por Orson Scott Card y Aaron Johnston, esta novela se publicó en 2014, completando una trilogía diseñada para funcionar como precuela de El juego de Ender.

Podría haber sido un autor de novelas políticas, podría haber creado novelas policiacas, incluso podría haber escrito narraciones de corte psicológico. Podría haber hecho una de esas cosas, pero el británico China Miéville decidió hacer todas a la vez, y para conseguirlo, se acercó al mundo extraño y fascinante de la ciencia-ficción.

La edición española de Los Alpes en invierno nos remite a una época en la que el montañismo era algo diferente a lo que es hoy. Ese mundo de los alpinistas de antaño, hasta bien entrado el siglo XX, estaba poblado por historias románticas, por experiencias iniciáticas y por fábulas que hoy parecen más próximas a la poesía que al deporte de riesgo.

El Premio Nobel de Fisiología y Medicina concedido a Severo Ochoa (1905-1993) sirvió para varias cosas. En su momento, fue un respaldo a su espléndida trayectoria científica, pero también se ha usado como banderín de enganche para las vocaciones que surgieron tras él.

Si algo nos han enseñado Twitter es que la gente prefiere las malas noticias, sobre todo cuando son falsas. Hagan la prueba y comprobarán que el catastrofismo o los comentarios apocalípticos son infalibles, tanto en esa como en otras redes sociales.

Las enfermedades generan consecuencias psicológicas a veces indescifrables. Sin embargo, su influencia en el temperamento es obvio. De ahí que, para realizar un retrato de un personaje ilustre, también tengamos que observar con atención sus dolencias.

Gran parte de su ficción sigue siendo un placer irresistible. Además, produjo ensayos que no han perdido un ápice de actualidad, tanto por su efecto chocante o paradójico como por la profundidad de sus reflexiones. En este sentido, Gilbert Keith Chesterton (1874-1936) ya se ha incorporado al panteón de los clásicos, una vez transcurrido el tiempo necesario como para convertir sus libros en una trampa de la que no sentimos deseos de escapar.

En octubre de 1916, el escritor norteamericano modernista de origen portugués John Dos Passos (1896-1970) se graduó cum laude en Harvard en lengua y literatura europeas. Su influyente padre, el abogado John Randolph Dos Passos, le propuso estudiar arquitectura en Madrid, a pesar de que el joven estaba volcado en los estudios literarios e históricos.

A medida que la divulgación científica ha mejorado sus estrategias, ha ido creciendo el interés de los lectores más jóvenes. Al fin y al cabo, cuando estos son realmente curiosos, nunca se sacía del todo su afán de conocimiento.

Las grutas. El viaje a lo profundo. Los misterios intraterrenos. Literariamente hablando, son realidades con una inevitable carga simbólica, y con ese impulso se han ido convirtiendo en un reclamo que nos llega desde las entrañas de la Tierra.

En Los años ligeros conocimos por primera vez a los Cazalet. Esta de ahora es la tercera entrega y también la publica en castellano la editorial Siruela, en su colección Nuevos Tiempos, como las anteriores, la citada Los años ligeros y Tiempo de espera que es la segunda de la saga.

En sus fotos de juventud Iris Murdoch permanece seria, con una mirada distante, pensando en sus cosas, alejada del espectador, reconcentrada en sí misma. Solamente en las imágenes de los últimos años de su vida podemos verla esbozando sonrisas, siempre al lado del hombre con el compartió cuarenta y tres años, el profesor y escritor John Bayley (1925) que la cuidó cuando el Alzheimer empezó a rondarla unos cuatro años antes de morir.

En 2016, la publicación por la editorial Alfaguara de Manual para mujeres de la limpieza fue un absoluto éxito. El boca a boca funcionó de inmediato y el libro se encumbró a los primeros puestos de los más vendidos y fue, también, de los más leídos. Ambas cosas no siempre coinciden.

La primera imagen de Joan Didion (Sacramento, California, 1934) es la de una lectora voraz, que leía libros y libros, muchos de ellos de mayores, desde que era una niña. Esa afición a la lectura marcaría su destino, su vida entera. Pero la historia de esa vida tiene tanto sabor, destila tanto interés como sus propios libros.

Para las generaciones de posguerra el cine fue una auténtica puerta a la libertad y a la imaginación. Desde la altura del gallinero, al «Paraíso» de las salas, la vida llegaba con la alegría del Technicolor y CinemaScope, derrotando el gris de la realidad cotidiana.

Obra cumbre del ripio, emblema del astracán, La venganza de Don Mendo se estrenó en Madrid hace cien años y desde entonces se ha convertido en una de las funciones más representadas del teatro español.

Un pueblo y un crimen. ¿De cuántos modos, se preguntarán ustedes, habrá modificado la literatura esta premisa? Y más aún, ¿cuántos investigadores habrán resuelto ese delito en la ficción?

"Toda relectura de un clásico ‒son palabras de Italo Calvino‒ es una lectura de descubrimiento como la primera". Esta conciencia es aún más evidente si a este segundo acercamiento nos invita un nuevo traductor, dispuesto a descubrir, una vez más, lo que hay debajo del texto original.

A veces me gusta imaginar lo que debe de sentir un científico cuando realiza un hallazgo excepcional. No me importa reconocer cierta envidia, incluso cuando no tengo nada claro qué implica el descubrimiento, o cuando me obligo a responder intuitivamente a dudas que sólo se resuelven a fuerza de tiempo y esfuerzo.

En cierta medida, este es un asunto generacional. Quienes crecimos disfrutando de las utopías de la ciencia-ficción, aún nos relacionamos con los robots o con la inteligencia artíficial como si aún fueran clichés del genero. Es decir, promesas del futuro que se cumplirán en una fecha indeterminada, cuando nuestros hijos o nietos estén preparados para ello.

El esfuerzo contra el calentamiento global atraviesa una fase crítica y en buena medida se debe a la negativa de Washington y un sector de la sociedad estadounidense a participar del combate. Pese a la incesante acumulación de datos y confirmaciones empíricas del trastorno climático y su origen humano, en esa nación los escépticos se mantienen incólumes. ¿Cómo es posible?

La trayectoria de Manuel Valls (1962- ) refleja a la perfección la evolución de la socialdemocracia europea en las últimas décadas, con todos los desafíos a los que ha debido enfrentarse y que han terminado por poner en peligro su propia supervivencia. En esta breve y ágil autobiografía, el ex primer ministro de Francia ofrece un bosquejo personal de su carrera y expone los principios fundamentales que han guiado su actuación política.

Riesgos, sacrificios, proximidad a la muerte... ¿Con qué fin? ¿Quizá para acostumbrarse al peligro y ser admirados por ello? No, sin duda. En realidad, esas tres condiciones ‒por mucho que ahora les sorprenda‒ también sirven para dedicarse a la ciencia.

Combinar alta literatura con literatura de género es perfectamente posible, Michael Chabon puede dar fe ello, le valió el premio Pulitzer gracias a su novela Las asombrosas aventuras de Kavalier y Klay. Sin embargo, esta mixtura no resulta homogénea en Zona Uno, la incursión de Colson Whitehead en los dominios de los muertos vivientes.

Me siento a leer estas Conversaciones y entrevistas con Lev Tolstói. Para mi gusto, están a la altura de esos diálogos librescos que uno disfruta en The Paris Review o en los vídeos de Apostrophes. Traigo esto a cuenta porque nos interpela un escritor de carne y hueso, que habla de lo divino y de lo humano, y que domina el arte de la charla con la misma destreza que se les supone a los autores modernos, adiestrados en los mass media.