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Nos hemos separado de la naturaleza y parece que no sabemos volver a ella. Obsesionados con los conceptos simples, la observamos de lejos y la mitificamos ‒a veces con una perspectiva digna de un cuento de hadas‒, evitando ir más a fondo.

Hay algo que convierte la literatura de Cixin Liu en una experiencia singular. Y ese algo pasa por la sofisticación y el trasfondo de su obra, insólita en el campo de la ciencia-ficción contemporánea.

El periodismo de sucesos nos conecta con la esencia oscura del ser humano. Lo notamos en cuanto leemos los detalles de un crimen. Lo notamos al escuchar el desenlace de un juicio o de una investigación forense. Lo notamos, en fin, cuando nos dicen que han tomado en la morgue las huellas de esa víctima que hubiéramos podido ser nosotros mismos.

Estereotipada y rígida en sus pautas, la Leyenda Negra impuso una visión del mundo que aún sigue vigente, y en la que pueden encontrarse muestras muy claras de lo que viene a ser la narración protestante de la historia. El apego a esa vieja propaganda ha impedido a los españoles reconocer a grandes figuras de su pasado. De ahí que un libro como éste que nos trae Agustín R. Rodríguez González sea una oportunísima revelación de lo que fue nuestra historia naval, tanto en lo que se refiere a sus héroes como a su caracter singular.

Todos los elogios que se escriben y se escribirán sobre James Salter indican el impacto de este formidable contador de historias. Pero esas palabras más o menos coloreadas no deben suponer una barrera para los nuevos lectores. Ya saben: a veces un prestigio imponente crea prejuicios, como si el renombre de un autor fuera inversamente proporcional al encanto de sus libros.

Theodora Bosanquet fue la mecanógrafa de Henry James entre los años 1907 y 1916. Escribía en una Remington que hacía mucho ruido y que se convirtió en un aditamento más del estudio del escritor.

El comienzo del libro es sensacional. Describe, como si le ocurriera a otra persona, la violación que sufrió con treinta años cuando estaba cubriendo la información de una obra de teatro. El relato de ese hecho está contado de forma magistral. Podemos verlo y, sobre todo, podemos sentirlo.

Mi itinerario O'Brien comenzó con Las chicas de campo y continuó con La chica de ojos verdes y Chicas felizmente casadas. Después de un paréntesis, siguió con Las sillitas rojas y luego con En un lugar pagano. Por fin, llegué a sus cuentos, recopilados en Objeto de amor. Y ahora he navegado hasta sus memorias, Chica de campo, este libro. Ha sido una larga travesía, pero hecha en tiempo récord.

Como saben, el debate acerca de las conclusiones de los psicólogos no se resuelve en la academia, sino en la vida real. La sociedad es la que consagra a los terapeutas y analistas que afinan nuestro punto de vista con sus conclusiones, y la que paulatinamente abandona a quienes propusieron ideas trasnochadas. De ahí que esta obra de divulgación sea una prueba más de esa naturaleza eminentemente práctica de la pesquisa psicológica.

Marcus Weeks nos trae un volumen donde el conocimiento con mayúsculas ‒la humanidades, en su expresión filosófica‒ convive con esas dudas cotidianas que uno suele resolver de forma más o menos incoherente. Y es esa incoherencia lo que este libro difumina, proponiéndonos soluciones intelectualmente significativas para esas situaciones del día a día.

Como tantas otras veces, fue el cine lo que me descubrió una novela. En este caso, hablamos de una película muy sólida, El último deber (1973), protagonizada por Jack Nicholson. O quizá debería hablar de dos films, porque esta producción del malogrado Hal Ashby coincide en el tiempo con una cinta paralela, con la que guarda un aire de familia, Permiso para amar hasta medianoche (Cinderella Liberty, 1973), de Mark Rydell, con un espléndido James Caan en el papel protagonista.

Puede darse el caso, queridos lectores, de que un mensaje os importe tanto que no escribáis una sola línea sin las debidas cautelas. Un sigilo que, en la era de los hackers y del tráfico de datos, ya no sirve de mucho, la verdad. Naturalmente, lo ideal sería dejar de nuevo en circulación métodos como los descritos por Carlos Taranilla. Pero me temo que este tipo de lenguajes secretos requieren un esfuerzo intelectual que no siempre estamos dispuestos a acometer.

En ese difícil territorio del relato corto encontramos a una Edna O'Brien pletórica de condiciones, sabedora del terreno que pisa, intensa, apasionante y llena de matices. En las veinte historias que componen el libro Objeto de amor, recién publicado por la editorial Lumen con el concurso de su traductora habitual, Regina López Muñoz, hay de todo pero, más que nada, emoción.

En el Occidente moderno, el dolor y la muerte son realidades que conviene camuflar, o que, en el mejor de los casos, desenfocamos, situando lo feliz en primer plano y lo riguroso muy al fondo, sin nitidez, con una profundidad de campo mal resuelta.

Siempre digo que los libros te salen al paso. Y que hay un libro para cada estado de ánimo, para cada situación, para cada día. Este es un libro para la lluvia, el frío y el desasosiego. Porque no hay una sola voz que te cuente las cosas, sino varias. Puntos de vista diferentes que se van alternando en cada uno de los capítulos, para construir el relato en zig-zag.

Aunque plantea un discurso propio de la teoría política, Zoópolis propicia un debate en el que deberían participar los ecólogos ‒es decir, los científicos expertos en ecología, que no deben ser confundidos con los ecologistas‒, los especialistas en ética, los zoólogos, y muy especialmente, los etólogos, estudiosos de la ciencia del comportamiento animal (la etología).

Se prestan el título y la trama de esta entretenidísima aventura a algunas consideraciones interesantes. En efecto, el punto de partida de Ready Player One es una inagotable partida virtual, cuyo protagonista es un videojugador decidido a alcanzar la victoria como si no hubiera un mañana.

Con un cambio de escenario, una variante argumental o algún otro hallazgo en los manuscritos de su padre, Christopher Tolkien, apoyándose en su autoridad familiar y filológica, ha expandido el universo de J.R.R. Tolkien a través de un buen puñado de libros que lucen la firma del inmortal escritor, pero que en realidad son reconstrucciones afortunadas de lo que éste no concluyó en vida.

La autobiografía intelectual del Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa es el sentido último de este libro. Un recorrido que se realiza partiendo de aquellos pensadores que contribuyeron, según reconoce él mismo, a la conformación de su ideología política, social y económica.

Uno de los tramos más reveladores de este libro tiene que ver con la biofilia, esa inspiración que nos contagió en su día E.O. Wilson, y que, por decirlo con sencillez, podríamos considerar un elogio de la naturaleza, entendida como origen y destino del quehacer humano, y asimismo como lazo emocional de nuestra especie con el resto de la biosfera.

No creo en las casualidades, pero en el ámbito literario, me gusta tenerlas en cuenta. A veces, los libros llegan a nuestras manos por un extraño efecto de sincronía, como si tuvieran voluntad propia y quisieran cambiarnos el ánimo, o desterrar algún prejuicio.

La vida de la familia Brontë es literatura. O, mejor dicho, la literatura era para ellos cosa de familia, un distintivo, una parte de sí mismos. La madre, el padre, los hijos (María, Elizabeth, Emily, Charlotte, Anne y Bramwell) estaban dominados por las palabras y vivían en torno a ellas. Por eso este libro, que parece dedicarse a nueve objetos que marcaron sus vidas, lo que hace en realidad es contar una historia. Porque todos esos objetos adquieren su significado esencial cuando forman parte de la literatura, de su literatura.

La liturgia de la naturaleza ibérica no cambia. El ceremonial de los ecosistemas, colorido y exuberante, nos acompaña con esa plenitud que caracteriza a un país, el nuestro, que destaca como el territorio con más biodiversidad de Europa.

Es el gran tema de Alejo Carpentier. La música como arte sonoro, en una confluencia entre América y Europa. La música como contexto antropológico de su tierra. La música como metáfora de largo alcance. Más aún: la música como banda sonora de sus narraciones, o como un ejercicio intelectual profundo, que se vincula, estructuralmente, con su literatura.

Nos hemos acostumbrado a los debates políticos más ruidosos y previsibles. En la red, en la radio, en la televisión... De poco nos sirve decir que el diálogo público es positivo en democracia cuando, a la hora de la verdad, esas discusiones acaban convirtiéndose en riñas a pleno pulmón, con prejuicios fáciles, adversarios prefabricados y ataques de ansiedad para dar verosimilitud al espectáculo.

La voz de Terry Tempest Williams es intensa en dos sentidos, el literario y el ético. Y ya puestos, también en el científico, porque esta conservacionista conoce a fondo la vida de los ecosistemas que trata de proteger en su Utah natal.

Tal vez eres uno de los miles de lectores que decidieron adentrarse en los mundos de N.K. Jemisin, una autora que cultiva la fantasía épica y la ficción científica con examen de conciencia incluido. ¿Y qué ha hecho Jemisin para convertirse en una de las escritoras más premiadas y elogiadas de ambos géneros?

A estas alturas de nuestra vida digital, se hace preciso iniciar un desenfrenado sprint en busca de la verdad. Sin duda, es grave la expansión de la llamada posverdad ‒es decir, de las noticias falsas de toda la vida‒, pero aún me parece más dañina la proliferación de mentiras y mitos, no necesariamente nuevos, relacionados con nuestra salud.