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A veces me gusta imaginar lo que debe de sentir un científico cuando realiza un hallazgo excepcional. No me importa reconocer cierta envidia, incluso cuando no tengo nada claro qué implica el descubrimiento, o cuando me obligo a responder intuitivamente a dudas que sólo se resuelven a fuerza de tiempo y esfuerzo.

En cierta medida, este es un asunto generacional. Quienes crecimos disfrutando de las utopías de la ciencia-ficción, aún nos relacionamos con los robots o con la inteligencia artíficial como si aún fueran clichés del genero. Es decir, promesas del futuro que se cumplirán en una fecha indeterminada, cuando nuestros hijos o nietos estén preparados para ello.

El esfuerzo contra el calentamiento global atraviesa una fase crítica y en buena medida se debe a la negativa de Washington y un sector de la sociedad estadounidense a participar del combate. Pese a la incesante acumulación de datos y confirmaciones empíricas del trastorno climático y su origen humano, en esa nación los escépticos se mantienen incólumes. ¿Cómo es posible?

La trayectoria de Manuel Valls (1962- ) refleja a la perfección la evolución de la socialdemocracia europea en las últimas décadas, con todos los desafíos a los que ha debido enfrentarse y que han terminado por poner en peligro su propia supervivencia. En esta breve y ágil autobiografía, el ex primer ministro de Francia ofrece un bosquejo personal de su carrera y expone los principios fundamentales que han guiado su actuación política.

Riesgos, sacrificios, proximidad a la muerte... ¿Con qué fin? ¿Quizá para acostumbrarse al peligro y ser admirados por ello? No, sin duda. En realidad, esas tres condiciones ‒por mucho que ahora les sorprenda‒ también sirven para dedicarse a la ciencia.

Combinar alta literatura con literatura de género es perfectamente posible, Michael Chabon puede dar fe ello, le valió el premio Pulitzer gracias a su novela Las asombrosas aventuras de Kavalier y Klay. Sin embargo, esta mixtura no resulta homogénea en Zona Uno, la incursión de Colson Whitehead en los dominios de los muertos vivientes.

Me siento a leer estas Conversaciones y entrevistas con Lev Tolstói. Para mi gusto, están a la altura de esos diálogos librescos que uno disfruta en The Paris Review o en los vídeos de Apostrophes. Traigo esto a cuenta porque nos interpela un escritor de carne y hueso, que habla de lo divino y de lo humano, y que domina el arte de la charla con la misma destreza que se les supone a los autores modernos, adiestrados en los mass media.

Como era de esperar, y como les pasará a todos los lectores que visiten sus páginas, esta nueva entrega de las aventuras de Emmeline Lucas –conocida entre sus allegados como Lucía– me ha conquistado. No es algo sorprendente, porque en los libros de Lucía hay un terreno abonado para la vitalidad, las maquinaciones sociales, la elegancia, la vanidad, el esnobismo, la hipocresía y la nostalgia de aquel periodo durante el cual reinó sobre los ingleses Eduardo VII.

Quien se haya topado con El cristiano mágico, en la estupenda traducción de Enrique Gil-Delgado para Impedimenta, sabe perfectamente a qué me refiero cuando hablo de esta novela como un título tan singular como atrayente.

Cuando Salman Rushdie fue condenado a muerte por el islamismo radical, un amplio conjunto de pensadores se atrevió a arriesgar su vida en su defensa. En la actualidad, sin embargo, mientras ellos están siendo ridiculizados por la prensa progresista, al mismo tiempo está surgiendo una nueva generación de islamistas llamados moderados que no denuncian la misoginia, el terrorismo y la intolerancia. ¿Cómo es posible se alcance semejante retraso, y por partida doble?

Vida de un escritor combina el Talese más íntimo con un acceso a la “cocina” de su escritura. Nos hallamos ante una autobiografía intelectual desde sus inicios en el periódico de la universidad a su conversión en el periodista estrella de medios como The New York Times y Esquire.

Cuando en 2005 Michael E. Uslan donó a la Biblioteca de la Universidad de Indiana su colección de 30.000 tebeos –lo han leído bien, eran treinta mil–, su mujer, Nancy, suspiró aliviada, entre otras cosas porque esa aglomeración intolerable de cómics llenaba tres habitaciones de la casa.

 
La literatura gótica... Al hablar de este tema, parece que va a iluminarse el logo de la Hammer y que se va a desplegar ante nosotros toda la panoplia del género: castillos de un tenebrismo medieval, damas de luto y con candelabro, villanos que bailan bajo la batuta de Lucifer, bandidos italianos o españoles, monjes convencidos de que el satanismo es una virtud y esa luna llena que siempre delata la llegada de la muerte.

Ninguna ley obliga a los escritores o a los periodistas a escribir solamente historias reales. Obviamente, después de la marejada posmoderna, realidad y ficción se contaminan un poco más, y las fantasías y los informes periciales se narran con las mismas palabras o con las mismas imágenes. No es algo que me extrañe, porque el mundo virtual comparte hoy soberanía con la certeza física, y los delirios y las quimeras se ajustan como un guante a nuestra experiencia cotidiana.

Cuando me recuerdan que hay que hablar de Charles Dickens con motivo de su bicentenario, doy a la razón a quienes se olvidan del calendario y mencionan al escritor inglés por un motivo menos coyuntural: Dickens es el padre de la novela moderna, y su influencia va más allá de las letras, a tal extremo que sin él resulta imposible explicar géneros como el guión cinematográfico.

Nada tan necesario como una aclaración histórica y moral cuando se conmemora el triste aniversario de la guerra de 1982 entre Argentina e Inglaterra. Gracias a la soberbia edición de este panfleto de Johnson presentada por Daniel Attala, el lector menos informado cuenta con la posibilidad de conocer las raíces del conflicto como quien pide una visión de conjunto y para ello se deja guiar por un asesor de confianza.

Si la fascinación central de la ficción es creer que los personajes imaginarios tienen una existencia verdadera, está claro que cualquier trampa o cualquier enigma de la Historia permiten novelizar el pasado. Por eso nos atraen tanto los impostores, sobre todo cuando los datos reales se dispersan y su máscara parece un rostro genuino. La misma razón nos lleva a ensimismarnos con las ilusiones y los delirios de quienes adornan su biografía con rasgos novelescos.

Reina Roffé es autora de dos indagaciones previas en la vida y la obra del escritor mexicano: Juan Rulfo: autobiografía armada (Corregidor, Buenos Aires, 1973) y Juan Rulfo: las mañas del zorro (Espasa, Madrid, 2003). Podría decirse que en este libro que ahora publica Fórcola, Roffé encuentra un acomodo definitivo para esa caudalosa documentación que viene reuniendo desde hace décadas. En realidad, a uno le cuesta imaginar un texto más completo e inteligente acerca de ese maestro incontestable que fue Rulfo.

Cruceros estelares, acorazados y buques de guerra que viajan a la deriva por el espacio. Emboscadas en territorio enemigo. Combates militares en mundos desconocidos. Ese es el mundo de "Black Jack" Geary, uno de los personajes emblemáticos de la más reciente space opera, que ahora regresa en la quinta entrega de la saga La flota perdida.

Un crucero en las Bahamas con su novia, Connie, y con la familia de ésta. Al joven Rupert Conway no le parece un mal plan, sobre todo cuando repara en la belleza de las hermanastras de Connie (Thelma y Kimberly) o en el atractivo de su madre (Billie). Por desgracia, lo que parece el sueño de un adolescente con las hormonas revueltas se desvanece cuando una explosión brutal destruye el yate.

 
Oscar Wilde (1854–1900) es para muchos la figura emblemática del dandi inglés. Pero esa imagen del artista del esteticismo extremado también se vincula en el recuerdo a la figura perseguida por la hipócrita moral dominante de su tiempo.

En un año en el que se conmemora el naufragio más popular de la historia moderna, la novela Titanic: Renacer parte de aquel trágico acontecimiento para introducir a los lectores en un relato en el que se entrecruzan las pasiones, el misterio y el drama.

 
Editado por J. P. Telotte, The Cult Film Experience: Beyond All Reason (Texas Film & Media Studies Series) es un magnífico estudio de cómo funciona nuestro gusto a la hora de seleccionar ese puñado de películas que, a medida que pasan los años, se convierte en imprescindible.

Si hay un libro que defina a la perfección lo que es una película de culto, ese es Cult Movies: The Classics, the Sleepers, the Weird, and the Wonderful.

Hay días en los que entro en Internet santiguándome porque no sé lo que me voy a encontrar dentro. Teclear un determinado término en el buscador no siempre tiene consecuencias positivas. Muchas veces descubro que las mayores insensateces y villanías escalan posiciones y se ofrecen como la primera o la segunda respuesta a mi consulta.

Esta primera novela del creador del llamado «periodismo gonzo», que brilló con todo su esplendor en Miedo y asco en Las Vegas, es la crónica mordiente de una desilusión.

Teoría del saber histórico, de José Antonio Maravall, fue editado por primera vez en la Revista de Occidente (1958) y con texto definitivo de 1967.

Ante todo, declaro mi escaso interés por las novelas, guiones y piezas teatrales de Gore Vidal. La primera del singular de un crítico acredita su carácter de lector, de aquel que gusta / no gusta de lo leído. Nobleza obliga.