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Cuando se habla del Glam hay siempre una serie de nombres recurrentes: David BowieMarc BolanLou Reed y, por supuesto, Brian Eno Bryan Ferry. Éstos dos bribones (por decir una palabra que empezara por “bri”) formaron la banda, como tal, más influyente del género. David Bowie era David BowieBolan era Bolan (en T. Rex, sí, pero bueno), pero Brian Eno y Bryan Ferry eran Roxy Music. Y Roxy Music fue la gran innovadora del Glam. Sonido decadente, texturas ingeniosas, teatralidad, instrumentación variada, estructuras atípicas… todo lo que se puede esperar de cinco estudiantes de arte un poco excéntricos.

Vamos a acercarnos hoy a la música de un viejo amigo. Estoy hablando del batería Guillermo McGill, nacido en Uruguay y afincado desde niño en nuestro país, donde ha contribuido a elevar la categoría del jazz que se hace en España.

Una voz de escándalo. Activista social. Colaboradora artística. Diva. Mientras despedimos a Aretha Franklin [1942-2018], la reina del soul fue recordada merecidamente en una serie de homenajes que reflejan el inmenso legado de su vida y su música.

Aquellos que no están verdaderamente familiarizados con el trabajo del cuarteto electrónico de Düsseldorf se divierten señalando que, en su empeño por celebrar la fusión del hombre y la máquina, se convirtieron (literalmente) en robots. De hecho, en una de sus giras, a veces fueron reemplazados por autómatas modelados a partir de ellos mismos. Precisamente por eso, a muchos les extrañó que este Minimum-Maximum (Kling Klang, EMI, Astralwerks), su primer álbum oficial en vivo, se revelase como un un espectáculo de considerable calidez y humanidad. Y lo que es más (y aquí los cínicos sacuden la cabeza), ¡suena genial!

El single "Vendetta" nos sirve hoy para descubrir un maravilloso disco de los italianos Calibro 35, Traditori di tutti. Se trata del cuarto álbum de esta formación, publicado el 21 de octubre de 2013 por el sello Record Kicks.

“La excentricidad es un rasgo notable de los ingleses”, escribió una vez la poeta Edith Sitwellfamosa precisamente por su carácter excéntrico, y ella debía saberlo mejor que nadie. En sus últimos años, Sitwell exigía a quienes iban a visitarla que rellenaran un formulario en el que se incluía la siguiente pregunta: “¿Tiene algún pariente que haya estado confinado en un centro psiquiátrico?”, que se complementaba con esta otra: “En caso negativo, ¿por qué no?”.

En 2013, David Bowie entró a formar el parte del Salón de la Fama de la Ciencia Ficción y la Fantasía. Su nombre se unía así al de figuras como J.R.R. Tolkien, Georges Méliès, Mary Shelley, o H.G. Wells. Transformado en Ziggy Stardust o por medio de canciones sobre viajes espaciales, Bowie soñaba con un mundo más allá de nuestra realidad, y rompía con los límites de la ciencia ficción, trasladándola a los escenarios de sus conciertos de rock.

Nos vamos a Malí. Aunque no resida allí, el guitarrista Vieux Farka Touré lanzó en 2013 Mon pays (Six Degrees Records), un alegato acerca de que estaba pasando en aquel país, sobre todo desde que un golpe de estado derrocó en 2012 al presidente Amadou Toumani Touré.

En 2014 pudimos disfrutar del álbum que daba a conocer el nuevo proyecto de Rainer Seiferth: Solano, el trío que este guitarrista alemán afincado en España formó con Jesús Mañeru (percusión) y Miguel Rodrigáñez (contrabajo), completando así un grupo excepcional de instrumentistas.

Nos trasladamos a Portugal para escuchar la voz de Cuca Roseta (Maria Isabel Rebelo do Couto da Cruz Roseta), una magnífica fadista portuguesa que emprendió su carrera discográfica en 2011, con un álbum producido por Gustavo Santaolalla.

En la fecha de su aparición, Time (Heavenly Sweetness, 2013) me pareció el primer gran álbum de aquella temporada. A las pruebas me remito: estoy hablando del sorprendente Anthony Joseph, que en este caso firmaba sin su grupo, The Spasm Band, este disco excepcional.

Como un reflejo de sus distintas dimensiones creativas, este profesor y escritor de Trinidad y Tobago también busca su autenticidad en el terreno musical. Así, tras sus tres discos anteriores ‒Leggo de Lion (2007), Bird Head Son (2009) y Rubber Orchestras (2011)‒ Anthony Joseph grabó este poderoso e interesante Live in Bremen el 28 de octubre de 2012.

Cuanto más escucho determinadas canciones, más me pregunto por qué conservan su magia al cabo de los años. Y a pesar de que uno intenta evitar los clichés, hay películas que contribuyen a perpetuar ese efecto.

Jericho Road (Stony Plain, 2013) nos pilló en pleno cambio de guardia, entre el 2013 y el 2014. Aquel nuevo trabajo del bluesman afroamericano Eric Bibb salía a la venta después de otro álbum muy especial, Brothers in Bamako (Stony Plain, 2012), en el que Bibb colaboraba con el carismático Habib Koité, una de las figuras musicales más interesantes de Malí.

Hay muchos álbumes dobles en vivo que alcanzan la excelencia. Probablemente fue Cream, con Wheels Of Fire (1968), el grupo que configuró la plantilla para este tipo de grabaciones distendidas, que permitían a la banda "explorar" sus canciones más largas, al hacerlas un poco más... ‒¿cómo lo diría?‒ largas.

Si bien fue un grupo que en apariencia practicaba un pop cautivador pero ligero, es sorprendente cuánto llegó a evolucionar ABBA. En una carrera que los llevó del power pop a crear mini óperas-rock y un elegante pop sintetizado, estos cuatro suecos nunca se durmieron en los laureles.

En la actualidad, los 10cc se limitan a hacer giras en las que recordamos su legado original a través del único miembro original de la banda que sigue en activo (Graham Gouldman). Pero a mediados de los años 70, fueron una máquina de fabricar éxitos con una potencia y un alcance asombrosos.

En 1979 Debbie Harry, Chris Stein y compañía ya se habían dado cuenta de su verdadero potencial. Una vez abandonando el rock puro para recurrir a una paleta más diversa, el plan de ataque de Blondie ahora incluía la adopción de cualquier estilo (siempre que se pudiera llamar pop) y hacerlo suyo. En este Eat To The Beat reiteraban y expandían la fórmula que dio lugar a su tercer álbum de estudio, Parallel Lines (1978), reconocido con un disco de platino.

Comienzo con algunos detalles para quienes desconozcáis la historia de Traffic. Después de dejar el Spencer Davis Group, Steve Winwood formó la banda en 1967, junto con Jim Capaldi, Chris Wood y Dave Mason. Aquella formación estaba destinada a ser una cooperativa cuyos integrantes vivirían en una casa de campo, en Berkshire, colaborando en la composición las canciones. De ahí proviene el tema "Berkshire Poppies" que figura en su primer álbum.

¿Cómo podríamos definir esta versión brasileña de la psicodelia? Yo la sitúo como una suerte de eslabón perdido entre dos manifestaciones musicales de mucho peso: la Jovem Guarda, aquel movimiento de fines de los sesenta que además fue todo un fenómeno social y mediático ‒tan yé-yé, por otra parte‒, y el sonido Tropicália, cuya exuberancia pervive en las canciones de Caetano Veloso, Gal Costa o Gilberto Gil. En ese parámetro se sitúan, asimismo, bandas tan poderosas como Os Mutantes, y por supuesto, muchas otras que vinieron después.

Parallel Lines, de Blondie, es el ejemplo más perfecto de cómo acopló este grupo el power pop de los sesenta en la nueva ola. El álbum se convirtió en uno de los mayores éxitos de 1978 y 1979. Con esa seguridad abrumadora que fue su característica, los miembros de Blondie no tuvieron miedo a la hora de componer música para la discoteca, tener inclinaciones artísticas, o simplemente, crear buen pop.

Irmin Schmidt se las ha ingeniado para entrar en la historia del rock y de la música electrónica con la máxima intuición, guiado por esa heterodoxia que caracterizó a un grupo ya mítico, Can, que Schmidt formó en Colonia a fines de los sesenta, junto al bajista Holger Czukay, el guitarrista Michael Karoli y el percusionista Jaki Liebezeit.

Las bandas neoyorquinas del curso del 76 nos brindaron muchas cosas distintas: Talking Heads nos dio art-rock; los Ramones nos liberaron a fondo empleando apenas tres acordes en temas de más de dos minutos y medio; Johnny Thunders nos dio una plantilla de lo que sería Guns 'n' Roses (Brindo por ti, Johnny) y Television nos ofreció guitarras alucinantes y baladas poéticas.

En la ciudad de Nueva York, a un saxofonista clásico al que conozco le pidieron que tocase en vivo para un evento en una tienda grande y exitosa, que vende computadoras, teléfonos y otros equipos electrónicos.

Gracias al sello Strut, pudimos escuchar en 2013 el doble recopilatorio que lleva por título Change The Beat: The Celluloid Records Story (1979-1987), una antología que recorre la historia de aquella compañía seminal, dirigida desde Nueva York por un francés, Jean Karakos, que la fundó en 1979.

La siempre gloriosa música del turinés Ludovico Einaudi convierte su álbum In a Time Lapse (Decca/Universal, 2013) en una tentación irresistible. Siendo hiperbólicos, podríamos decir aquello de "Había un hombre a una melodía pegado", y este es, sin duda, el caso.

Hijo espiritual de la escena de Canterbury, creador ecléctico e intérprete virtuoso, Mike Oldfield revolucionó la historia del rock con una obra monumental, Tubular Bells, que vino a ser el puente ideal entre el rock progresivo y la new age.

A lo largo de casi sesenta años, Ennio Morricone ha compuesto bandas sonoras de películas memorables, aunque quizá la más conocida sea El bueno, el feo y el malo (Sergio Leone, 1966).