logo200pxtesauro
Tercera época - Nº 327. ISSN: 2530-7169. Lugar de edición: Madrid, España. Entidad responsable. conCiencia Cultural

El método de intercalar en su historia discursos que a menudo no han sido escuchados personalmente, como el propio Tucídides confiesa, pues debido a su exilio a partir de –424 no pudo presenciar la política interna ateniense, plantea muchos problemas de veracidad:

He querido combinar en el título de este artículo el concepto de sociedad abierta de Karl Popper, con la figura de otro filósofo, Bertrand Russell. De este modo, aparecen juntos, por un lado, uno de los filósofos más importantes del llamado pensamiento conservador o de derechas (Popper), y por el otro, el filósofo quizá más importante del siglo XX en el terreno progresista o de izquierdas (Russell).

Mientras escribo, de Stephen King, es en parte una autobiografía breve y en parte un libro acerca de escribir.

Me ha sorprendido mucho encontrar en Teorías métricas del siglo de oro, de Emiliano Díaz Echarri, la referencia a varios autores de versos virtuosistas (o como se quiera llamar) que no aparecen en Verbalia de Marius Serra.

Diré algo respecto a lo difícil que es reproducir una conversación con fidelidad. Nuestra mente tiene una fuerte tendencia a ordenar los acontecimientos, a presentarlos como racionales y razonables, así que busca en una conversación más o menos caótica que hemos mantenido quizá hace unas horas, un sentido y un orden subyacente.

Stephen King cita un libro clásico acerca de escribir de un tal William Strunk Jr., que he encontrado en Internet y leeré. El propio Strunk, que era muy rígido, admitía:

Es muy interesante lo que dice Stephen King acerca de los swifties, las aclaraciones en los diálogos del tipo:

Leí en 2003 el mítico libro de Nik Cohn Awopbopaloobop Alopbamboom, publicado en 1969. Se considera que es la primera obra dedicada a la música pop y rock.

En La improbable verosimilitud de Shakespeare me referí a la regla de las tres unidades (lugar, tiempo y acción), atribuida a Aristóteles por los preceptistas del Renacimiento y adoptada por los clasicistas franceses.

Daniel Goleman se refiere en El punto ciego a una zona de sombra que nos afecta a todos. Un punto ciego, un vacío que carece de existencia.

Walter Murch es un editor y técnico de sonido que ha trabajado con Coppola, Zimmerman y Minghela. Es la persona que admiro más últimamente desde el punto de vista intelectual.

Acaba de morir por segunda vez y ya está aquí de nuevo. Freud había sido tirado a la basura en los últimos años, por culpa de los avances médicos, de las nuevas terapias y del tesón de sus discípulos.

Para sacar la contraria y mostrar cierta imparcialidad en estos momentos de felicidad tras unos días horribles, me permitiré citar a un Papa, a Juan Pablo I.

En uno de mis diarios digitales, hablaba del poema If de Rudyard Kipling. Allí me refería de pasada a las ideas de Kipling como abanderado del Imperio Británico y a su caída en desgracia precisamente debido al declive del Imperio: tras la etapa descolonizadora, las ideas de Kipling se consideraron cosa del pasado.

Aparte de los problemas técnicos, el diseño y todo eso, el riesgo es escribir para la galería: es decir, para quedar bien. No equivocarse, no decir nada de lo que uno pueda arrepentirse, no cometer errores de bulto, complacer a todos y especialmente a los expertos o entendidos.

He dedicado al tema de lo superfluo un libro sin duda innecesario llamado Lo único que importa es lo superfluo. En él explico que el avance de la civilización consiste en gran medida  en prestar una atención cada vez mayor hacia lo superfluo, hacia lo innecesario.

Cuando en el artículo Entre el corazón y el cerebro visitaron esta página algunos de los mayores asesinos de masas del siglo 20 (Hitler, Stalin, Mao y Pol Pot), me pregunté si esos cuatro personajes actuaron movidos por el cerebro y la razón o por el corazón o la pasión.

Jan Kott hace un interesante análisis de la escena de El rey Lear en la que Edgar guía al ciego Gloucester (su padre) hacia un precipicio. No existe tal precipicio, pero Edgar cree que puede curar de su locura al anciano si lo conduce hacia una falsa muerte. Se van arrastrando hasta el precipicio y, finalmente, el anciano se lanza al abismo. Cae y muere. O eso parece, porque, en realidad no hay tal caída.

A William Shakespeare los críticos de su época le acusaban de inverosimilitud porque no respetaba la regla de las tres unidades. La regla de las tres unidades exigía que una obra debía desarrollarse en el mismo lugar, en un espacio de tiempo limitado, un día como máximo, y con una única acción fundamental.

En el artículo de “La línea de sombra”, Patria, me referí a la supuesta grandeza de algunos personajes históricos que, más que en los libros de historia al uso, deberían aparecer en la Enciclopedia del crimen o en la Historia Universal de la infamia que propusiera Borges. Hablé de muchos de esos grandes hombres y de alguna gran mujer que ocasionalmente ha contribuido a esa historia de la ignominia. Una lectora se sintió ofendida y comentó en mi página de Facebook:

Muchos autores han señalado que las crónicas que nos proporciona Tucídides son un antecedente de los reportajes enviados por los periodistas actuales desde la zona en conflicto.

Los expertos no sólo discuten acerca de la verdadera identidad del autor de las aventuras de Sherlock Holmes, sino que también intentan resolver los enigmas relacionados con la vida del detective. Lo hacen con verdadero rigor científico, sin dudar ni por un instante de su existencia, como aquellos turistas que acuden a visitar la casa de Holmes en Londres y preguntan dónde se alojaba la señora Hudson.

El libro de William S. Baring-Gould Sherlock Holmes de Baker Street, pero también otras investigaciones prodigiosas, como la edición de las aventuras del detective atribuidas a Conan Doyle, cuidadosamente anotadas por el propio Baring Gould, o más recientemente por Leslie Klinger, son imprescindibles para cualquiera que desee resolver los misterios planteados por las peripecias de Holmes.

Actuar siguiendo los dictados del cerebro o los del corazón es una dicotomía a la que recurren muchas personas.

Existe alrededor de Sherlock Holmes un terreno para la investigación tan complejo y caótico que resulta difícil presentarlo de manera coherente. Se trata de todas las novelas y relatos en los que aparece Sherlock Holmes pero que no se atribuyen a Arthur Conan Doyle.

En cierto modo, se puede decir que la visión de la historia de Tucídides es más de delante hacia atrás que de atrás hacia adelante:

Se suele decir que la originalidad de Tucídides como historiador reside en que es un autor ‘serio’, ‘riguroso’ o ‘científico’, pero habría que deshacer este malentendido. Dice Strassburger:

En la película de Woody Allen, Balas sobre Broadway (Bullets Over Broadway, 1994), el dramaturgo David Shayne (John Cusack) y sus amigos conversan en una terraza de Greenwich Village. Uno de ellos, Flender (Rob Reiner), propone un dilema clásico: