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El coqueto aerodinámico rocanrol color caramelo de ron (The Kandy-Kolored Tangerine-Flake Streamline Baby, 1965). Este fue el delirante título de la primera obra de Tom Wolfe publicada en España por Tusquets en 1972. Se trataba de un conjunto de artículos periodísticos que, junto a los de otros autores norteamericanos, inauguraron lo que se dio en llamar nuevo periodismo.

En un artículo publicado por Investigación y Ciencia (agosto de 1978, nº 23, pp. 6-17), Denise Schmandt-Besserat describía como se gestó la invención de la escritura. La arqueóloga apuntó hipótesis nuevas al respecto, que cambiaron completamente las ideas que hasta entonces habían prevalecido.

Recientemente, he visto una película realizada en 2003, Lejos del cielo (Far from Heaven). El film, dirigido por Todd Haynes, se ambienta en la Norteamérica suburbana de 1957, en Hartford, Connecticut.

María Zambrano escribe la presentación de este libro que tengo en las manos y que releo mientras escucho a Norah Jones (siempre la misma música). Es un texto breve que sitúa a los principales personajes de esta historia, que siempre me parecieron héroes mitológicos, gente que logró empezar de nuevo cuando parecía que todo había concluido.

La emperatriz María de Austria envió esta carta a su hermano Felipe II, con motivo del matrimonio de éste con la hija de aquella, la archiduquesa Ana de Austria. Una princesa ibérica que había nacido en el vallisoletano Cigales.

Hannah Arendt identificaba, en Los orígenes del totalitarismo (1951), los dos casos en que sendos Estados se convirtieron en totalitarios: el Tercer Reich y la Unión Soviética de Stalin.

De un tiempo a esta parte, la mirada de España sobre sí misma se va haciendo más problemática. Demasiadas veces, insistimos de forma frívola en la ausencia de una normalidad histórica, y por la vía fácil, recurrimos a prejuicios que nos llegan del exterior para canalizar viejas querellas. Después de todo, quizá nuestro país, aparte de buenos historiadores, también necesite un exorcista.

“El 15 de mayo de 1796 entró en Milán el general Bonaparte, al frente de aquel ejército joven que acababa de pasar el puente de Lodi y de enterar al mundo de que, al cabo de tantos siglos, César y Alejandro tenían un sucesor.” Con esta rotundidad comenzaba Stendhal su libro La cartuja de Parma, publicado en 1839.

Una historieta, acaso apócrifa pero tan manoseada que parece mentira y tan repetida que parece verdad, atribuye a Mao Zedong, Gran Timonel de la revolución comunista china, el siguiente diálogo con el Secretario General del Partido Comunista de Montenegro.

Ayer visité las Descalzas Reales de Madrid. Pese a vivir en esta ciudad, pese a llevar años trabajando en las mujeres de la Casa de Austria, nunca había visitado las Descalzas. ¿Razón?: la pereza que me da su sistema de visitas, con cita previa obligatoria. Los días laborables me resulta imposible y los festivos y fines de semana nunca consigo llegar.

Gertrudis Gómez de Avellaneda. Tula, como era conocida entre los suyos. Retrato de 1857, salido de los pinceles magistrales de Madrazo. Me fascinan esas manos, bellas, delicadas. Manos que escribieron hermosas poesías, exitosas obras de teatro y, sobre todo, poderosos escritos a favor de la emancipación femenina. Porque Tula, cubana de Camagüey, fue una mujer polifacética. Entusiasta escritora, periodista, dramaturga. Viajera incansable de educación exquisita.

Manuela Tomasa Sánchez de Oreja, la Gran Piscatora Aureliense, es la primera española autora de un tratado astrológico. En 1741 recibió licencia del Consejo de Castilla para publicar su Teatro de Signos y Planetas. Pronóstico y diario general de quartos de Luna, juicio de los acontecimientos naturales y políticos de la Europa y otras partes para el año de 1742. Y ahí aparece, en la portada de su Pronóstico, con su telescopio, su compás, su esfera armilar... todos los instrumentos propios para interpretar los orbes celestes.

Se suele aceptar que una imagen vale más que mil palabras sin reparar que di­cha afirmación no se presenta con imá­genes sino con palabras. Bajo ar­di­des semejantes, las imágenes han sido rebajadas en múltiples ocasiones a un segundo plano donde fungen como me­ras acompañantes de texto, limitan­do sus funciones —en el mejor de los casos— a las de didáctica, como ayu­dan­tes en la comprensión de la lectura, algo que ocurre frecuentemente en los textos científicos, en particular aque­llos de divulgación. Hay un caso famoso, el de un grabado publicado por el as­tró­no­mo francés Camille Flammarion, el cual ha sido utilizado en nume­rosas ocasiones como un mero adorno sin pres­tar atención a su intrincado dis­cur­so visual y origen.

Jorge Luis Borges, en varias ocasiones y de diferente forma, cuenta la siguiente anécdota: 

En marzo de 1998, la revista Investigación y Ciencia publicó un artículo sobre Lise Meitner, codescubridora de la fisión nuclear e ignorada por el jurado de los premios Nobel.

Giuseppe Napoleone Buonaparte, o como ha sido conocido por estos lares, Pepe Botella, tiene un extraño récord: el de haber sido seguramente un magnífico rey, y por supuesto el mejor alcalde de Madrid después del habitual tópico con el que se nomina a su predecesor Borbón, Carlos III. Sin embargo, ha pasado a la Historia como un usurpador ambicioso y borracho. Dejó marca, pero no la que se merecía. Y es que a la hora de trabajar una marca personal, no todo está en nuestras manos.

Gaius Iulius Caesar, Julio César, o dicho de otro modo sin declinar ni pensar en su pronunciación correcta, César. O Julio, como le decían en Astérix, un referente visual ya clásico para recordar al que nunca fue rey ni mucho menos, emperador. Sin embargo, su nombre, ha sido sinónimo de lo que nunca fue. Ni aspiró siquiera. Y en muchos otros idiomas para colmo y de manera más que reconocida, aunque no hayamos caído en ello.

Y la historia del día es la siguiente: Todas las mañanas, diez minutos antes de abrir sus puertas, el Museo del Prado nos deleita con un interesante vídeo. Una story, como se llaman estas cosas modernas de hoy en día.

[Abro la carpeta de recortes. Los recortes de los artículos y las columnas escritas entre 1998 y 2006. La foto de mi columna me la hizo Nacho Ares en la presentación de mi Hechizado. Recordatorio mental: No consigo encontrar las fotos de esa presentación... Entre los títulos veo un Ruinas... Mmm... Pienso en el texto que escribí hace tres años, el texto que recuperé como epílogo a mis Evas. Vaya, pienso, ¿qué escribí sobre ruinas hace dieciséis años? Me empiezo a leer. Y pienso: claro que soy la de entonces, yo ya estaba allí...]

Granada, 12 de noviembre de 2012. Esa es la fecha en la que iba a dar una conferencia, en la facultad de Filología, titulada “Las Clavículas de Salomón españolas: investigaciones recientes”.

Dos libros que, en apariencia, hablan de lo mismo. Aunque miran en sentidos enfrentados.

En la revista Investigación y Ciencia (nº 290, 2000, págs. 24-31), el ingeniero Robert Silman analizaba los problemas estructurales de la Casa de la Cascada, diseñada por Frank Lloyd Wright (1867-1959) en septiembre de 1935, y construida entre 1936 y 1939 para Edgar Kaufmann, dueño de unos grandes almacenes en Pittsburgh. La casa se encuentra en Bear Run, Pensilvania.

En el verano de 1882, Yamakawa Sutematsu pronunció un discurso de despedida, como delegada de su clase, en Poughkeepsie, Nueva York, en la sede del Vassar College. Era la primera mujer japonesa en graduarse en una universidad occidental. Así lo cuenta la historiadora Eri Hotta en su magnífico libro Japón 1941, publicado por Galaxia Gutenberg en 2015.

De pie, hierática, vestida íntegramente de negro, excepción hecha de la cofia blanca propia de viuda, la joven mujer apoya su mano izquierda sobre una niña, lujosamente ataviada, mientras que su mano derecha, enguantada, sostiene un abanico.

En el tomo tercero, página 590, de su Oedipus Aegyptiacus (1654), el jesuita Athanasius Kircher sitúa un grabado de Harpócrates, el dios egipcio del silencio y el secreto.

Berenice Abbott nació en Springfield (Ohio) cuando terminaba el siglo XIX. Con veinte años recién cumplidos se traslada a Nueva York, al barrio de Greenwich Village, famoso por ser la cuna de la cultura y la bohemia de aquellos felices veinte.

De laurel siguen siendo los ramos que se llevan a la iglesia para ser bendecidos el domingo antes de Pascua, el Domingo de Ramos. Laurel bendecido que se quemaba en las casas para ahuyentar a las brujas y sus males.