Trestesauros500

Se suele aceptar que una imagen vale más que mil palabras sin reparar que di­cha afirmación no se presenta con imá­genes sino con palabras. Bajo ar­di­des semejantes, las imágenes han sido rebajadas en múltiples ocasiones a un segundo plano donde fungen como me­ras acompañantes de texto, limitan­do sus funciones —en el mejor de los casos— a las de didáctica, como ayu­dan­tes en la comprensión de la lectura, algo que ocurre frecuentemente en los textos científicos, en particular aque­llos de divulgación. Hay un caso famoso, el de un grabado publicado por el as­tró­no­mo francés Camille Flammarion, el cual ha sido utilizado en nume­rosas ocasiones como un mero adorno sin pres­tar atención a su intrincado dis­cur­so visual y origen.

Jorge Luis Borges, en varias ocasiones y de diferente forma, cuenta la siguiente anécdota: 

En marzo de 1998, la revista Investigación y Ciencia publicó un artículo sobre Lise Meitner, codescubridora de la fisión nuclear e ignorada por el jurado de los premios Nobel.

Giuseppe Napoleone Buonaparte, o como ha sido conocido por estos lares, Pepe Botella, tiene un extraño récord: el de haber sido seguramente un magnífico rey, y por supuesto el mejor alcalde de Madrid después del habitual tópico con el que se nomina a su predecesor Borbón, Carlos III. Sin embargo, ha pasado a la Historia como un usurpador ambicioso y borracho. Dejó marca, pero no la que se merecía. Y es que a la hora de trabajar una marca personal, no todo está en nuestras manos.

Gaius Iulius Caesar, Julio César, o dicho de otro modo sin declinar ni pensar en su pronunciación correcta, César. O Julio, como le decían en Astérix, un referente visual ya clásico para recordar al que nunca fue rey ni mucho menos, emperador. Sin embargo, su nombre, ha sido sinónimo de lo que nunca fue. Ni aspiró siquiera. Y en muchos otros idiomas para colmo y de manera más que reconocida, aunque no hayamos caído en ello.

Y la historia del día es la siguiente: Todas las mañanas, diez minutos antes de abrir sus puertas, el Museo del Prado nos deleita con un interesante vídeo. Una story, como se llaman estas cosas modernas de hoy en día.

[Abro la carpeta de recortes. Los recortes de los artículos y las columnas escritas entre 1998 y 2006. La foto de mi columna me la hizo Nacho Ares en la presentación de mi Hechizado. Recordatorio mental: No consigo encontrar las fotos de esa presentación... Entre los títulos veo un Ruinas... Mmm... Pienso en el texto que escribí hace tres años, el texto que recuperé como epílogo a mis Evas. Vaya, pienso, ¿qué escribí sobre ruinas hace dieciséis años? Me empiezo a leer. Y pienso: claro que soy la de entonces, yo ya estaba allí...]

Granada, 12 de noviembre de 2012. Esa es la fecha en la que iba a dar una conferencia, en la facultad de Filología, titulada “Las Clavículas de Salomón españolas: investigaciones recientes”.

Dos libros que, en apariencia, hablan de lo mismo. Aunque miran en sentidos enfrentados.

En la revista Investigación y Ciencia (nº 290, 2000, págs. 24-31), el ingeniero Robert Silman analizaba los problemas estructurales de la Casa de la Cascada, diseñada por Frank Lloyd Wright (1867-1959) en septiembre de 1935, y construida entre 1936 y 1939 para Edgar Kaufmann, dueño de unos grandes almacenes en Pittsburgh. La casa se encuentra en Bear Run, Pensilvania.

En el verano de 1882, Yamakawa Sutematsu pronunció un discurso de despedida, como delegada de su clase, en Poughkeepsie, Nueva York, en la sede del Vassar College. Era la primera mujer japonesa en graduarse en una universidad occidental. Así lo cuenta la historiadora Eri Hotta en su magnífico libro Japón 1941, publicado por Galaxia Gutenberg en 2015.

De pie, hierática, vestida íntegramente de negro, excepción hecha de la cofia blanca propia de viuda, la joven mujer apoya su mano izquierda sobre una niña, lujosamente ataviada, mientras que su mano derecha, enguantada, sostiene un abanico.

En el tomo tercero, página 590, de su Oedipus Aegyptiacus (1654), el jesuita Athanasius Kircher sitúa un grabado de Harpócrates, el dios egipcio del silencio y el secreto.

Berenice Abbott nació en Springfield (Ohio) cuando terminaba el siglo XIX. Con veinte años recién cumplidos se traslada a Nueva York, al barrio de Greenwich Village, famoso por ser la cuna de la cultura y la bohemia de aquellos felices veinte.

De laurel siguen siendo los ramos que se llevan a la iglesia para ser bendecidos el domingo antes de Pascua, el Domingo de Ramos. Laurel bendecido que se quemaba en las casas para ahuyentar a las brujas y sus males.

En el Leopold Museum de Viena, abrió sus puertas en julio de 2018 la exposición Make me look beautiful, Madame D’Ora, dedicada a Dora Kallmus (1881-1963), fotógrafa austríaca que, bajo el nombre artístico de D’Ora, fue una de las primeras fotógrafas mujeres en abrir estudio fotográfico en la ciudad del Danubio, Atelier d’Ora (1907).

Hace quinientos años un galápago era, en castellano, el nombre que se daba a una silla de montar a la inglesa. Y eso debió pensar fray Tomás cuando, camino de Lima, la calma chicha llevó su barco hasta unas islas llenas de tortugas gigantes, que él bautizó con el nombre de galápagos, quizás por su semejanza con aquellas sillas de montar. Nombró Galápagos a las tortugas y a las islas. Iba fray Tomás con un encargo imperial, imperial del emperador Carlos, señor de aquellas tierras y de todas con las que se topasen los barcos castellanos en su trasegar por los océanos del mundo, que para eso tenían la fuerza de las armas y el consentimiento otorgado por los papas de Roma. Iba, ya digo, con el encargo imperial de poner fin al enfrentamiento entre Pizarro y Almagro, dos extremeños que habían llegado, pocos años antes, hasta las desconocidas tierras del Perú, señorío de los Incas. Fray Tomás falló en aquel encargo pero, a cambio, dio nombre a unas islas en las que, trescientos años después, un inglés llamado Charles Darwin empezaría a elucubrar sus primeras ideas sobre selección natural, esas que darían lugar a su teoría de la evolución.

“Ya cerrada la noche llega don Luis, desasosegado, a su casa de la calle del Niño. La casa pertenece desde hace poco tiempo a su mayor enemigo: don Francisco de Quevedo, de quien el sacerdote cordobés es inquilino, para su desgracia.

Marzo de 1623. Un grupo de jinetes se arremolinan en la colina. A sus pies, Madrid, capital de todas las Españas. Detrás, el bosque de pinares. Sereno. Casi oceánico. Sobre Madrid, el cielo aborrascado y dramático de una mañana de marzo.

Todo parece indicar que uno de los motivos favoritos de El Bosco fue la representación de las Tentaciones de San Antonio. Favorito para El Bosco y para muchos de sus contemporáneos. Como tantas otras cosas relativas al pintor flamenco, no se sabe si fue un gusto propio o emanado de los encargos recibidos. Sea como fuere, hasta nosotros han llegado unas cuantas representaciones con esta temática, salidas de sus geniales pinceles.

Hace un año estaba terminando de escribir el penúltimo capítulo de mis Evas...

Cuando descubrí los cuadros de Remedios Varo mi primera pregunta fue ¿dónde adquirió todos sus conocimientos de magia? ¿Cómo sabía tanto de alquimia? Yo desconocía todo de su vida. Me iba enterando atropelladamente, según leía lo que me encontraba acá y allá.

Dicen de las Virgo de agosto que son cuadriculadas, metódicas, perfeccionistas, obsesionadas por el orden... Se les olvida decir, quizás es que no lo sepan, que son pasionales y viscerales a partes iguales, que disfrutan siendo histriónicas, pareciendo extravagantes...

En la década de 1930, en el Estados Unidos devastado por la Gran Depresión de 1929, se creó la Farm Security Administration (FSA), con la finalidad de trabajar en el reasentamiento de granjeros indigentes reconvertidos en jornaleros: cerca de un millón de personas.

¿Una Yihad islámica organizada por la cristiana Alemania con el fin de debilitar a la también cristiana Gran Bretaña? Por paradójico que parezca, tal fue el propósito de una de las acciones de espionaje más rocambolescas de la Primera Guerra Mundial.

Rudyard Kiplig publicó Kim en 1901. Se trata de una magnífica novela de aventuras y de propaganda política. El núcleo de la trama gira alrededor del Gran Juego: la pugna que mantuvieron el Imperio Británico y el Ruso desde la mitad del siglo XIX hasta, prácticamente, la Segunda Guerra Mundial.

En el British Museum londinense se conserva el cuaderno de campo que el flamenco Anton van Dyck escribió durante su viaje italiano. Un viaje en el que, entre otros artistas consagrados, visitó a la entonces nonagenaria Sofonisba Anguissola.