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Imagen superior © Damián Calvo, Universal Music
El riesgo es consustancial al verdadero artista. Su propio temperamento así lo pide. Investigar, buscar, descubrir, crear, en suma. Así lo siente Miguel Poveda y así lo expresa en esa obra propia que va construyendo paso a paso, disco a disco, actuación a actuación. Frente a lo efímero del cante en directo está la permanencia de la discografía. Fuente y caudal, que diría Paco. Una obra que contiene pasajes de puro flamenco, que contenta a los ortodoxos y abre la puerta a los más atrevidos. Que indaga el terreno clásico de la copla, añadiéndole una relectura nueva, conservando su esencia, pero añadiendo ese toque personal que lo distingue. Que juega en el encuentro con las guitarras más destacadas del panorama musical español, a modo de artesanía musical, plagada de sorpresas.

Calixto Sánchez se ha ido. Ha dejado de cantar. Ha abandonado el mundo flamenco después de casi cuarenta años de profesión. Esos años tuvieron su aldabonazo cuando ganó el primer Giraldillo de la Bienal de Sevilla. Corría el año 1980 y la voz de aquel muchacho de Mairena del Alcor, que había sido aupado al concurso por mor de las peñas, retumbó con sonoridad única en el Teatro Lope de Vega, certificando el comienzo de un recorrido profesional que iba a estar marcado por algunas señales distintivas.

Y el agua se doraba…
El flamenco es un territorio de libertad. Libertad expresiva y compositiva. Aunque haya todavía quien lo niegue, cerrando los oídos a la evidencia. Y es, también, una música de creación. De autor, para entendernos. En sus más de doscientos años de existencia constatada ha tenido que escuchar a menudo que va a terminarse, que está en crisis, que lo puro se ha acabado, que lo nuevo va a terminar con el cuadro. Jeremíadas y lamentos. Ay, qué fue del cante jondo…Ya Lorca y Zuloaga y Falla y Manuel Ángeles Ortiz temían por su desaparición. Tanto, que despreciaron a los profesionales y fueron a buscar la fuente en donde no podía estar. Un milagro, el Niño Caracol, salvó el empeño, que si no… Si esos malos augurios hubieran tenido algo de verdad, el arte flamenco habría sucumbido hace tiempo pero, sin embargo, se muestra pleno, renovado y lleno de futuro.

Siéntate en mi cabecera / fija tus ojos en los míos / entonces, quizás no muera.

Primer Acto
En la Fuente de los Siete Caños de Priego de Córdoba todo está dispuesto. El escenario encara el espacio urbano, alargado y barroco, dejando a ambos lados el trasiego de gente que se mueve por este enclave único de la ciudad. Es verano, es tiempo de fiesta y tiempo, por tanto, de cante. El cante se ha llenado de ecos mairenistas y ahora es el momento en que irrumpe, por qué no decirlo, una voz diferente, con una escuela propia, con un aprendizaje minucioso, con un saber añejo pero renovado.

Hay un enclave español en el que el flamenco se escribe con mayúsculas. Cuando llega el mes de agosto el aire se torna denso, especial, inenarrable. Las plazas y las calles se dirigen todas al mismo objetivo. El sueño desaparece y es reemplazado por un duermevela constante en el que irrumpen de improviso los sonidos del pasado. Es La Unión. Y es el tiempo del Cante de las Minas.

Hablar del Concurso de Granada en el mundo flamenco es referirse a un acontecimiento astral, a un momento cenital del desarrollo de este arte. Es volver los ojos a una manifestación que estuvo plagada de incidencias, curiosidades, consecuencias, novedades...

Imagen superior: La Niña de los Peines
En el universo musical de Cádiz dos sones se entrecruzan de una manera cierta. Dos sones que, a partir de este enclave, se difunden y amplían, llegando a otras latitudes geográficas y musicales. Son el tango de carnaval y el tango flamenco.