“En las culturas donde la gente trata con la muerte simplemente sacándola de su mente, la perspectiva de su cercanía de forma repentina y terrible, incluso si es extremadamente improbable, causa una neblina mental de miedo y un desproporcionado y utópico deseo de reducir el riesgo de esa posibilidad a cero, dejando de lado cualquier otra consideración. Cuando se dan estas condiciones, nos enfrentamos con una espiral emocional que desarrolla su propia inercia.

"Dave, mi mente se está yendo. Puedo sentirlo. Puedo sentirlo". Así se despide de nosotros HAL, la supercomputadora de 2001: una odisea en el espacio. Nicholas Carr recuerda esta secuencia en su libro Superficiales, preguntándose si a nosotros no nos sucede algo similar cuando nos dejamos llevar por los impulsos primarios de internet. Es decir, cuando abrazamos de forma compulsiva ese modo vertiginoso y ligero de recopilar y ofrecer información.

Paseo en mis sueños por un mundo de ficción absurda en el que busco desesperadamente un ejemplar del Ulysses, de James Joyce. Tras subir unas escaleras por el lado inverso, encuentro una biblioteca que lo engulle todo a su alrededor.

Imagen superior: Anne Worner, "Smiling Faces" (CC)

¿Qué parte no se entiende en la frase “Por favor, va a empezar el espectáculo, les rogamos que apaguen sus móviles”? O del comentario “Bienvenido, dentro de la sala le agradecería que no coma el bocadillo”. ¿Cómo es posible en un espectáculo de teatro de sombras que un adulto olvide con tanta rapidez la recomendación “Se requiere oscuridad total, les agradeceremos que no conecten dispositivos que emitan luz”? ¿Alguien no es consciente lo que puede iluminar el destello de una pantalla de teléfono mientras miramos el WhatsApp?

Sepideh Jodeyri (Ahvaz, Irán, 1976) es poeta, escritora y además traductora. Es la responsable de haber traducido al persa autores como Jorge Luis Borges o Edgar Allan Poe. Ha publicado también varias colecciones de poesía y de relatos cortos, y en 2009 recibió el premio Korshid al mejor libro de poemas escritos por una autora iraní.

Antonio Lucas tiene trazas de cantaor elegante, de poeta flamencólogo. Lleva la poesía, el Arte, en las habitaciones últimas de la sangre. Es joven y ya ha creado escuela, que sabe uno, intruso y picalagartos, que le admiran jóvenes talentos letraheridos de Cieza (hablo de Antonio Liberato), y hasta esas estudiantinas de Salamanca que quieren cambiar el mundo y que van de asamblea a asamblea pablemas envueltas en una minifalda sugestiva.

Thierry Meyssan junto al ayatolá Mahmood Mohammadi Araqi. Teherán, septiembre de 2002 © Voltairenet.org

Escribir no es lo mismo que juntar letras, y hacer literatura no tiene nada que ver con contar sin pasión una historia.

No hablo hoy del autor, sino de su casa encendida. No del poema suelto y sí del ecosistema.

Quien plantea en Sopa de ganso la pregunta que nos sirve de título es Chico Marx. Haciéndose pasar por su hermano Groucho, Chico pone a prueba la eficacia de su disfraz, y de paso, expone uno de los más significativos problemas en la era de la comunicación digital. Me refiero, como habrán supuesto, a esa credulidad cuyos síntomas más inquietantes son la superstición y el fanatismo.

Imagen superior: Neal Sanche, "Woman in Blue", CC
Hoy es el día dedicado en el calendario a luchar contra la violencia contra las mujeres. No creo en “los días de”, porque una mujer que víctima de la violencia lo es desde que recibe el primer mensaje de acoso en su móvil («¿Dónde estás?», «¿Por qué no me respondes?», «¿Con quién estás?»), y cuando la pareja usa una aplicación de mensajería móvil para controlar las horas a las que la víctima de acoso está o no conectada. Del mismo modo, el día mundial de la lucha contra el Sida puede parecer que carece de sentido si pensamos que los enfermos de Sida o quienes son positivos en VIH conviven con ello cada día.

Si todo sigue al mismo ritmo, quienes deseen adquirir prensa independiente, al servicio de la verdad, tendrán que acudir a una tienda de recuerdos. Las excepciones son cada vez más escasas, y uno se encuentra con que el periodismo español define mejor que nunca su labor instrumental, en perfecta simbiosis con las opciones aventajadas del mapa político: la derecha, la izquierda, el populismo o el nacionalismo.

"Las palabras se utilizan para mentir. En cambio, el dolor nunca miente" (Daisuke Tegan en "Audition", 1999)

Hay veces que las torrenteras líricas van a premio por columna. Otras veces es el azahar florecido en Sevilla, o un cuento por Pascuas, lo que le da corporeidad a su pieza en ABC.

Tiene el verbo florido, pulso de poeta y el ánima apátrida que se les pone a quienes escriben desde Barcelona, o Trieste, o Argel o Montevideo. Albert Lladó va lo mismo del pensamiento (va pensiero) al politiqueo, de Bécquer a la barretina diaria de su Cataluña, pero siempre, siempre, con el respeto sacrosanto al verbo y a la sintaxis.

'Cajita de fósforos' (2005), del colectivo Mujeres Públicas © www.mujerespublicas.com.ar.

El 8 de octubre, en el tercer o cuarto café de la mañana, le tocaba el turno a una revisión de Facebook y me encontré con la habitual entrada de la Asociación de la Prensa de Madrid, que además de la usual felicitación por el mero hecho de ser miércoles –lo que, tratándose una asociación de gente que suele trabajar en diarios, es lógico– citaba a Esther Thorson, decana asociada de la Universidad de Missouri y una eminencia en la investigación sobre el impacto de internet y los nuevos modelos publicitarios en el periodismo:

Imagen superior © Afreecom / Idrissa Soumaré. Cortesía de European Commission DG ECHO, EU Humanitarian Aid and Civil Protection.

En 1994, una etóloga de 34 años que investigaba un brote de Ébola en una colonia de chimpancés, en Costa de Marfil, cayó enferma tras realizar una necropsia a uno de los primates infectados. La mujer fue repatriada a Suiza, donde finalmente se recuperó.

Imagen superior © Concha Casajús. Cortesía de Editorial Espasa, Grupo Planeta. Reservados todos los derechos.

 Facebook: Fotografía del perro de María Teresa Romero y Javier Limón