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Si la inteligencia artificial está dando sus primeros pasos, la ética que la conformará se encuentra todavía en una etapa embrionaria. Por eso el dilema ético al que nos enfrentaremos empieza a generar interés en algunos sectores y preocupación en otros. La cuestión es que, a medida que avanzan los progresos en inteligencia artificial, se hace más complicada la introducción de valores en la máquina si estos no son programados o introducidos a tiempo. Algunas pruebas recientes en inteligencia artificial han reflejado que la máquina pone resistencia a la reprogramación una vez que ya ha sido configurada. Como si, a medida que la inteligencia aumentara, la resistencia a modificaciones también lo hiciera.

En un futuro postapocalíptico, ¿qué pasaría con la vida si los humanos desapareciéramos? Al fin y al cabo, es probable que la especie humana se extinga mucho antes de que el sol se convierta en una gigantesca bola roja y acabe con todos los seres vivos sobre la faz de la Tierra.

Los autómatas, los mecanismos ingeniosos, nos fascinan desde la Antigüedad y abrieron el camino a otras criaturas mecánicas, como los robots, y después a ingenios inmateriales o no corporales como los sistemas de inteligencia artificial (IA).

“Temo el día en que la tecnología sobrepase nuestra humanidad”. Atribuida a Albert Einstein, la frase condensa los recelos que rodean cada revolución tecnológica. Pero la especie humana no solo ha convivido siempre con la tecnología: le debe su propia condición de humanidad.

Dado que Fortnite se ha convertido rápidamente en uno de los videojuegos más populares del mundo —jugado por más de 125 millones de personas— decidí jugar yo mismo en un intento por comprender su atractivo.

“Nada de teléfonos móviles en la escuela”, prometió Emmanuel Macron durante su campaña. El proyecto de ley La République en marche (LRM), que prohíbe los teléfonos móviles en los colegios e incluso en algunos institutos franceses, se aprobó el 30 de julio de 2017 en el Parlamento galo.

La esencia del futuro es la automatización. Con ella se exalta este apogeo de los robots que ya anticiparon el cine y la literatura. Ustedes saben a qué me refiero: libros y películas que a veces nos hablan de un mañana prometedor, en el cual nos aliamos con las máquinas, y que otras veces describen un destino apocalíptico, en el que los autómatas dominan el mundo con palabras metálicas y armas invencibles.

Ocurre con el hecho de tener una mascota (principalmente un perro o un gato por aquello de la cercanía con nosotros como mamíferos, pero también por su inteligencia y comunicación emocional) un fenómeno curioso: la creación un vínculo afectivo que resulta extraño y exagerado a quien lo ve desde fuera pero completamente natural para el que alguna vez ha convivido con ellos.

Consideramos el egoísmo un grave fallo de carácter, algo que reprochamos a los demás cuando lo ejercen y un defecto contra el que advertimos a los niños. “Hay que ser generoso”, decimos. “Que persona más generosa”, admiramos. Es casi lo mejor que se puede decir de alguien tras su fallecimiento.

Maria Gordon fue una geóloga y paleontóloga que puso patas arriba varias cosas en su época. La más conocida fue la idea que se tenía de cómo se habían formado las Dolomitas, un conjunto de montañas al sur del Tirol, en los Alpes.

A veces dejar marca cuesta lo suyo. Y no porque uno no llegue a ser un profesional de éxito; todo lo contrario. Sino porque el reconocimiento en ocasiones, acaba convirtiendo en marca lo que uno no tenía claro que fuera a ser por lo que pasaría a la posteridad.

Quizá no tengamos tiempo suficiente para estudiar, idear, diseñar, probar y construir los modelos que puedan solucionar nuestros problemas de supervivencia, pero los miles de millones de años de vida en nuestro planeta son una base de datos inagotable de donde extraer aquellas adaptaciones más eficaces y ya contrastadas para resistir en cualquier ecosistema conocido.

Aunque lamentablemente solo ocurrió en algunos países de Europa, durante la Ilustración muchas mujeres alcanzaron parte del protagonismo que tradicionalmente se les negaba.

Los árboles seguramente sean uno de los elementos de la naturaleza que más nos atraen y, además del disfrute estético que supone contemplarlos cuando paseamos por un bosque, nos pueden dar mucha información sobre cómo ha sido su vida y sobre las condiciones ambientales del territorio en el que se han desarrollado.

“Pues cómo ves”, me dijo el editor sin siquiera hacer alusión a nuestra querida revista. Me tendió un libro de no menos de 300 hojas aunque ligero como una pluma. Tenía muy buen aspecto, y no solo por su diseño convencionalmente atractivo o por su tamaño ergonómicamente perfecto, sino por una banda color verde hoja que delimitaba el primer sexto de la portada de arriba hacia abajo. Sustentabilidad, anunciaba el título, tema oportuno y actual, si los hay. Se trataba de una compilación de textos sobre un concepto considerado clave para la supervivencia de la humanidad.

A mi hermana Carmen
Este texto debe mucho al Metro y al Pumabús, mas no porque lleven a quien lo escribe a su destino mañanero, sino por la inspiración que le significan.

El gran físico y premio Nobel Richard Feynman dijo alguna vez que “El primer principio [de la ciencia] es no engañarte a ti mismo… y tú eres la persona más fácil de engañar”.

Una de las cualidades más valiosas de la ciencia es su tremendo poder para explorar, desentrañar y explicar el mundo que nos rodea. El conocimiento que produce es extremadamente sólido, y tan confiable que nos permite entender y controlar ese mundo.

Valoramos mucho el sueño continuo y prolongado. Los especialistas recomiendan dormir unas ocho horas o, si se trata de infantes, más incluso. Sin embargo, muchas personas son insomnes; tienen problemas para conciliar el sueño, despiertan en más de una ocasión durante la noche o lo hacen demasiado pronto.

Tras las guerras médicas, finalizadas en 448 a.e.c. con la derrota del ejército persa de Artajerjes I y la Paz de Calias, Atenas se encontraba en su máximo apogeo. Pericles, seguramente la máxima figura política de la Grecia clásica, gobernaba un imperio marítimo y, a decir del historiador Tucídides, lo hacía con talento y prudencia. Y sin embargo, la era de Pericles llegaría a su fin 17 años después, en parte al menos, por una serie de malas decisiones promovidas por el “primer ciudadano”.

Analizando los resultados de la prueba SAT que se realiza en los Estados Unidos para acceder a los estudios universitarios, Stephen M. García (Michigan, EEUU) y Avishalom Tor (Haifa, Israel) observaron que dichos resultados son peores cuanto mayor es el número de personas que realizan la prueba en una misma dependencia. También observaron el mismo fenómeno al analizar los resultados de una prueba analítica muy sencilla, denominada “Cognitive Reflection Test”.

La respuesta no es fácil y, de hecho, hasta hace poco no ha habido estimaciones mínimamente fiables. Los primeros cálculos con cierto rigor se publicaron en 2013, pero en 2016 se hicieron estimaciones más precisas de los seis tipos celulares que se tenían por más abundantes. Esos tipos daban cuenta del 97% del número total de células. Según los últimos cálculos, en el cuerpo de un hombre joven de unos 70 kg y 170 cm de estatura hay aproximadamente 30 billones de células. Y las cifras no serían muy diferentes para una mujer de similares características.

A los seres humanos nos gusta que nos cuenten historias. Nos gustan las narraciones. Y a algunos también les gusta contarlas. No se trata solo de las que nos contamos unos a otros de manera oral. También las leemos. O, cada vez en mayor medida, las vemos u oímos en programas de televisión o de radio. Dedicamos muchísimo tiempo –y dinero– a oír, leer o ver historias. Es un rasgo cultural universal: a todos los seres humanos nos gustan las narraciones.

Las primeras vides afectadas lo fueron en Pujault (Gard, Francia) en 1863. La plaga siguió extendiéndose por ese país y algo más tarde por el resto de Europa. Cinco años después el botánico Jules-Émile Planchon identificó al culpable. Era un insecto diminuto (de entre 0,3 y 1,4 mm) cuyo nombre científico actual es Daktylosphaera vitifoliae, conocido vulgarmente como filoxera.

A finales de siglo XIX y comienzos del siglo XX los valores no desempeñaban ningún papel en el desarrollo de la ciencia. La noción de ciencia neutra, carente de valores se remonta al siglo XVII, a la creación de la Royal Society londinense. Según el Royalist Compromise, el acuerdo con la corona británica, recogió el compromiso de ésta de permitir a los miembros de la Sociedad investigar en libertad siempre que no se involucrasen en asuntos religiosos, políticos y morales.

En el mismo año que se había publicado el ensayo sobre la relación entre la ciencia moderna y el protestantismo glosado en la anotación previa, Merton (1938) publicó una conferencia que había pronunciado en diciembre del año anterior ante la American Sociological Society. En la conferencia se refirió a los ataques que había recibido la ciencia en los años anteriores y expuso una serie de ideas acerca de los motivos por los que, a su entender, se estaban produciendo esos ataques. Sintetizo a continuación los puntos más significativos de su trabajo.

Como hemos visto en la anotación anterior (Merton, 1938), la ciencia dejó de ser inmune al ataque, las restricciones y la represión. Antaño la fe de la cultura occidental en la ciencia había sido ilimitada, indiscutida y sin rival. Hace 350 años, cuando la institución de la ciencia poseía escasos títulos propios para reclamar apoyo social, también los filósofos de la naturaleza tuvieron que justificar la ciencia como un medio para lograr los fines culturalmente convalidados de la utilidad económica y la glorificación de Dios.

Una vez que Merton (1942) abrió la puerta a los valores como un elemento fundamental para caracterizar la empresa científica y para sustentar la legitimación social de la misma, otros autores han aportado su propia visión. Paso a continuación a hacer un breve repaso, recurriendo, para ello, a referencias recogidas por Javier Echeverría en sendos trabajos de 1995 y de 2002.