graciasportadadefesq

La promoción de esta película se apoya en unos entrecomillados de la prensa especializada en los que se establecen comparaciones con Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976). Un arma de dos filos, claro, porque por un lado es un halago, pero por otro levanta expectativas difíciles de cumplir.

La nueva entrega de la exitosa saga de thrillers llega a España con el título de Saw VIII, aunque su título original es Jigsaw (Puzle), el apodo de John Kramer (Tobin Bell), cerebro criminal detrás de las retorcidas tramas de estas películas.

Agatha Christie es una de las novelistas más populares que jamás han existido (prácticamente en todos los hogares hay, al menos, uno de sus libros), y Asesinato en el Orient Express bien podría ser su obra más famosa.

No es mucho lo que un viejo lector de tebeos le pide a una película de estas características.  Si lo pensamos bien, el problema ‒para quien quiera verlo‒ es que hemos convertido el subgénero de los superhéroes en algo que sólo llegó a ser raramente: algo profundo y tirando a serio, con una gravitas desproporcionada.

A comienzos de los años 90, el cine de terror casi despareció, quizá por la sobrexplotación de las dos décadas anteriores, o posiblemente por el auge del thriller erótico (a causa del éxito de Instinto básico) y el thriller psicológico (por culpa de El silencio de los corderos).

Kornél Mundruczó (sí, he copiado y pegado el nombre, como ha hecho todo español que ha escrito sobre él) recordó al mundo que el cine húngaro existe, y que además puede ser impactante y vistoso, como demostraron las muy comentadas Semilla de maldad (2010) y White God (2014), películas “de festival” que también triunfan en las salas de versión original.

¿Está recuperándose en cine de acción estadounidense? Todavía es pronto para decirlo, pero después del daño hecho por Michael Bay y por el estilo pseudo-documental, se está notando cierta tendencia que trata de rescatar la acción en la que el espectador aprecia lo que está pasando y disfruta del trabajo de los especialistas, en lugar de asistir a un confuso batiburrillo de primeros planos e imágenes movidas.

¿Recuerdan Línea mortal (Flatliners)? No se preocupen, casi nadie lo hace. Más allá de la presencia de una recatada Julia Roberts en pleno auge y de Kiefer Sutherland soltando la célebre frase cheroqui “Es un buen día para morir”, aquel film de 1990 no se cuenta entre lo más memorable del director Joel Schumacher.

Estrenada un par de semanas después de La piel fría, esta nueva película del director francés Xavier Gens nos lleva a los evocadores parajes de Rumanía con este clásico relato de posesiones y exorcismos.

¿Recuerdan en qué consiste el glam, no? Todo comenzó en 1971. Música pegadiza, riffs de guitarra, toques de music-hall, vestuario extravagante, maquillaje, dandismo y mucha ambigüedad. Aquel estilo se encarnó en Marc Bolan y T.Rex, en David Bowie, The Sweet y Gary Glitter. El invento triunfó, por supuesto, y luego fue derramando su purpurina sobre otras corrientes musicales, empezando por el rock operístico de Queen.

A lo largo de los años, los aficionados al cine han recurrido al término “película Sundance” para referirse a determinadas producciones independientes norteamericanas (estadounidenses y/o canadienses), que generalmente pasan por el célebre festival creado por Robert Redford y que, pese a ser muestras de cine alternativo, suelen compartir ciertos rasgos estéticos y narrativos reconocibles por parte de la cinefilia.

Pese a lo que pueda parecer, las películas de robos nos hablan de nuestra propia experiencia. No de nuestras tentaciones delictivas, por supuesto, sino de esos anhelos que podríamos colmar con un arranque de coraje. O de locura. Al fin y al cabo, un gran robo de guante blanco exige esas tres condiciones: ganas de dar ese golpe que cambiaría la vida de cualquiera, valentía para seguir el plan, y por supuesto, la chifladura necesaria como para no pensar en el juez o en la cárcel.

Esta recopilación de cortos, elaborada y narrada por Thierry Frémaux (director del Instituto Lumière en Lyon) tiene intenciones claramente didácticas, y sin duda, formará parte de las clases de cualquier futuro estudiante de Imagen, pero también resulta fascinante para todo aficionado al cine o a la Historia en general.

Publicada hace ya más de una década, La pell freda se editó en catalán y su excelente acogida provocó que fuera traducida al castellano y a casi 40 idiomas más, todo un éxito para su autor Albert Sánchez Piñol, quien ahora ve su obra más famosa adaptada a la gran pantalla.

Tras la temporada cinematográfica estival, con los estrenos de enormes superproducciones, llega lo que se suele denominar temporada de Halloween, que ocupa el comienzo del otoño. Son semanas en las que se suelen estrenar entregas de franquicias populares del cine de terror. Producciones en las que la relación entre el modesto presupuesto y la jugosa recaudación es el sueño de cualquier contable.

Pido de antemano excusas a la RAE si se me cuela alguna tilde en el “Solo” del título de esta película, pero no es fácil enseñar trucos nuevos a un perro viejo.

Ha querido el destino que Anne Wiazemsky haya fallecido una semana antes del estreno de esta película basada en su autobiografía (Un an après), donde se narra su relación artística y personal con el cineasta Jean-Luc Godard.

Resulta inevitable ver esta película y recordar otras como La costa de los mosquitos (Peter Weir, 1986) o Captain Fantastic (Jack Ross, 2016), ya que vuelve a contar la historia de un hombre idealista y fuera de la sociedad, pero también "responsable" de una familia a la cual arrastra por su difícil camino, con resultados no especialmente felices.

Un tipo pasa un fin de semana en la montaña con la Santísima Trinidad. Sí, ese el argumento de la película, uno de esos planteamientos que se toman o se dejan, pero que Son lo que Son (parafraseando al Creador).

Villeneuve sabe que en su film es necesario que hable el pasado. Al fin y el cabo, Blade Runner 2049 es una secuela ‒una magnífica secuela‒ de un clásico que, a pesar de su edad, sigue definiendo en nuestro imaginario ese porvenir oscuro, condicionado por la biotecnología, por la inteligencia artificial y por los desastres medioambientales.

Aventuras y romance en una modélica película que sigue, paso a paso, fórmulas que llevan funcionando desde siempre, y posiblemente lo sigan haciendo hasta el fin del mundo.

Escribo estas líneas en pleno rifirrafe sobre el referéndum catalán. Uno no puede evitar meterse en Internet o encender la televisión sin asistir a debates y riñas sobre la posible independencia de Cataluña. Curiosamente, a nadie parece preocuparle que la temperatura media en ese territorio haya aumentado 1,55 grados desde 1950, y que vaya a crecer otro tanto en los próximos treinta años, un periodo en el que ‒según las proyecciones más dramáticas‒ se dispondrá de un 18% menos de recursos hídricos en las áreas del interior de la región. Si a ello le sumamos una rápida y constante erosión en las playas y en los deltas, ya pueden imaginarse lo que nos espera, tanto en esa comunidad como en el resto de España y del mundo. Pero como ya ven, una cuestión tan grave como ésta queda enterrada bajo el peso de las noticias políticas, de una trascendencia mucho más limitada, aunque a veces no lo parezca.

Hay series de películas que se hacen para los aficionados al terror, como Pesadilla en Elm Street, Viernes 13 o Insidious. Y luego está la saga Phantasma, que más que para los aficionados al terror, se hace para los aficionados a Phantasma.

Si lo mejor que se puede decir a día de hoy de una película es que desconcierta y rompe las expectativas del espectador, entonces La cordillera es todo un triunfo.

Si en el panorama del teatro musical madrileño se pude hablar de un Off-Gran Vía, como existe un Off-Broadway en Nueva York, La llamada sería el ejemplo perfecto de un contundente éxito ajeno a las grandes producciones y las promociones millonarias.

Estamos en una época de exageraciones y frases hiperbólicas. ¿La razón? Bueno, principalmente la intención de llamar la atención en un mar infinito de titulares, opiniones y productos, pero también la poca experiencia, memoria o bagaje cultural de quienes suelen decir que cada película que se estrena es la peor o la mejor de la Historia del Cine (que para ellos suele comenzar alrededor del año 2008).

Resulta que, al final, Steven Soderbergh no se retiró definitivamente del cine, pese a lo que dijo hace unos años. Y nos alegra, la verdad, porque es un director que, pese a no exhibir un estilo personal reconocible, domina a la perfección el lenguaje cinematográfico y no pocas veces sorprende con sus proyectos.

Aunque las secuelas están a la orden del día, resulta sorprendente el estreno de esta película si la consideramos una continuación de Mrs. Brown (1997), aquel film de John Madden donde se abordaba la íntima amistad entre la reina Victoria y su asistente John Brown, encarnado por Billy Connolly.