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Tercera época - Nº 327. ISSN: 2530-7169. Lugar de edición: España. Entidad responsable. conCiencia Cultural

Un paseo histórico por el Universo Star Wars demuestra que, más allá del encanto perpetuo de la saga, sus vaivenes creativos y comerciales han sido decisivos. La simpatía y el atractivo que posee el mundo de George Lucas han sido trasladados al tebeo de mil formas, enriqueciendo eso que llamamos universo expandido, y precisamente por ello, hace falta una brújula para manejarse por ese territorio inmenso.

Entre 1968 y 1970, Neal Adams regaló a sus lectores el talento que abarca este magnífico volumen, protagonizado por Batman antes de que otros dibujantes y guionistas tumbasen al Hombre Murciélago en el diván del psicoanalista.

¿En qué momento Conan se convirtió en el arquetipo del héroe bárbaro? Probablemente mucho después de que Robert E. Howard ideara sus aventuras, en unos tiempos en los que la Depresión golpeaba el espíritu de América con la fuerza de un mazo de herrero.

Frente a ustedes, un genio de la viñeta, John Byrne, y al otro lado del cuadrilátero, tenemos a uno de los personajes más singulares y carismáticos de la Casa de las Ideas, Hulka, la superheroína verde capaz de aplastar a los villanos y de encararse con el lector sin perder ni un ápice de su encanto.

Ya lo verán. Es tan nostálgico como fácil de explicar... Parece que fue ayer cuando adquirimos en el kiosco el número 30 de 1984. Costaba 120 pesetas ‒creo‒ e incluía entre sus páginas la primera entrega de una nueva serie de Bruce Jones y Esteban Maroto, Nave prisión.

Uno, a veces, vive cosas que nunca deberían acabar. A mí, por ejemplo, me agrada sentir la compañía de personajes que conocí en la niñez, y por eso nunca desdeño los reboots, los remakes y los universos expandidos. Sobre todo aquellos que me devuelven viejas compañías. Si además se trata de Star Wars, mis preferencias por la trilogía clásica me llevan a devorar cualquier producto que recupere su ambiente y que prolongue las hazañas de sus protagonistas.

Un repaso de los títulos de la línea Otros Mundos dibuja una topografía que nos conduce al pasado y al futuro, y que remite a ese escenario donde los superhéroes son tratados como parte de una mitología flexible, enriquecida con aportes del cine y la literatura.

Antes de ganar prestigio y notoriedad con Fábulas (2003), William "Bill" Willingham ya había completado una carrera llena de aciertos y guiada por la originalidad. En este sentido, las obras que comprende este volumen nos introducen en un universo lleno de alusiones literarias y cinematográficas, comprometido con un imaginario extremadamente personal.

En 2013, diecisiete años después de la publicación del último episodio de Sandman, Neil Gaiman decidió rescatar del limbo de los personajes imaginarios a su más famosa creación, ofreciendo a todos los lectores el relato que desvela los sucesos previos a la captura de Morfeo por parte del ocultista Roderick Burguess (tal como estableció el episodio inaugural de la serie).

Que a Frank Miller le atrae la cultura japonesa, sobre todo en su aspecto más ancestral y belicoso, queda bastante claro en muchas de sus obras. Lobezno: Honor demuestra que él y Chris Claremont tienen por común centro de interés ese estereotipo de lo japonés que combina samurais modernos, ninjas dignos de un thriller de los ochenta y yakuzas omnipotentes.

El 22 de octubre de 2016, Steve Dillon nos dejó para siempre. Y aunque en su larga trayectoria ‒que progresó desde las páginas de la mítica revista 2000AD hasta series de impacto internacional como Predicador o Hellblazer‒ demostró en muchas ocasiones su talento, creo que este Castigador supone una digna y contundente despedida de este dibujante tan personal.

Acostumbrados, como estamos ahora, a la muerte de héroes y villanos, sea de forma adecuada o contraproducente, es indudable que Una muerte en la familia (diciembre de 1988-enero de 1989) encontró en la tragedia un factor al que los lectores no estaban demasiado habituados, y que hoy hemos de observar con los ojos de aquella época.

Si en algún momento del año uno piensa que su dieta de lecturas tiene pocas proteínas (léase acción, violencia y golpes de efecto), este cómic es muy recomendable para recuperar el vigor. De hecho, y aunque la metáfora que voy a usar esté muy gastada, se trata de toda una descarga de adrenalina.

Antes de atender al presente, muchos aficionados volvemos a lanzar una mirada ‒otra más‒ sobre ese pasado en el que los cómics nos dieron felicidad, recuerdos compartidos y momentos impagables.

Tenemos mucho que agradecer a Barry Windsor-Smith. Apareció en nuestras vidas en una época en la que aún no pensábamos que el cómic de bárbaros y superhéroes fuera un arte, y de pronto, nos encontrábamos con viñetas que evocaban el estilo de los prerrafaelitas y del Art Nouveau.

El Castigador podría estar cansado de darle vueltas a ese dilema que sólo siente como propio: la opción de seguir el camino de la venganza. Está claro que el tipo es implacable, pero gracias a Garth Ennis, Frank Castle no se plantea grandes dudas. Él ya sabe que hay varios desenlaces posibles para sus enemigos, y todos acaban en la tumba.

No, no es una jugada comercial ni una simple reinvención, por más que se parezca a ambas cosas. Lo que hace James Robinson es tomar el personaje de Wanda Maximoff ‒recapitulemos: hermana de Quicksilver, esposa de Visión, hija de Magneto que luego ha dejado de serlo...‒ y potenciar esa parte de su identidad que resulta más intemporal, su faceta de hechicera.

Hay tres cosas que me gusta encontrar en los cómics de Grant Morrison: sentido de la maravilla (o del delirio), un subtexto literario y esa manera que tiene de analizar (en diagonal) los márgenes más turbios de nuestra sociedad. Añadan a esa mezcla una pizca de humor y entenderán por qué esta antología que hoy nos ocupa es tan recomendable.

En la ficción, todo es negociable. Empezando por la verdad. Bien lo sabían los inspiradores del Nuevo periodismo ‒de Truman Capote a Gay Talese‒ cuando nos acostumbraron a ver crecer las palabras a partir de hechos reales. Y es justamente en esa intersección entre lo real y lo soñado donde nos sitúa este cómic prodigioso, independiente de los géneros, tan conmovedor como la vida misma y tan imaginativo como uno de esos casos que resuelve Batman.

Para refrescar la memoria de los amantes del cómic de superhéroes clásico, les diré que esta obra de Alex Ross y Paul Dini es de una belleza abrumadora, tanto por la sensibilidad de su guión ‒forzosamente breve‒ como por su vigor artístico a la hora de rendir tributo al panteón DC.

A los entusiastas de Wonder Woman, esto que nos proponen Dini y Ross les sonará familiar. Un volumen que homenajea a la superheroína subrayando su esencia, entre el mito griego y una introspección muy contemporánea.

Empecemos por lo más nostálgico: en 1983 leímos parte de estos relatos en un volumen de 112 páginas que nos hizo descubrir, por partida doble, la magia tenebrosa de la Cosa del Pantano y el arte único de su ilustrador, Bernie Wrightson.

A la hora de valorar este tebeo hay que partir de dos definiciones. Son dos formas de verlo: complementarias, y al mismo tiempo, igual de turbadoras. En principio, nos hallamos ante una ucronía con elementos propios del steampunk. Pero calándola hasta impregnar todas sus páginas, aflora una pavorosa historia de muertos vivientes.

Cuando salió a la venta la primera edición de Orquídea Negra (diciembre de 1988 - febrero de 1989), Neil Gaiman disponía de un cierto caudal de prestigio, pero aún no era el novelista y guionista de culto que es hoy: un narrador que llena auditorios cada vez que da una conferencia y que ha convertido su apellido en el sinónimo de un estilo.

Quién sabe cuántos recuerdan hoy títulos como Y: El último hombre, Ex Machina, Runaways o Los Leones de Bagdad. El mundo del cómic gira a tal velocidad que, al cabo de cinco años, cualquier obra parece quedar fuera de la memoria colectiva. Pero si uno los analiza con perspectiva, comprobará que esos títulos no han pasado de moda, y que además, responden a una clara voluntad de estilo.

De este Punisher brota ininterrumpidamente un flujo de dolor, violencia y munición de gran calibre. Gracias a esta receta, Garth Ennis situó al Castigador en el top ten de esos justicieros empeñados en convertir los bajos fondos en un lugar donde todo el mundo conoce su nombre.

La estética de Bernie Wrightson nos ha acostumbrado desde hace décadas a apreciar la dimensión artística del cómic de horror. No en vano, a Wrightson le debemos delirios góticos de extraordinaria belleza, tan minuciosos como un grabado del XIX y con ese punto de elegancia que surge cuando un creador ‒en este caso, uno de los grandes‒ evita los elementos prefabricados y deja fluir su talento con una perspectiva clásica.

Como tantos otros chavales de la generación de Bruguera, he estado recordando esta serie de cómics durante media vida, aunque nunca la leí hasta el final. Ahora, gracias a esta espléndida edición de Dolmen, los más nostálgicos recuperamos las aventuras de Bermudillo, el genio del hatillo (Douwe Dabbert) con un aliciente inesperado: peripecias inéditas, fundamentales para entender el alcance de esta historieta neerlandesa que idearon el guionista Thom Roep y el dibujante Piet Wijn.