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La música de Patrick Doyle es una de los grandes hallazgos de esta película. Modela la acción, muestra los caracteres, enfatiza las imágenes, resalta lo importante… Es una música hecha para destacar la forma de ser de las dos hermanas mayores y para enfatizar lo distintas que resultan.

Las líneas básicas de lo que voy a contar son habituales. Aparecen cada dos por tres en revistas como Variety y The Hollywood Reporter. Un hombre de negocios reflota una franquicia, y para dirigir el remake contrata a un veterano de la publicidad y del videoclip, a quien recomienda que mejore la comercialidad del asunto.

Enseñanzas, oportunidades y decepciones. De eso se ocupa Laurent Cantet en La clase (Entre les murs, 2008), un drama preciso, muy lúcido, que describe los conflictos de un instituto ferozmente real.

Si ya en 1952 pasaban cosas como esta, es que la herida del periodismo es antigua. Y el peligro de pérdida de las cabeceras cuando los fundadores fallecen, mucho más.

Luces rojas (2012) es dualidad. Es certeza e incertidumbre. Es un enigma. Uno cree pisar tierra firme y el suelo se abre bajo sus pies. Luces rojas es un nudo gordiano; sus personajes, un laberinto: complejos y contradictorios, en busca de sí mismos, definidos por sus actos y omisiones, sus palabras y silencios.

Hay grandes historias e historias pequeñas. Su tamaño no depende de la inmensidad de sus paisajes, el número de personajes o sus pretendidos valores de producción. ¿Es El viejo y el mar una gran historia? ¿Sería más grande si Hemingway hubiera añadido diez o doce pescadores y un par de peces espada?

Lo que más me llama la atención de esta película es Sylvester Stallone en su papel del sheriff Freddy Heflin. Pero no un sheriff usual, de esos que entendemos como normales en los Estados Unidos. Además de sheriff, o quizá por eso, es un buen hombre, pacífico, sin ganas de gresca y muy enamorado de una mujer que se ha casado con otro y por la que perdió la audición de un oído.

La aparición de Richard Lester es casi como una resurrección. Completamente desaparecido del mapa desde hace veinticinco años, su inesperada presencia en el Festival Internacional de Cine de Gijón para acompañar en un homenaje a su estrecha colaboradora, la diseñadora de vestuario Yvonne Blake, me permitió la posibilidad (tras un intenso día previo de llamadas insistentes) de entrevistarle.

1930 (10)
"Marruecos" ("Morocco". Josef von Sternberg)

1920
Way Down East (D.W. Griffith)
Mästerman (Victor Sjöström)

Terry Gilliam celebró su 73 cumpleaños en Gijón, justo el día después de haber recibido el premio de honor durante la gala de apertura de la 52 edición del Festival Internacional de Cine de Gijón (FICX). El público puesto en pie del Teatro Jovellanos le cantó el cumpleaños feliz, algo que el propio Gilliam ya había vaticinado. El cineasta describió en una entrevista radiofónica, que debía emitirse a la mañana siguiente, cómo iba a transcurrir el evento antes de que este tuviese lugar. A fin de cuentas, es sabido el gusto del director de Brazil (id., 1985) por adelantarse al futuro.

Coger las manzanas del árbol y no del cesto. Esa es la receta que el policía Malone le ofrece al agente del Tesoro Ness para impedir que, en su equipo, haya traidores.

En bastantes producciones de Dino De Laurentiis uno se encuentra con detalles que a los españoles nos resultan muy familiares. Y es que, como medio mundo sabe, aquellas superproducciones del italiano se asemejaban, por su filosofía e intenciones, a tantos otros largometrajes de serie A, B o Z que, tras la etapa de Samuel Bronston, rodaron en nuestro país equipos internacionales de lo más diverso.

Reginald Rose imaginó un espacio claustrofóbico, una pequeña habitación con dos ventanas que no abren bien. Imaginó el día de más calor del año, una inminente tormenta y un ventilador sin funcionar.

Alguien podría pensar que esta historia ha quedado desfasada. Pero no. Aunque la estética de la película nos resulta ahora propia de los setenta, y aunque los actores aparecen tan jóvenes que apreciamos cuánto ha pasado el tiempo, ni el tema ni el fondo de la historia son cosa pasada. Al contrario. Siguen muy presentes en esta y en otras miles de formas.

Debido a algún prejuicio o idea hecha, no tenía ganas de ir a ver esta película. También los espectadores somos a veces como esos productores americanos que valoran a un director en función de su última obra. Y supongo que no me gustó la última cinta que vi de Bernardo Bertolucci, aunque lo cierto es que tampoco recuerdo que me disgustara.

Me gusta la manera en la que Hou Hsiao-Hsien comienza las películas. En la escena inicial de Millenium Mambo (2001), una chica caminaba a paso vivo por pasos a nivel y túneles de una gran ciudad y trasmitía una energía contagiosa.

En 1990 el cineasta Martin Scorsese creó The Film Foundation, una fundación sin ánimo de lucro encomendada a la preservación y restauración de películas de cine clásico.

Las armas de mujer no son, en el caso de Melanie Griffith (Tess McGill en la película), ni sus peinados ni sus imposibles estilismos. Todos, tipo choni ochentera. Nada de glam ni de camp. Un horror. El pelo amarillo cardado, las hombreras descomunales, los calcetines sobre las medias de rejilla, los maquillajes teatrales…todo un recital de mal gusto propio de quien no sabe usar los cubiertos de pescado aunque tiene sobrada ambición para conseguir comer con las manos sin que a nadie le importe.

En la ceremonia de los Oscars de 1994 esta película pasó desapercibida a pesar de sus siete nominaciones. Fue el año de Forrest Gump y, en menor medida, de Pulp Fiction, así que la cinta se quedó rezagada en el aplauso del público y la consideración de la crítica hasta que el boca a boca comenzó a surtir efecto.

Peter Coyote tiene eso que Edgar Morin llama una mente bien ordenada. Lo descubrí al poco de entrar en la habitación de hotel madrileño donde íbamos a realizar la entrevista. Me saludó en español, y al cabo de unos minutos, comprendí que Coyote es un personaje de otra época: sensible y con una cultura compleja y elaborada, que le permite abordar las cuestiones más difíciles con gran seguridad.

Fruto de la colaboración entre el animador Ralph Bakshi y el genio de la ilustración Frank Frazetta, Tygra: Hielo y Fuego (Fire and Ice) fue distribuida por 20th Century Fox con la esperanza de atraer a los seguidores del género de espada y brujería, puesto de moda tras el estreno de Conan el Bárbaro.

Allá por 1957, J.R.R. Tolkien recibió la visita de un conocido editor de revistas y promotor del fandom, Forrest J. Ackerman, a quien acompañaban dos productores, Morton Grady Zimmerman y Al Brodax.

Los hombres atormentados atraen a las buenas chicas. Esa es una realidad que el cine reafirma en un sinfín de ocasiones. Son hombres con un perfil muy variado pero con un denominador común: son seres adustos, que guardan secretos del pasado, que necesitan imperiosamente la redención por el amor.

Sevilla 1961. Luis Caballero Polo (1919-2010) trabajaba en el Hotel Alfonso XIII. Su elegante figura, su señorío natural, su cultura autodidacta, eran el complemento adecuado a su talento, el que le había servido en los tiempos de la prisión y los trabajos forzados: cantar flamenco.

En los días finales del Movimiento por los Derechos Civiles que terminó en Estados Unidos con el asesinato de Martin Luther King en abril de 1968 (dos días antes de la ceremonia de entrega de los Oscar), se rueda esta película que tiene la doble cualidad de ser un film policíaco y un alegato antirracista.

No conozco a ningún adolescente que no se enamore de esta película. Que no imagine que forma parte del argumento, que no sienta removerse algo dentro de sí al visionarla por primera vez. Esta es la película que tienes que ver a los trece años. Tendría que formar parte de la iniciación a la juventud, tendría que ser asignatura obligatoria en la educación sentimental, tendría que incluirse en el pack que los padres utilizan, con mayor o peor fortuna, para enseñarles a los hijos que la vida está por delante.

Me supongo que ya conocen la historia. Un mercader sin dinero (Marcel André), con un hijo, Ludovic (Michel Auclair), y tres hijas: las insufribles Félice (Mila Parély) y Adélaïde (Nane Germon), y la adorable Belle (Josette Day). El padre se adentra en un bosque sombrío, llega a un castillo, y al encontrar la rosa mágica que allí se oculta ‒y que espera regalar a Belle‒, es atrapado por la Bestia (Jean Marais). Cumpliendo el destino que todos esperamos, Belle decide ser el rehén de la Bestia, e inicia así una incierta vida en el castillo.