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Jan Švankmajer (Praga, 1934) es un alquimista de las obsesiones cuyo trabajo infringe las fronteras entre las disciplinas artísticas: dibujo, pintura, escultura, poesía, ilustración. Pese a ello, Švankmajer es conocido especialmente por su obra cinematográfica, vinculada al truco y la animación, que suma numerosos cortometrajes y 6 largometrajes.

Ya ha pasado más de medio siglo desde que Jean-Luc Godard rodó Al final de la escapada (À bout de souffle / Sin aliento), todo un mito de la modernidad que no sólo revolucionó el mundo del cine: también ha influido en la música pop e incluso en la fotografía de moda.

Entre el 11 y el 18 de octubre de 2018, Oviedo ‒y por extensión, la cultura española‒ rindió homenaje a Martin Scorsese. Antes de que pronunciase su discurso en el Teatro Campoamor, durante la ceremonia en la que recibió el Premio Princesa de Asturias de las Artes, el director de Taxi Driver y Toro salvaje de intervino en varios actos, y en cada uno de ellos, como si dividiese en capítulos un largo testimonio, fue dosificando opiniones y confidencias, relacionadas con el cine, pero también con su biografía y su filosofía personal.

A principios de los años ochenta, cuando la competencia de los videoclubs ya era un hecho, los dueños de algunos cines de barrio y cinestudios pensaron que programar tres películas seguidas podía ser una oferta atractiva. El caso es que acertaron. Y así fue como muchos nos aficionamos al terror: disfrutando ‒o no‒ de proyecciones en cadena, donde la cantidad era infinitamente más importante que la calidad.

Sin la forma documental, Martin Scorsese, galardonado con el Premio Princesa de Asturias de las Artes 2018, estaría perdido. El estilo de sus filmes, muchas veces directo y urgente, la escritura del guión, incorporando las improvisaciones de los actores, la estimulación de lo espontáneo y lo imprevisible en los rodajes, la influencia de la tradición oral a través del uso de la voz en off, la utilización de actores no profesionales en pequeños papeles, el impulso instintivo, visceral, a la hora de montar, sin concernirse con el desarrollo de una trama, estos y muchos otros recursos de su plástica fílmica beben directamente del cine documental.

La música de Patrick Doyle es una de los grandes hallazgos de esta película. Modela la acción, muestra los caracteres, enfatiza las imágenes, resalta lo importante… Es una música hecha para destacar la forma de ser de las dos hermanas mayores y para enfatizar lo distintas que resultan.

Las líneas básicas de lo que voy a contar son habituales. Aparecen cada dos por tres en revistas como Variety y The Hollywood Reporter. Un hombre de negocios reflota una franquicia, y para dirigir el remake contrata a un veterano de la publicidad y del videoclip, a quien recomienda que mejore la comercialidad del asunto.

Enseñanzas, oportunidades y decepciones. De eso se ocupa Laurent Cantet en La clase (Entre les murs, 2008), un drama preciso, muy lúcido, que describe los conflictos de un instituto ferozmente real.

Si ya en 1952 pasaban cosas como esta, es que la herida del periodismo es antigua. Y el peligro de pérdida de las cabeceras cuando los fundadores fallecen, mucho más.

Luces rojas (2012) es dualidad. Es certeza e incertidumbre. Es un enigma. Uno cree pisar tierra firme y el suelo se abre bajo sus pies. Luces rojas es un nudo gordiano; sus personajes, un laberinto: complejos y contradictorios, en busca de sí mismos, definidos por sus actos y omisiones, sus palabras y silencios.

Hay grandes historias e historias pequeñas. Su tamaño no depende de la inmensidad de sus paisajes, el número de personajes o sus pretendidos valores de producción. ¿Es El viejo y el mar una gran historia? ¿Sería más grande si Hemingway hubiera añadido diez o doce pescadores y un par de peces espada?

Lo que más me llama la atención de esta película es Sylvester Stallone en su papel del sheriff Freddy Heflin. Pero no un sheriff usual, de esos que entendemos como normales en los Estados Unidos. Además de sheriff, o quizá por eso, es un buen hombre, pacífico, sin ganas de gresca y muy enamorado de una mujer que se ha casado con otro y por la que perdió la audición de un oído.

La aparición de Richard Lester es casi como una resurrección. Completamente desaparecido del mapa desde hace veinticinco años, su inesperada presencia en el Festival Internacional de Cine de Gijón para acompañar en un homenaje a su estrecha colaboradora, la diseñadora de vestuario Yvonne Blake, me permitió la posibilidad (tras un intenso día previo de llamadas insistentes) de entrevistarle.

1930 (10)
"Marruecos" ("Morocco". Josef von Sternberg)

1920
Way Down East (D.W. Griffith)
Mästerman (Victor Sjöström)

Terry Gilliam celebró su 73 cumpleaños en Gijón, justo el día después de haber recibido el premio de honor durante la gala de apertura de la 52 edición del Festival Internacional de Cine de Gijón (FICX). El público puesto en pie del Teatro Jovellanos le cantó el cumpleaños feliz, algo que el propio Gilliam ya había vaticinado. El cineasta describió en una entrevista radiofónica, que debía emitirse a la mañana siguiente, cómo iba a transcurrir el evento antes de que este tuviese lugar. A fin de cuentas, es sabido el gusto del director de Brazil (id., 1985) por adelantarse al futuro.

Coger las manzanas del árbol y no del cesto. Esa es la receta que el policía Malone le ofrece al agente del Tesoro Ness para impedir que, en su equipo, haya traidores.

En bastantes producciones de Dino De Laurentiis uno se encuentra con detalles que a los españoles nos resultan muy familiares. Y es que, como medio mundo sabe, aquellas superproducciones del italiano se asemejaban, por su filosofía e intenciones, a tantos otros largometrajes de serie A, B o Z que, tras la etapa de Samuel Bronston, rodaron en nuestro país equipos internacionales de lo más diverso.

Reginald Rose imaginó un espacio claustrofóbico, una pequeña habitación con dos ventanas que no abren bien. Imaginó el día de más calor del año, una inminente tormenta y un ventilador sin funcionar.

Alguien podría pensar que esta historia ha quedado desfasada. Pero no. Aunque la estética de la película nos resulta ahora propia de los setenta, y aunque los actores aparecen tan jóvenes que apreciamos cuánto ha pasado el tiempo, ni el tema ni el fondo de la historia son cosa pasada. Al contrario. Siguen muy presentes en esta y en otras miles de formas.

Debido a algún prejuicio o idea hecha, no tenía ganas de ir a ver esta película. También los espectadores somos a veces como esos productores americanos que valoran a un director en función de su última obra. Y supongo que no me gustó la última cinta que vi de Bernardo Bertolucci, aunque lo cierto es que tampoco recuerdo que me disgustara.

Me gusta la manera en la que Hou Hsiao-Hsien comienza las películas. En la escena inicial de Millenium Mambo (2001), una chica caminaba a paso vivo por pasos a nivel y túneles de una gran ciudad y trasmitía una energía contagiosa.

En 1990 el cineasta Martin Scorsese creó The Film Foundation, una fundación sin ánimo de lucro encomendada a la preservación y restauración de películas de cine clásico.

Las armas de mujer no son, en el caso de Melanie Griffith (Tess McGill en la película), ni sus peinados ni sus imposibles estilismos. Todos, tipo choni ochentera. Nada de glam ni de camp. Un horror. El pelo amarillo cardado, las hombreras descomunales, los calcetines sobre las medias de rejilla, los maquillajes teatrales…todo un recital de mal gusto propio de quien no sabe usar los cubiertos de pescado aunque tiene sobrada ambición para conseguir comer con las manos sin que a nadie le importe.

En la ceremonia de los Oscars de 1994 esta película pasó desapercibida a pesar de sus siete nominaciones. Fue el año de Forrest Gump y, en menor medida, de Pulp Fiction, así que la cinta se quedó rezagada en el aplauso del público y la consideración de la crítica hasta que el boca a boca comenzó a surtir efecto.

Peter Coyote tiene eso que Edgar Morin llama una mente bien ordenada. Lo descubrí al poco de entrar en la habitación de hotel madrileño donde íbamos a realizar la entrevista. Me saludó en español, y al cabo de unos minutos, comprendí que Coyote es un personaje de otra época: sensible y con una cultura compleja y elaborada, que le permite abordar las cuestiones más difíciles con gran seguridad.

Fruto de la colaboración entre el animador Ralph Bakshi y el genio de la ilustración Frank Frazetta, Tygra: Hielo y Fuego (Fire and Ice) fue distribuida por 20th Century Fox con la esperanza de atraer a los seguidores del género de espada y brujería, puesto de moda tras el estreno de Conan el Bárbaro.