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Tercera época - Nº 327. ISSN: 2530-7169. Lugar de edición: España. Entidad responsable. conCiencia Cultural

Un equipo de científicos de la Universidad de Zaragoza y de la Pompeu Fabra han creado un sistema de electroporación irreversible de prestaciones avanzadas para eliminar tumores sólidos. La electroporación irreversible aplica campos eléctricos en las células malignas, que ya no pueden reparar su membrana. El avance presenta importantes beneficios para el paciente frente a otros tratamientos más agresivos, ya que ni es térmico ni utiliza fármacos, además de ser más rápido, menos tóxico e invasivo que la quimioterapia y la radioterapia.

En marzo de 2012, la revista de la American Chemical Society publicó un estudio que sugería la posibilidad de que existan formas de vida dinosauroide en algún lugar de la galaxia.

La mayor tormenta solar de que se tiene constancia ocurrió en 1859. Se la conoce como “evento Carrington”, en homenaje a Richard C. Carrington, el astrónomo que detectó una inusual actividad solar poco antes de que sus efectos se notaran en la Tierra. Pero, por entonces, aún se desconocía la relación entre aquella actividad solar y los fenómenos que se precipitarían sobre el planeta pocas horas después del descubrimiento de Carrington. Era impensable que un acontecimiento que tenía lugar a tantos millones de kilómetros de distancia pudiera afectarnos de manera directa.

Afirma Elinor Shaffer en un libro recopilatorio de Malcolm Bull, titulado La teoría del apocalipsis y los fines del mundo que "el deseo humano de creer que el Fin del Mundo no es el fin del mundo es tan poderoso como la esperanza o el temor al Fin. Tradicionalmente, se interpreta el “Fin del Mundo” como el fin de los otros, del enemigo, de los indignos, de los actuales opresores; pero no de nosotros. El fin del mundo anuncia un mundo nuevo, preferiblemente, sobre la tierra."

El teorema de la incompletud de Gödel para los sistemas matemáticos se puede extender a los hechos consuetudinarios que acontecen en la rúa con un ejemplo tal que así: no es posible demostrar que la afirmación “este enunciado es falso” es verdadera.

En el estado de superposición, las cualidades de una partícula se encuentran en todos sus estados posibles; por ejemplo, en todas las posiciones del espacio, en las diferentes orientaciones que permite su espín o en cualquiera de sus velocidades. Tales estados están expresados por la función de onda de la partícula, que se puede entender como una tabla en la que aparecen los diferentes estados y las probabilidades de que se dé cada uno de ellos cuando la función se concrete, es decir, cuando “aparezca” la partícula.

Newton definió la materia como aquello que tiene masa. Y así lo sigue entendiendo el común de los mortales en la segunda mitad del siglo XXI, aunque no lo sepan. Y, como no lo saben, tampoco son conscientes de la circularidad del argumento: para Newton, y para el común de los mortales, la masa es la “cantidad de materia” que posee un cuerpo.

La Modernidad fue la era de la razón; su máxima aspiración era alcanzar el saber universal, aquel que no estuviera manchado por las creencias y convenciones de unos seres humanos concretos, por el conocimiento que se restringe a un espacio y tiempo específicos y que no puede ser compartido por otras culturas: si algo es verdadero, debe serlo en cualquier lugar y época, independientemente del contexto, y lo verdadero tiene la cualidad de que es aceptado por todos sin posibilidad de duda, sin importar las creencias particulares de cada cual.

El experimento que iban a realizar los científicos de la Universidad de Duke era bastante sencillo para las conclusiones que iba a generar. En palabras del profesor de neurobiología Miguel Nicolelis, que participó en la investigación, aquello iba “en contra de todo lo que estudiamos en los textos de neurociencia”.

La interpretación de Copenhague pasa por ser la explicación más aceptada de la naturaleza descrita por la física cuántica. Básicamente, viene a decir que no se puede explicar el mundo a una escala cuántica. No porque falten datos, sino porque el mundo es así, incierto. Falta la lógica clásica. Y el mundo, dicen los partidarios de esta interpretación, sólo puede ser explicado desde ella.

Hay tres procesos que aceleran el cambio climático sobre los que el homo sapiens apenas si tiene algún control –por no decir ningún control— a estas alturas porque están demasiado interconectados: la pérdida del hielo, el debilitamiento de las corrientes oceánicas y las emisiones de metano.

La única manera de acceder a cualquier conocimiento, del mundo y de nosotros mismos, es mediante patrones neuronales. Cada pensamiento es un circuito único de neuronas gracias al cual éstas se envían electrones unas a otras. Este tráfico electromagnético diseña una forma exclusiva para cada pensamiento.

En uno de sus últimos cursos sobre sociología de la ciencia impartidos antes de morir, afirmaba el sociólogo Pierre Bourdieu (1930-2002) lo siguiente:

Según Foucault, el siglo XVII supuso un cambio en la forma en que se ejercía el poder: de soberano comenzó a transformarse en disciplinar. El poder soberano es “un poder de muerte”, controla la sociedad matando; las fuerzas que lo hacen peligrar han de ser doblegadas o destruidas. El poder disciplinar, en cambio, desarrolla técnicas para someter la vida de los otros en beneficio propio.

El gran problema de la ciencia moderna desde mediados del siglo XX ha sido cómo dar coherencia a las dos grandes teorías vigentes y aparentemente incompatibles que explican el universo: la relatividad, que describe los objetos más grandes del cosmos, y la mecánica cuántica, que explica el mundo sub-atómico.

El mitólogo Joseph Campbell decía que el humano contemporáneo es un ser siniestro. En su pasividad, ha abandonado el camino de la sabiduría. Ha renunciado a indagar el sentido de la vida que transmiten leyendas y mitos, y en su lugar ha decidido revolcarse en el lodo de las evasiones vacías de significado.

Galileo Galilei suele ser considerado el padre de la ciencia moderna. Miró el cielo a través de un telescopio y descubrió, entre otras cosas, que Júpiter tenía lunas que giraban a su alrededor. El hallazgo causó una gran conmoción, porque se pensaba que todos los objetos del cielo giraban en torno a la Tierra. También pudo observar las fases de Venus, y de ahí concluir que sólo eran posibles si ese planeta giraba alrededor del Sol.

El Big Bang no debe entenderse como un fenómeno que ocurrió en el tiempo y en el espacio, sino como una metáfora, la traducción en imágenes de una ecuación; la película con que explicarnos en términos materiales lo que somos incapaces de concebir de otra manera. Permite “crear una historia”, como dice François Bouchet, del Instituto Astrofísico de París.

A principios de 2014, se “fabricó” el cromosoma de una célula eucariota, que es la base de todos los organismos multicelulares, desde plantas a seres humanos. En los últimos años, los científicos han sintetizado cromosomas de bacterias y virus, pero esta fue la primera vez que se realizó con éxito en los constituyentes esenciales de la vida compleja.

En Vida inteligente en el universo, un libro publicado en 1962 y escrito conjuntamente por I. S. Shklovskii y Carl Sagan, los dos científicos aceptaban que es legítimo especular con que seres extraterrestres pudieran haber visitado la Tierra en el pasado, y para ello aventuraban algunos puntos a tener en cuenta:

En el Cámbrico, el sistema nervioso de los animales adquirió la capacidad de discriminar la información que recibía del exterior y dar prioridad al procesamiento de las señales sensoriales más urgentes. De este desarrollo nació la capacidad de "atención". La atención implica control.

[Advertencia: este artículo contiene spoilers a tutiplén. Puedes leer la primera parte aquí]

Buena parte de la ciencia en que se basa la película Interstellar de Christopher Nolan está más allá de los actuales límites de la comprensión humana, escribe Kip Thorne en el prólogo a su libro The Science of Interstellar. Es por ello que se puede vestir de galas místicas y lucir un toque de trascendencia. Pero, para llegar tan lejos, será necesario ir pasito a paso.

El pistoletazo de salida lo había dado la URSS en 1957, cuando lanzó el satélite Sputnik. El año siguiente, EE UU fundó la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio (más conocida por sus siglas, NASA) y reclutó a los primeros astronautas. El grupo sería conocido como los Mercury 7, y uno de ellos, John Glenn, lograría en 1962 orbitar la Tierra.

En un artículo no muy lejano, se hablaba de la posibilidad de vida en Marte, a partir del descubrimiento de nubes de metano que han sido atribuidas a errores de medición. Otras varias misiones a Marte descubrieron en su día la presencia de sustancias químicas que, normalmente, son el resultado de procesos orgánicos. Hasta el momento, la tendencia prudente y generalizada ha sido admitir que se trata de errores y contaminaciones terrícolas.

Imagen real de Philae abandonando Rosetta para dirigirse a la superficie del cometa 67P/ ESA

John Carter of Mars (2011)
Entre 2003 y 2004, se descubrió que la atmósfera de Marte tenía metano, lo cual ha desconcertado a los científicos durante la última década, pues este gas no debería estar ahí: las moléculas de metano se disuelven al contacto con los rayos ultravioleta y, puesto que nada protege a Marte del viento solar, este planeta no debería ser capaz de albergar el gas en cuestión. De modo que, si se encontró metano, es porque era de reciente producción.