¿Un país sin héroes es un país con gentuza?

España es un concepto realmente singular: miradla un momento desde fuera. ¿Qué pensar de un país donde cualquiera de sus ciudadanos puede sentirse exultantemente patriota de cualquier trozo de su territorio excepto del propio país en conjunto, o sea, la suma de esos trozos? Es casi obligatorio demostrar romántica devoción por la PARTE y rotundo desprecio por el TODO. Divertido, ¿no?

El éxito de Capitán América: El soldado de invierno me hace pensar por qué la mentalidad anglosajona, mucho más triunfalista como sociedad, genera fenómenos abiertamente patrióticos y a favor de una mitología de reafirmación como éste, arrasando en todo el mundo, incluso en los países antiamericanos de boquilla como el nuestro.

Y por qué un Capitán España se estrellaría indefectiblemente contra el escarnio, la burla cruel y acusaciones varias de fascismo en las filas de los propios foros públicos españoles…

España es un país sin casi héroes de ficción. Somos demasiado descreídos de la épica (lo nuestro es la picaresca) y, además, no contamos con un modelo de sociedad futuro válido por el que luchar: no tenemos fe en esta sociedad ni en mejorarla.

Odiamos esta sociedad, y no queremos seguir sus reglas, pero tampoco presentamos ninguna alternativa viable. Odiamos por odiar. Por destruir al otro y por tanto, a nosotros mismos.

En los últimos años, solamente hemos generado dos héroes de ficción reconocidos y de gran calado en nuestra sociedad: uno, más generalista, es Águila Roja. En su vida civil, se trata de un profe enrollado y sociata avant la lettre, perorando su buenrollismo y sus valores zapateristas en pleno siglo XVII; en su vida “oficialmente” heroica, actúa como hombre de acción bajo los ropajes de un ninja-samurai, también avant la lettre: cree en la igualdad, la justicia, causas honestas, etc.; y en ese credo de batalla, que defiende a mandobles, sólo destacaría como medularmente española su apología del vulgo y la gente común: la bondad de lo cotidiano, la inocencia de la ignorancia.

Como todo lo que procede de la cultura popular en España cuando es generada por un medio innoble (en este caso, la TV) es probable que en un par de décadas el personaje haya caído en el olvido, como parece que va a pasar con el excelente y muy idiosincrático Curro Jiménez.

Esperemos que no, porque estamos ante una creación sumamente original y feliz, muy rica en personajes representativos y que ha actualizado mitos de nuestra cultura de un modo ejemplar (véase en especial el nuevo Sancho Panza rebautizado como Sátur y encarnado a la perfección por un Javier Gutiérrez en estado de gracia).

Más reconocido y prestigiado por ser su fuente original literaria y por la solidez de su urdimbre, el Capitán Alatriste de Arturo Pérez Reverte aporta nuestro otro gran símbolo épico, aunque en este caso nos hallemos más bien ante un antihéroe: pues no cree en nada de aquello por lo que lucha y arrastra su patriotismo español como si fuese un pesado ataúd y su lealtad al Rey como un estreñimiento crónico, como lo hacemos todos los españoles en la actualidad.

Más allá de esos dos personajes, hay un vacío épico en nuestra presente cultura casi absoluto. ¿Es malo no tener modelos heroicos vigentes de referencia para la ética del país? ¿O, al contrario, es bueno ironizar, descreer y mofarse de modelos épicos casi siempre unidimensionales?

Contra el reaccionarismo de siglos ejercido por los símbolos procedentes de imperialismos colonialistas (en especial los de la vieja Europa, de ideales ya más caducos que los de la todavía inocente USA), siempre se suscita en nuestros tiempos además una respuesta guasona o cínica que, en cierto modo, lo cuestiona.

Recordemos que el mayor héroe adulto con que cuenta Gran Bretaña hoy día es un defensor ¡casi nihilista! del establishment que, empero, se toma la vida (la suya y la ajena) a bastante cachondeo: todo el mundo quiere ser como el agente 007, pero nadie cree que James Bond crea realmente en lo que defiende (o, para el caso, que sea REALMENTE un héroe)… ni él pone mucha convicción en convertirnos a su causa, más allá de transmitirnos lo divertido que es matar tíos malos, trajinar tías buenas y conducir motores potentes.

En todo caso, si es un héroe, nos las estamos viendo con un héroe “decadente”: y, precisamente por decadente (como los valores de la sociedad que abandera), más exitoso que nunca...

Sí, desde cierta perspectiva es penoso que en España no tengamos ideales ni héroes. Se nos muere el padre de nuestra Democracia (el más destacado al menos) y a mucha gente sólo se le ocurre comentar por Facebook que con el sueldazo de ex Presidente que debió cobrar todos estos años, así cualquiera pierde la memoria… ¿Ser desconfiado, malicioso, pesetero y desagradecido es algo connatural a ser ciudadano español? ¿Así sería un supervillano cañí? ¿O así seríamos todos, la indefensa población civil que se vería obligada a salvar un superhéroe cañí?

Pero mirémoslo por el lado bueno: casi con total seguridad, el Holocausto jamás sería posible en España. Los españoles carecemos de la ingenuidad necesaria, que sí derrochan los alemanes, para tomarse en serio ningún objetivo supremacista o de supuesta “mejora” de nada que nos concierna como nación, mucho menos de algo tan ajeno a nuestro pensamiento como la noción de raza. Si ni tan sólo creemos en la meritocracia, va a pasar todavía mucho tiempo para que, afortunadamente, nos dé otra vez por la irracionalidad del fascismo.

Así que seguimos sin tener claro si, en el balance final, generar (y atesorar) o no modelos heroicos de ficción sea bueno o sea malo. Obviamente, no resulta necesario que destilen un tinte épico. ¿Podrían los Alcántara, a su manera, personificar un modelo heroico o loable de conducta para el pueblo español?

No lo sé. Pero en cuanto a nuestro talante épico y ético, un matiz final:

Estados Unidos realiza una película sobre el Capitán América y la lleva a los confines del mundo, acaparando la taquilla en una operación internacional perfecta de imposición de un modelo de ética propio y de otro icono más de su imperialismo cultural.

España realiza una película sobre el Capitán Trueno que nadie va a ver, con la mera finalidad de presuntamente vehicular una estafa particular al Ministerio de Cultura por varios millones de euros, presuntamente robados (y con seguridad extraídos) de los impuestos de todos los ciudadanos… y el Estado calla al respecto.

Y los ciudadanos también.

¿Es o no es significativo de algo?

Copyright © Hernán Migoya. Reservados todos los derechos.

 

Hernán Migoya

Hernán Migoya (Ponferrada, 1971) es escritor, guionista de cómics, periodista y director de cine. Posee una de las carreras más originales y corrosivas del panorama artístico español.

Tras su sonado debut literario hace diez años con Todas putas, escribió la novela a todo color Observamos cómo cae Octavio, muy bien acogida por la crítica; Quítame tus sucias manos de encima, trepidante aventura inspirada en sus años vividos en el Perú; Una, grande y zombi, hilarante y terrorífica visión de la crisis española; y su segundo libro de cuentos satíricos, Putas es poco.

Como guionista de cómics, es autor de más de una veintena de álbumes y novelas gráficas de éxito. Entre otros, ha obtenido el Premio al Mejor Guión del Salón Internacional del Cómic de Barcelona, y su obra ha sido editada en Estados Unidos, Francia y Alemania. Es el único guionista español que ha publicado en las míticas revistas estadounidenses Heavy Metal Mome. También ha sido director de la legendaria revista El Víbora.

Sus últimos títulos populares son Plagio, crónica exhaustiva sobre el secuestro real de tres días que padeció su pareja, y que ha sido también publicado recientemente en Francia y Alemania; y la ambiciosa serie mensual Nuevas Hazañas Bélicas, actualización de los míticos tebeos de guerra en la que se ocupa de todos los guiones, realizada con los mejores dibujantes españoles del momento.

Como periodista, ha colaborado con numerosos medios de la prensa española, como El MundoRock de LuxPrimera Línea, etc. También ha protagonizado hitos mediáticos: en 2010 se hizo pasar por enviado especial de TVE para un programa humorístico de la TV peruana, logrando entrevistar a muchas de las personalidades públicas de aquel país, incluido su actual presidente del Gobierno, Ollanta Humala, el rockero Pedro Suárez Vertiz Keiko Fujimori, hija del célebre dictador.

Como director de cine, ha dirigido el filme ¡Soy un pelele!, y fue el primer profesional del sector en atreverse a denunciar públicamente las estafas cometidas por algunos productores al falible sistema de subvenciones del Ministerio de Cultura.

Vive autoexiliado en Perú.

Copyright de la imagen © David Campos. Reservados todos los derechos. 

Sitio Web: hernanmigoya.com/

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