Salvado por el terror (y la mitología)

A los diecisiete años yo era el perfecto ejemplo de eso que se llama un fracasado escolar. Había repetido tres veces 2º de bachillerato y por fin había logrado convencer a mis padres de que no valía la pena intentarlo una cuarta vez. Lo cierto es que tampoco había aprobado los cursos de 5º a 8º de la educación general básica y que sólo había logrado pasar a los cursos siguientes debido a que los profesores del colegio "Siglo XXI" de Moratalaz consideraban que no debía repetir y me pasaban siempre de curso si les prometía estudiar al año siguiente.

Yo lo prometía, claro, y no es que no lo intentase: de vez en cuando me esforzaba durante una semana o dos, pero enseguida renunciaba, porque las cosas que tenía que estudiar me parecían aburridísimas, especialmente la asignatura de lengua.

Cuando terminó el colegio y llegué al instituto “Montserrat”, no sabía prácticamente nada de lo que había que saber en 1º de bachillerato, pero logré pasar de curso. No sé muy bien cómo ni por qué, tal vez porque tuve una extraordinaria profesora de Latín, para la que hice un trabajo de mitología en el que sí puse verdadero interés. Le gustó mucho y, además de aprobarme, tal vez influyó en los otros profesores.

Herbert James Draper, "Lament for Icarus" (1898)

A pesar de mis fracasos escolares, me gustaba mucho la mitología y era capaz de hacer cuadros genealógicos de cerca de 500 dioses griegos sin ni siquiera consultar un libro. Supongo que eso hizo que, cuando desde el Instituto llamaron a mi madre para notificarle mi expulsión y le dijeron: “Hay muchachos que no están preparados para estudiar y tienen que dedicarse a otras cosas”, ella respondiese: “Son ustedes quienes no saben enseñarle”.

La pasión mitológica se inició en mí precisamente un día en el que recorría con mi madre, Victoria, la Cuesta de Moyano de Madrid, donde se venden libros de segunda mano. Me compró un libro llamado Diccionario Mitológico, que tal vez me atrajo porque en la portada se veía a un héroe luchando con un extraño monstruo con cabeza de toro. El libro era de Carlos Gaytán, y todavía lo conservo.

"Diccionario mitológico", de Carlos Gaytán (Editorial Diana, 1971)

Después, ya fascinado por la mitología, empecé a leer uno tras otro los deliciosos libros de Juan B. Bergua, especialmente su Mitología Universal, que usé tanto que quedó destrozado (también conservo ese ejemplar).

"Mitología universal", de Juan B. Bergua (Ediciones Ibéricas)

Junto a la mitología, me interesaban mucho todo tipo de temas de ninguna utilidad en el colegio (excepto en aquella clase de latín): los piratas, la muerte, los indios pieles rojas, Gengis Khan y los mongoles, los comics, la ciencia ficción, los diálogos de Platón, el cine… y los cuentos de terror.

Hoja promocional de la Biblioteca Universal de Misterio y Terror

Gracias a mi afición por los cuentos de terror conseguí mi primer trabajo: mi madre supo de un amigo que iba a lanzar una colección de cuentos de terror y le dijo que yo tenía algunos. Era verdad, porque desde los 14 años yo había escrito muchos cuentos y varios de ellos eran de terror. Uno de ellos era Monthy, un mal plagio de Edgar Allan Poe, que era mi escritor favorito. Creo que el cuento estaba inspirado de alguna manera, quizá sin que yo fuera del todo consciente de ello, en la triste historia del actor Monthy (Montgomery) Clift y aquel accidente que le deformó la cara.

Biblioteca Universal de Misterio y Terror, nº 5. Contiene relatos de José León Cano, Daniel Tubau, P, Martín de Cáceres, Alexander Demarets y Ronnie Foster (UVE, 1982)

El problema es que, yo pensaba, con toda razón supongo, que mis cuentos de terror eran muy malos, así que me puse a escribir otros un poco más elaborados. Se los llevé a José Antonio Valverde y Luciano Valverde. Les gustaron y me pidieron más. Así publiqué unos diez cuentos en la Biblioteca Universal de Misterio y Terror de la editorial UVE.

Hace un tiempo descubrí que en algunas páginas de Internet se habla de esos libros de la editorial UVE y que se me incluye en listas de escritores lovecraftianos.

Mi cuento “Los últimos de Yiddí” en la Universidad Miskatónica lovecraftiana, un verdadero honor

Después de publicar hace unos años La verdadera historia de las sociedades secretas, decidí agrupar todos mis libros en una misma página, así que empecé a buscar cosas relacionadas con aquellos lejanos cuentos de terror. Entonces me encontré con una verdadera sorpresa: los libros no sólo habían sido publicados en España, sino también en Perú y en Chile, y tal vez en otros países de Latinoamérica. Además, descubrí que para algunas personas aquella colección era un recuerdo muy especial. Y, de nuevo para mi sorpresa, incluso se mencionaba alguno de mis cuentos de manera elogiosa.

Portada de la colección peruana

Siempre he considerado que mis cuentos de terror eran muy malos, y que su mayor defecto era que no daban miedo (el mayor pecado para un cuento de terror), pero me alegra que hayan asustado a alguien, porque, a pesar de todo, tengo cierto cariño a esos relatos.

Entre los comentarios de lectores, rescato aquí algunos. El autor de la página peruana Markowsky señala lo siguiente": “Los últimos de Yiddí: Escalofriante historia sobre un hombre que vuelve a su ciudad de origen a enfrentar una maldición que pesa sobre su linaje”.

Y en un comentario en la misma página, se menciona otro de mis cuentos: “Me has hecho recordar justamente el cuento de la colección llamado La botella del Tíbet, y también el texto de Nietzsche que dice que no mires largo tiempo al abismo pues el abismo mirara dentro tuyo”. Y más adelante añade también Markowsky: “Para no ser injusto en mi anterior comentario me faltó mencionar que otro resaltante escritor lovecraftiano de la colección es Daniel Tubau con los interesantes cuentos Los últimos de Yiddí, El panteón de los Ugarte y La narración de James Boscombe”.

En otro comentario se dice: “También lo que dices sobre las similitudes me parece correcto, a medida que uno iba explorando las raíces se daba cuenta de que muchos de los cuentos eran tributos u homenajes a los maestros originales, de hecho resultaba divertido después releerlos para contrastarlo mejor con las fuentes originales, voy a tomar como ejemplo el caso de Lovecraft y recuerdo que había homenajes de muy buen nivel como los realizados por los maestros Cidoncha y Tubau, así como algunos mucho más modestos como los cuentos Los ojos de Ry’eh’ o El regalo de las estrellas (discreto homenaje a El color que cayó del cielo)”.

“Por otro lado, luego de tantos años (prácticamente mas de 30) no me explico como ninguna otra editorial se ha animado a una iniciativa similar a la de UVE, aunque reconozco que muchos de los escritores habituales de la colección eran conocidos guionistas o literatos en España (me vienen a la memoria Juan Tébar, Carlos Sáiz Cidoncha, Daniel Tubau, Pedro Montero, José León Cano, Nino Velasco, Alberto Insúa, Manolo Marinero, entre otros) que además realizaron muchos otros proyectos de interés en la época”.

La interesante y detallada entrada de Markowsky incluye una reproducción de la convocatoria del premio UVE, dotado con un millón de pesetas, lo que era una verdadera barbaridad en la época, para la que se clasificó mi cuento Los últimos de Yiddí y que casi ganó mi padrino, José Luis Velasco, quien también publicó muchos cuentos, así como su mujer, Carmen Morales. El ganador fue Juan Tébar, amigo y compañero hoy en día en la Escuela de Cine de Madrid (ECAM).

Los 25 finalistas del premio

Puedes leer la entrada entera de Markowsky con este enlace: Markowsky dice.

Pronto escribiré algunos recuerdos de aquella época terrorífica, que prometí a Markowsky hace ya algunos años.

Copyright © Daniel Tubau. Reservados todos los derechos.

Daniel Tubau

Nacido en algún lugar de Barcelona en algún momento del siglo XX, Daniel Tubau ha trabajado como guionista, director de televisión, profesor de narrativa audiovisual en lugares como la Universidad Carlos III, la Juan Carlos I, la Escuela de Cine y Audiovisual de Madrid (ECAM), y muchas otras. También ha trabajado en productoras como Globo Media y ha escrito guiones o dirigido muchos programas y series de televisión.

En su juventud, Daniel Tubau escribió algunos libros extravagantes, como La espada mágica, uno de los primeros libros hipertextuales, Deep Purple, que tiene el mérito de haber sido escrito por alguien al que no le gustaba demasiado el rock duro, o diversos cuentos de terror en la Biblioteca Universal del Misterio y Terror.

Tras su fracaso como escritor precoz, Daniel Tubau se lo pensó durante un tiempo hasta que publicó de nuevo, dedicándose a su profesión de guionista y director, o periodista en El independiente. Finalmente, ya en el siglo XXI, Tubau empezó a publicar cuentos, ensayos y novelas, como Las paradojas del guionista, editado en Alba editorial, que es un perfecto complemento de El guión del siglo 21; o La verdadera historia de las sociedades secretas, Recuerdos de la era analógica (una antología del futuro), Elogio de la infidelidad, ambos en la editorial Evohé, o Nada es lo que es: el problema de la indentidad, en la editorial Devenir, un ensayo que ganó el Premio Ciudad de Valencia en 2009.

Asimismo, es autor de No tan elemental. Cómo ser Sherlock Holmes (Ariel, 2015) y El espectador es el protagonista (Alba, 2015).

Sitio Web: wordpress.danieltubau.com/

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