Las cañerías del Estado

Estos días andan los jefes de gobierno y sus respectivos ministros de asuntos exteriores rasgándose las vestiduras por los pasillos de las distintas cancillerías e instituciones internacionales, escandalizados por el atrevimiento de los servicios de inteligencia norteamericanos de haberse dedicado a espiar a todo dios terrenal.

Lo más hipócrita de estos lamentos está en que, quienes se quejan de ese espionaje, son los mismos que están haciendo ese trabajo contra sus socios, porque desde que acabó la guerra fría, cayó el Muro de Berlín y se desintegró la Unión Soviética, los espías tradicionales han sido sustituidos por la informática, salvo para casos especiales, y todo país que se precie tiene a algún experto en pinchar ordenadores y teléfonos.

Los Estados tienen sus cañerías y ninguna de ellas está limpia. Cuando surge un Snowden los responsables de los trabajos sucios se ponen nerviosos porque salen a la luz pública los asuntos que, por su propia naturaleza, siempre han mantenido ocultos y al margen de la ley.

Los fondos reservados siempre han servido para hacer cosas inconfesables, y los asesinatos por encargo, aunque a veces parezcan que son obra de delincuentes comunes, en no pocas ocasiones tienen detrás una decisión política. De eso sabemos algo en España, aunque no se libran de esa sospecha o certeza países democráticos como Francia, Italia, Alemania o Inglaterra por citar lugares donde ha funcionado el GAL, se produjo el atentado contra el Rainbow Warrior, la colaboración del gobierno de Andreotti con la Mafia, los “suicidios” de los integrantes de la banda Baader Meinhof o las muertes de miembros del IRA.

Vivimos en un mundo en el que ahora las actividades criminales del Estados se denominan acciones quirúrgicas y los actos inconfesables se desarrollan, según nos cuentan, por nuestra propia seguridad.

En todo este embrollo habría que preguntarse qué papel tienen y desarrollan la prensa libre y la justicia independiente. Yo no tengo la respuesta.

Copyright del artículo © Diego Armario. Reservados todos los derechos.

Imagen superior: El presidente Barack Obama discute con el general James Cartwright y otros responsables de la seguridad nacional estadounidense la misión contra Osama bin Laden. Cortesía de la Oficina Ejecutiva del Presidente de los Estados Unidos.

Diego Armario

Diego Armario es periodista, escritor y experto en comunicación y asesoramiento en empresas y a directivos. Ha sido director general de Radio Nacional de España, director de Proyectos Nuevas Tecnologías de la Información de RTVE y director adjunto a la presidencia del ICO (Instituto de Crédito Oficial).

Consejero de la agencia de noticias EFE, colabora en diversos medios de comunicación. Asimismo, es autor de los libros La España de los 50 a través de Bardem y Berlanga, El Triángulo: el PSOE durante la transición, La muerte de un Señor de Quinta (finalista del Fernando Lara 2003), La Hora Cero (Almuzara 2005), Universo Alzheimer, Los tontos con poder y El PSOE en llamas.

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Sitio Web: diegoarmario.wordpress.com/

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