La innovación y las humanidades

Cada vez que cambia el gobierno de manos, cambia la ley de educación. Y sin embargo, hay una constante en todos esos cambios: la degradación de los estudios de humanidades. Actualmente, en los institutos de Cataluña, con los que yo estoy familiarizada, prácticamente en ningún bachillerato humanístico se da griego clásico. Y el lugar del latín en el currículum debe justificarse continuamente. No hablemos ya de que los estudios de literatura son meras asignaturas de paso, en las que apenas se aprende algo más que datos y fechas, a menudo incorrectos.

En lo que se refiere a los estudios de humanidades, la sociedad española se quedó anclada en el siglo XIX. Positivismo y poco más. En algunas facultades se estudia crítica literaria, y se habla de cosas como formalismo ruso o Escuela de Frankfurt, incluso puede que haya algún máster de Teoría literaria y literatura comparada.

Hoy mismo salía la noticia de que en un laboratorio de Madrid habían conseguido dotar de magnetismo al grafeno, el que dicen será el material del futuro. Los investigadores de ciencias españoles, a pesar de todos los recortes y precariedad que han sufrido, han conseguido un gran avance. Fundamental para todo el mundo.

¿Qué ocurre, en cambio, con las Humanidades? Hay nombres que destacan, los estudios sobre lo fantástico de David Roas, por ejemplo, que consiguen llegar al gran público. Sin embargo, en su mayoría, las tesis de humanidades que se aprueban, normalmente CUM LAUDE, son sencillamente insustanciales. Normalmente se hacen como un mero trámite con la esperanza de permanecer en la universidad como profesor; por otro lado, los claustros de numerosas facultades de filología, y las menciono porque son las que mejor conozco, se limitan a lamentarse por lo mal que está todo, por el bajo nivel con el que llegan cada vez más los alumnos. Sin embargo, se cierran a toda autocrítica.

Las humanidades, la filología, en este caso, se ha olvidado de lo que decía Newton, que si conseguimos algo es porque cabalgamos sobre hombros de gigantes. Ahora, muchos especialistas, apenas consiguen agarrarse a las rodillas de esos gigantes, aunque eso sí, no dudan en mirar por encima del hombro a cualquiera que ponga en duda sus dogmas.

En este país siguen separados los estudios de teoría literaria y los de filología, por ejemplo, cuando deberían ir de la mano. No pretende ser este un artículo que saque trapos sucios. Todos sabemos cuáles son y en qué consisten. Mi objetivo es el de despertar alguna conciencia.

¿Y si el griego ha desaparecido, en parte, de las aulas porque no hubo suficientes profesores que lucharon porque permaneciera allí? ¿Y si los propios profesores no se lo tomaban en serio y pensaban que era una asignatura que se solventaba poniendo películas y contando mitos? ¿Nos hemos preguntado alguna vez que es el deber del profesor transmitir a sus alumnos la importancia de aprender latín? Que sea tu medio de vida, no te exime de esa obligación ética.

Cuando yo defiendo la enseñanza de las lenguas clásicas procuro no recurrir al tópico de “te ayudará a aprender idiomas”. Como dice Mary Beard en su último libro, Confronting the classics, que se publicará en octubre en Crítica en español (y que tuve el privilegio de traducir), si quieres aprender francés, apúntate a francés, no a latín.

La enseñanza de humanidades, y no solo del latín y del griego, sino también de la filosofía y la literatura, debe ocupar un lugar relevante en las enseñanzas medias porque con nuestros impuestos hemos de procurar formar ciudadanos, seres con conciencia propia. Recordemos además que lo que diferencia al ser humano de otros animales, o una de las cosas, es que una vez ha cubierto sus necesidades básicas, tal y como Maslow plasmó en su pirámide, necesita más cosas para ser feliz. Y en lo más alto de esa pirámide están la creatividad, la espontaneidad, la autorrealización, la moralidad; y si hay un medio de acceder a todas esas cosas es a través de las humanidades; aunque ello no garantice nuestra felicidad, recordemos la frase del filósofo John Stuart Mill, «better to be Socrates dissatisfied than a fool satisfied» (mejor ser un Sócrates insatisfecho que un necio satisfecho).

No obstante, parece que muchos integrantes de las facultades de humanidades de este país, y hago especial hincapié en las de filología, se han resignado a languidecer, cubiertos de telarañas en su torre de marfil, o en su jaula de musas mudas, hasta que alguien queme el recinto hasta los cimientos, como ocurrió con la Biblioteca de Alejandría.

Urge una cooperación entre la enseñanza media y la universitaria para salvar las humanidades, urge que se dejen de lado las rencillas, quién tiene más proyectos, quién tiene más nivel, quién tiene más publicaciones, y que aquellos que fueron nombrados catedráticos con 27 años y ahora rondan los 60 y pico miren más allá de sus libros polvorientos. Solo así, si de verdad los humanistas empiezan a creer en lo que hacen y en que lo que hacen puede ser tan relevante como añadir la propiedad del magnetismo al grafeno, solo si se reciclan, si ponen el saber por delante de todo, dejan de lado los prejuicios, y se enteran de una vez por todas de que hemos cambiado no ya de siglo, sino de milenio, las humanidades tendrán oportunidad de innovar, porque dejarán sitio a un perfil nuevo de investigador, a alguien que quiera escribir algo distinto, y que no se preocupe tanto de la firma de los documentos que le permitan renovar su contrato o su beca. No ganarán dinero, pero quizás ganen credibilidad. Y ello tal vez les permita conseguir dinero, aunque lamentablemente sea en el extranjero.

Y en cuanto a las enseñanzas medias, es necesario introducir nuevos métodos de enseñanza, participativos. Ahora que conocemos mejor que nunca en la historia cómo funciona el cerebro y el desarrollo de las habilidades de aprendizaje, no pueden seguir aplicándose los mismos métodos que en los años 60. Las lenguas muertas solo lo están si las tratamos como tales. El griego y el latín son el vehículo para entender el pensamiento occidental. Son un puente al pasado. Ocurre como con el cielo estrellado: la luz de las estrellas que llega hasta nosotros partió de su origen hace millones de años luz, pero nosotros la vemos ahora, esta noche, en nuestro presente. Esa luz nos tiende un puente hacia el pasado. Del mismo modo, podría decirse que el latín y el griego han sufrido un catasterismo, es decir, se han convertido en estrellas. No necesitamos ningún agujero de gusano para viajar al pasado. Las humanidades son un puente de ida y vuelta a nuestro pasado, una manera de entender mejor nuestro presente y, desde luego, una forma de crear un futuro mejor con ciudadanos conscientes de la dignidad que les confiere la consciencia de su humanidad. 

Copyright del artículo © Julia Alquézar Solsona. Reservados todos los derechos.

Julia Alquézar

Desde siempre he leído y he escrito. De niña era mi entretenimiento, de joven, mi refugio, y de adulta intento que sea mi sustento. Elegí la carrera de filología clásica porque desde el momento en que conocí las letras clásicas, y el griego clásico en particular, me sentí fascinada y no podía resignarme a estudiar ninguna otra cosa, por mucho más sensato que pareciera. Así, me licencié en Filología clásica por la U.B. y, a continuación, decidí cursar estudios de tercer ciclo, especializándome en estética del mundo clásico y teoría de la novela antigua, lo que me permitió obtener el Diploma de Estudios Avanzados.

Casi como consecuencia inevitable después de tantos años aprendiendo a traducir a los clásicos, empecé a trabajar en el sector editorial, primero como lectora y correctora, y después como traductora editorial de inglés, francés y catalán a español. Desde 2005, y tras cursar un postgrado de traducción literaria, he tenido la oportunidad de trabajar con grandes grupos editoriales y con editoriales independientes, como Rocaeditorial, Tempus, Penguin Random House, Edhasa, Omega-Medici, Ariel, Crítica, Destino, Noguer, Casals, Cambridge University Press, Bang, Siruela, RBA, Molino, Luciérnaga, Salsa Books, Gredos, Pearson, Blume, Proteus, Suma de Letras, Círculo de Lectores, Esfera de los Libros, Capitán Swing, Fórcola, Sajalín y S·D Ediciones.

Asimismo, compagino la traducción editorial con la enseñanza del griego, el latín y la cultura clásica en general en prácticamente todos los niveles de la educación secundaria obligatoria y el bachillerato, donde intento transmitir a mis alumnos mi pasión por la lengua y la literatura, así como los valores que caracterizan el espíritu humanista.

http://fabularios.com/

Sitio Web: www.juliaalquezar.com/

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