Cómo crece mi jardín... o ¿es más sano vivir sin periódicos?

Cómo crece mi jardín... o ¿es más sano vivir sin periódicos? Imagen superior: Steven Ritzer, "The Headline Is Hot" (CC)

Thomas Jefferson, tercer presidente de los Estados Unidos que gobernó en el período comprendido entre 1801 y 1809, cuando se retiró de la política y se fue a vivir a Monticello, su mansión virginiana, dejó escrito en su Correspondencia que, aunque todavía se sulfuraba cuando pensaba en "esos malandrines" (y aquí incluía a todos aquellos que criticaban sus modos políticos, incluyendo a la prensa, por supuesto), procuraba hacerlo lo menos posible porque "prefería contemplar el crecimiento de su alfalfa y sus patatas".

El origen rural de tan apreciado personaje queda así de manifiesto, pero también, y sobre todo, su decidida postura ante lo que ahora llamaríamos "ruido mediático", es decir, ese runrún permanente a base de titulares y de noticias vertiginosas y mal contrastadas, que elevan el pulso de la vida pública y la convierten en un hervidero de rumores y de sugestiones compartidas ante cualquier cuestión sea importante o no, sea verdadera o exagerada. Tragedias, epidemias y apocalipsis incluidos.

Desde luego esta aseveración jeffersoniana no fue un arrebato, pues consta en una de sus cartas a su predecesor en la presidencia, el prudente abogado de Massachussets John Adams, la siguiente afirmación: "He cambiado los periódicos por la lectura de Newton, Euclides y Tucídides, con lo que soy mucho más feliz".

La inteligencia de los Padres Fundadores no se pone en cuestión a tenor del empeño histórico con el que llevaron a cabo su genial empresa, por lo que debería hacernos pensar hondamente esta postura de Jefferson, cuya trayectoria personal y política nos presenta a un personaje de calado y cuyo partido, el Demócrata-Republicano, fue el origen, tras su escisión, de las dos actuales grandes fuerzas políticas estadounidenses. No es un don nadie fracasado, pues, el que hace esas rotundas afirmaciones.

En la historia del periodismo hay contribuciones enormes a la convivencia y la vida ciudadana, eso no puede ponerse en duda. Pero también usos y costumbres que no dejan de sorprendernos y que rara vez se ponen en cuestión por la sencilla causa de que tendrían que ponerse en cuestión ellos mismos.

Poseer el control de los resortes de la opinión pública exige un plus de responsabilidad que no siempre acompaña a la labor periodística por lo que quizá haya que concluir que el periodismo no es bueno ni malo en sí mismo, sino que depende de cómo se use y al servicio de qué. Hay un periodismo partidario, un periodismo servil, un periodismo mediocre... hay leyes de obediencia debida, hay dinero y manejos empresariales, lícitos pero, a veces, incoherentes... hay mercado, competencia, ingresos por publicidad, enchufismo como en todos lados, hay de todo...

En el "haber" desde luego, el testimonio imprescindible del periodismo de guerra, que remueve las conciencias y las azuza, o también, cómo olvidarlo, el papel de la radio para poner en contacto mundos diferentes y separados en tantos y tantos avatares del devenir histórico. Por supuesto, esa prensa libre que airea los escándalos y los presenta a la consideración del público en una suerte de exorcismo necesario. Pero no es oro todo lo que reluce, porque grandes invenciones ocuparon grandes titulares y porque el uso bastardo de los mecanismos de opinión genera monstruos.

Durante muchísimos años, no obstante, la única fuente de información con cierto alcance ha sido la prensa. Periódicos, revistas, radios, luego televisiones... Podría darnos la impresión de que el hecho de la diversificación de soportes y formatos ha generado una riqueza informativa muy conveniente para que pueda desarrollarse el espíritu crítico, por ejemplo. O para contribuir a la educación, en otro supuesto. Resulta curioso como, reconociéndose con toda claridad que los medios, sobre todo la televisión, forman parte del entorno educador de los niños y jóvenes no se realicen planteamientos de reflexión sobre lo adecuado o no de esa aportación.

Lo que sabemos ahora es que más medios no ha significado mejor información. También sabemos que el periodismo independiente es una rara avis y que esa independencia no es tanto una cualidad de los medios sino de los profesionales considerados de forma individual. Sabemos que el tratamiento de la noticia y no el contenido ni la profundidad ni la calidad, es lo que diferencia a unos medios de otros. Y sabemos que existen unas redes empresariales con intereses económicos que funcionan en clave distinta a la clave de la calidad informativa.

El nacimiento de Internet ha dado una vuelta de tuerca a todo esto. Los profesionales de la prensa están que trinan con los trinos del pajarito y con los MeGusta de FB. Algunos todavía se niegan a estar en las redes, otros las usan solamente a su mayor gloria, los hay que desconfían de todo lo que huela a RRSS, también tenemos quienes están dentro para enterarse qué se cuenta de ellos. En general, la prensa tradicional ve a Internet como al enemigo, como una competencia desleal, como el vendedor de discos de una tienda legal pueda observar al "top manta". De reojo y con preocupación. Porque las redes han abierto la puerta de la información a cientos de aficionados sin carné de prensa y porque se confunden información, opinión y propaganda en un totum revolutum que es tan difícil de controlar.

Es comprensible ese recelo, pero no se pueden poner puertas al campo. Las ediciones digitales de los periódicos son cada vez más seguidas y, salvo para románticos del papel, el número de los que se abonan a suscripciones de pago va en aumento. Es decir, el soporte se está adaptando a los tiempos, como no podía ser de otra forma. Pero...¿y los contenidos? ¿Y el sentido de la prensa en esta situación actual de hiperestímulos informativos?

Lamentablemente pienso que la forma de abordar la información está produciendo a pasos agigantados una reacción de hartazgo en los lectores. Coger un tema y estrujarlo como un limón durante días y días, por ejemplo, hablando todos de lo mismo, o utilizar un lenguaje superficial en el que solamente caben dos mensajes cada vez y unos titulares más propios de vendedor que de informador, no parecen ser los caminos idóneos para que los lectores de prensa, seguramente los ciudadanos más concienciados en determinados aspectos, no se marchen del redil.

Con el modus operandi del periodismo de hoy podemos ahorrarnos, por ejemplo, la justicia. Caso que salta, caso que se discute, se comenta y se juzga, todo a la vez, en los medios. Dado que suelen trascender únicamente los aspectos más vendibles y fáciles de cada uno de estos casos, nadie se molesta en profundizar en las informaciones, lo que supone estar siempre en desacuerdo con las decisiones judiciales ya que los dictados de los jueces nunca se corresponderán con esta justicia vengativa y de prêt-à-porter.

Pertenezco a una familia de lectores de prensa. El hábito de la lectura de periódicos es algo que se adquiere en el entorno familiar la mayoría de las veces. En mi caso, la prensa llegaba todos los días en forma de ese Diario de Cádiz que mi padre compraba diariamente y que todos leíamos. Además, a eso se añadía la lectura, los viernes, de un semanario de información local que dirigía y pagaba un romántico del periodismo cotidiano cuyo nombre merece ser escrito, Fernando Miranda. Cuando tuve edad, comencé a leer otros periódicos, más de uno siempre y ahora, gracias a la red, puedo leer cinco o seis periódicos digitales y uno de papel. Pero he observado que la decepción con el periodismo ha calado en miembros de la familia, antaño acérrimos lectores. Una decepción ocasionada tanto por la repetición cansina de temas que se explotan hasta la extenuación como por la falta de rigor en muchas informaciones. Y esa falta de rigor y de conocimiento la he comprobado yo misma en las cuestiones que me resultan más cercanas y que conozco de primera mano. Una infantilización de los contenidos que refleja una pobre voluntad divulgadora que da la impresión de que quiere competir con las RRSS en sus mensajes livianos y comestibles.

Quizá la gran aportación de la prensa sea, a partir de ahora y en esta aldea global, el periodismo de opinión, que debería servir para arrojar luz, interpretar, abrir horizontes, trae caminos, iluminar...

Un periodismo de opinión que cumpla su verdadero papel y que no esté sometido al capricho de las empresas editoras siempre será un valor, pero también en esto hay gruesos nubarrones en el horizonte. Desde la pérdida de la calidad literaria, hasta la imitación de los unos por los otros, pasando por una ideologización que genera desconfianza y resta credibilidad, el periodismo de opinión es un reducto que habría que cuidar pero sobre el que pesan la sospecha y la duda.

Copyright del artículo © Catalina León Benitez. Reservados todos los derechos.

Caty León

Gaditana de nacimiento y crianza; trianera de vocación. Lectora y cinéfila. Profesora de Geografía e Historia y de Orientación Educativa. Directora del IES Néstor Almendros de Tomares (2001/2012). Como experta en organización escolar he publicado los libros La secretaría. Organización y funcionamiento y El centro educativo. Función directiva y áreas de trabajo, artículos en prensa (ABC: 12, 3, 4) y revistas especializadas, así como ponencias en cursos y jornadas.

En noviembre de 2009 recibí la medalla de oro al Mérito Educativo en Andalucía. En 2015 he obtenido el Premio “Antonio Domínguez Ortiz” por la coautoría del trabajo Usos educativos de la robótica. Una casa inteligente.

En el ámbito flamenco he publicado decenas de artículos en revistas como Sevilla Flamenca, El Olivo, Alboreá y Litoral, sobre el flamenco y las artes plásticas, la mujer y el flamenco, entre otras temáticas, así como varios libros, entre los que destacaría la primera incursión en la enseñanza escolar del flamenco, Didáctica del Flamenco, mi libro sobre El Flamenco en Cádiz y el ensayo biográfico Manolo Caracol. Cante y pasión (ver reseña en ABC), así como mi investigación sobre la Noticia histórica del flamenco en Triana. Conferencias, jornadas, jurados, cursos de formación, completan mi dedicación al flamenco. En 2015 he sido galardonada con el Premio de Honor “Flamenco en el aula” de la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía.

Por último, la literatura es mi territorio menos público pero más sentido. Relatos, microrrelatos, cuentos, poemas y una novela inédita Tuyo es mi corazón. I Premio de Relatos sobre la mujer del Ayuntamiento de Tomares, en su primera edición. Premio de Cuentos Infantiles de EMASESA en 2015 por Hanna y la rosa del Cairo.

En mi blog Una isla de papel hay un poco de todo esto.

Sitio Web: unaisladepapeles.blogspot.com.es/

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