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Si un hijo suyo les dice que quiere ser poeta, es posible que a más de uno le dé un disgusto, porque habrá quien piense, con razón, que lo va a tener difícil en la vida para comer caliente todos los días.

El contratenor Flavio Ferri-Benedetti actuará el 12 de julio en Soto del Real, dentro de la programación del VI Festival Internacional de Música Antigua que se celebra en la citada localidad de la sierra madrileña.

A sus 26 años, la pianista georgiana Khatia Buniatishvili goza de un gran reconocimiento internacional en el ámbito de la música clásica. Tras el éxito de su segunda grabación para Sony Classical, dedicada a la música de Frédéric Chopin, la artista regresa con Motherland, un registro en el que exhibe su faceta más personal.

Los hechos más sorprendentes de nuestra vida son, en muchos casos, resultado de una concatenación de acontecimientos afortunados y fortuitos. Es la confirmación de la célebre teoría del caos con su ejemplo del movimiento de las alas de una mariposa, que nos recuerda que una pequeña perturbación inicial en una situación particular, mediante un proceso de amplificación, podrá generar un efecto considerablemente diferente a mediano o corto plazo y sentirse al otro lado del mundo.

Usted llega a casa después de un día duro, pone la radio y una canción que no había escuchado hasta ahora empieza a sonar. Le gusta y, de repente, empieza a sentirse mejor. ¿Es esto posible?

Guerreros que se enternezcan con los versos como Garcilaso no abundan. Que les ocurra con la música, tampoco. Aquí tenemos una deliciosa excepción a la regla, la de Azzolino Bernardino della Ciaja di Siena (1671-1755), caballero en la Orden de San Esteban, dedicada a la persecución marítima de los desertores.

Entremezclado con el ilustre tumulto del barroco italiano, ya derivado en rococó y galantería, Giovanni Battista Sammartini está por explorarse del todo. Los eruditos Jenkins y Churghin han dado con una veintena de sinfonías, de las cuales se ofrecen aquí, en sutil e impecable lectura, nueve, con el horizonte de exhumarlas al completo.

Investigadores en París han demostrado que, durante un examen a ciegas, diez violinistas solistas no han diferenciado entre los antiguos violines italianos, como los Stradivarius, y los actuales. El estudio reanuda un controvertido trabajo que los mismos autores publicaron en 2012 con los mismos resultados.

El 27, 28 y 30 de enero y el 1, 4, 5, 8, 11, 14 y 17 de febrero a las 20:00 h 2 y 9 de febrero a las 17:00 h se representa en el Gran Teatre del Liceu La sonnambula, de Vincenzo Bellini. Basado en un vodevil y un ballet de Eugène Scribe (1819 y 1827, respectivamente), La sonnambula es un melodrama romántico con todos los ingredientes de intriga amorosa acompañada por elementos oníricos de la época.

En 2008 TESTAMENT nos sorprendió con una toma sonora inédita de la Callas, en este caso la de La sonnambula que La Divina cantó en el Festival de Edimburgo de 1957

 
Mozart pone notas sencillas y oportunas a esta deliciosa comedia con su capacidad extraordinaria para absorber la estética musical contemporánea.

Por si faltaran pruebas a la profundidad de la obra bachiana –profundo es lo que carece de fondo– he aquí otra adaptación moderna de sus Variaciones Goldberg. Concebidas originalmente para teclado, se las ha transcrito para orquesta reducida y para órgano. Los resultados no pueden ser más dispares y subrayan la riqueza de sugestiones que atesora la obra. En un caso suena como una doble suite barroca, en el otro alcanza una majestuosidad catedralicia.

Es imposible escuchar la música de Pavel Haas (1899-1944) sin sentir cierta vergüenza en nombre de la civilización a la cual pertenecemos. El hecho de que, al igual que tantos millones de hombres y mujeres, fuera asesinado por ser judío en un campo de concentración edificado y gestionado por gente tan civilizada como usted y yo, zumba en nuestra memoria. Haas, por otra parte, siguió componiendo en su prisión durante los tres últimos años de su vida.

La tarea de François-Auguste Gevaert (1828-1908) se ha dirigido a diversas metas del espacio musical.

¿Podía un músico alemán contemporáneo de Beethoven sustraerse a la órbita beethoveniana? Ciertamente, no. Y digo órbita y no influencia ni, mucho menos, sumisión. Beethoven, como todo gran artista, define una época, es decir: le diseña sus horizontes. Louis Spohr es de los que levantan la vista por aquellos años y ven la línea al fondo del paisaje que Beethoven ha visto.

La música brasileña, aunque llegada tardíamente a la configuración nacional en la segunda mitad del siglo XIX, ha trazado una senda muy firme en cuanto a identidad. Esta oportuna selección de danzas sinfónicas, con su docena de ejemplos, así lo prueba. Ante todo, y en honor al tópico, porque imaginamos la tierra brasileña como patria de bailarines.

Es habitual situar al checo Josef Bohuslav Foerster (1859-1951) a la sombra de Gustav Mahler, pues éste, cuando dirigía la Ópera de Hamburgo, propició el conocimiento de algunas de sus páginas sinfónicas y luego, en Viena, intentó mostrar su producción de operista. Ciertamente, Foerster es un centroeuropeo de sesgo cosmopolita y su inscripción en el espacio del tardío romanticismo germano lo aproxima a Mahler. Pero los senderos se bifurcan. Si bien ambos representan la perduración del romanticismo en el siglo XX, lo hacen con derivas disímiles. Mahler exploró los límites de la sinfonía y saltó las fronteras hacia un mundo donde los géneros se mezclaban en conflicto o convivencia, según los casos. Su protegido, en cambio, subrayó la constancia de la sinfonía romántica, en toda la complejidad musical y literaria que habían propuesto los grandes maestros de tal forma.

Recuerdo a un profesor de la Escuela Normal (léase a la española: de Magisterio) que, si un alumno no sabía la lección, nos daba una lectio brevismagistral, destacando la importancia del olvido en nuestra vida subjetiva. Desde luego, existe la memoria objetiva de los archivos y el internet pero ninguno de nosotros puede asumirlos en su totalidad. Lo digo en honor de este rescate que Cyprien Katsaris hace de compositores poco notorios u olvidados, dentro de los cuales, con supremo humorismo, se sitúa él, improvisando al teclado sobre temas de películas. Confieso que, fuera de Sévérac y Lavignac (éste, más bien como musicólogo e historiador de la música), el resto del elenco me resulta novedoso. Vaya esto por delante pues es un objetivo del antólogo e intérprete, Monsieur Katsaris.

Nuestro clarinete es, en francés, la clarinette, femenino.

Entre 1939 y 1943 publicó Charles Koechlin los cuatro volúmenes del Tratado de orquestación que suele considerarse la obra canónica en la materia del siglo XX. Este compacto pone al alcance del aficionado una serie de trabajos que pueden probar la completa solvencia de su autor. La misma variedad de las soluciones rubrica lo dicho.

Opera Rara ha jugado con nuestra paciencia. Tras una larga espera, quebrantando sus anunciados planes de publicación, nos llega con bastantes meses de retraso la ansiada grabación del que fuera el primer éxito belliniano, Il pirata, su segunda grabación completa de una ópera del siciliano tras La Straniera.

Dejando el kiosko de feria, la diligencia del postillón y la partida de caza, la trompa se recoge en el salón y se torna tierna, confidencial, melodiosa.

La relación entre Ferruccio Busoni y Juan Sebastián Bach es ampliamente conocida. No por ello deleita menos volver sobre las adaptaciones, transcripciones o traducciones que Busoni hizo de obras de Bach originalmente destinadas al órgano. Desde luego, Bach no pudo conocer los pianos modernos donde Busoni distribuyó su maestría y pagó, a su manera, su deuda hereditaria con Liszt. Pero la solución busoniana es más fina y compleja y eficaz que la mera didascalia. Busoni logra ser busoniano sin dejar de ser bachiano.

Un doble movimiento de experimentación y transición entre dos modelos de actitud compositiva sufre la música de cámara durante el siglo XIX, allí donde mejor prospera, es decir en la Europa Central de impregnación germánica. Si el último Beethoven experimentó y puso patas arriba el cuarteto de arcos de modo que su parábola pasa por encima de su tiempo para ser recibida por Bartok y Shostakovich en el siglo siguiente, desde Schubert hasta Brahms hay un intento de reconstruir el espacio camarístico desde el propio y “normalizado” Beethoven canónico.

Anton Eberl (1765-1807) tenía nueve años menos que Mozart y –¿quién no?– perteneció al mundo mozartiano. Fue amigo y tal vez alumno del gran Amadeus. Además, tras la viudez, acompañó a Konstanze en viajes artísticos por el orbe germánico de aquel puente musical que une el clasicismo vienés con el romanticismo europeo.

Un verdadero redescubrimiento contiene este compacto.

Nunca imaginé que estudiar idiomas fuese algo que pudiese llegar, en algunas ocasiones, a parecerme impúdico, ya que incita al cotilleo con la excusa de que es necesario hablar, aunque nos metamos a veces en terrenos muy personales.

En su clase de hoy, mi profesora Heather nos ha comentado que uno de los métodos más eficaces para memorizar palabras en inglés consiste en establecer relaciones entre las palabras nuevas que vamos estudiando con lugares, recuerdos, o incluso otras palabras ya conocidas.